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Tu hijo come lo que dice el algoritmo: expertos avisan de que TikTok convierte la comida en una herramienta de "control corporal", no de salud

Tu hijo come lo que dice el algoritmo: expertos avisan de que TikTok convierte la comida en una herramienta de "control corporal", no de salud

La clave, según los expertos está en el enfoque: no imponer reglas rígidas, sino desarrollar habilidades para elegir mejor.

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Búsqueda de TikTokNurPhoto via Getty Images

Lo que aparece en la pestaña "Para ti" no solo marca tendencias de baile o moda: también puede decidir qué acaba en el plato. Para una generación que ha crecido con el móvil en la mano, TikTok se ha convertido en una especie de consejero nutricional improvisado, capaz de moldear hábitos alimentarios casi sin que nadie lo note.

Una investigación reciente titulada From "For You" to the Fork: TikTok's Influence on Young Consumers' Food Behaviors, elaborada por académicos de la Universidad de Economía de Katowice (Polonia), confirma esa intuición. El estudio, basado en una encuesta realizada en 2025 a más de 400 usuarios activos, concluye que los vídeos virales sobre comida influyen de forma concreta en las decisiones diarias de adolescentes y adultos jóvenes. Y no siempre para bien.

Del “Para ti” al plato

Recetas exprés, retos con dulces, bebidas energéticas convertidas en símbolo de estatus o dietas milagro explicadas en 30 segundos. El contenido gastronómico en TikTok es abundante y altamente atractivo. El problema, según los investigadores, es que muchas de esas publicaciones priorizan:

  • Alimentos ultraprocesados
  • Consejos nutricionales simplificados o sin base científica
  • Modas dietéticas restrictivas
  • Asociaciones entre delgadez, éxito y aceptación social

La influencia no es neutra. En plena adolescencia —una etapa en la que la relación con la comida y la imagen corporal todavía se está formando— la repetición constante de ciertos mensajes puede dejar huella.

La doctora Francesca Dominici, especialista en Ciencias de la Nutrición, advierte que el riesgo no reside en un vídeo aislado, sino en la exposición continua a modelos rígidos presentados como norma. Cuando el algoritmo insiste una y otra vez en mostrar cuerpos “perfectos” acompañados de rutinas alimentarias extremas, la frontera entre inspiración y presión se difumina.

Entre las primeras señales de alerta que pueden detectar familias y educadores están:

  • Restricciones alimentarias sin justificación médica
  • Obsesión con las calorías o los “alimentos prohibidos”
  • Malestar al comer en grupo
  • Cambios bruscos de peso o de estado de ánimo

No es necesario que exista un trastorno alimentario diagnosticado para que el impacto sea preocupante. A veces el daño empieza mucho antes.

Ultraprocesados y narrativa única

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el llamado “desequilibrio informativo”. Los ultraprocesados, las bebidas azucaradas o los snacks virales aparecen constantemente en los feeds juveniles. No es que consumirlos ocasionalmente sea en sí mismo problemático; forman parte de la realidad alimentaria contemporánea. La cuestión es la falta de contexto.

Si un adolescente recibe sobre todo mensajes que vinculan determinados productos con diversión, popularidad o recompensa emocional, y apenas encuentra contenidos igual de visibles que hablen de equilibrio, variedad o moderación, su marco de referencia se estrecha.

Las redes sociales no inventan los malos hábitos, pero pueden amplificarlos. Lo repetido se vuelve familiar; lo familiar, preferible. Con el tiempo, esa exposición puede normalizar patrones poco variados y desplazar opciones más saludables sin necesidad de prohibiciones explícitas.

Cuando la comida deja de nutrir y empieza a "controlar"

El fenómeno no se limita a qué se come, sino a por qué se come. TikTok, como otras plataformas, potencia la comparación constante. Cuerpos esculpidos, vientres planos y transformaciones físicas espectaculares se presentan como resultado directo de determinadas pautas alimentarias.

En ese contexto, la comida corre el riesgo de convertirse en una herramienta de control corporal más que en una fuente de energía y bienestar. Comer deja de estar vinculado al placer, la cultura o la nutrición, y pasa a ser una estrategia para encajar en un ideal estético.

Para contrarrestar esta dinámica, los expertos proponen actuar en dos frentes complementarios:

  • Educación alimentaria sólida, que enseñe a distinguir entre consumo ocasional y dieta habitual
  • Educación digital, que ayude a identificar publicidad encubierta, promesas milagro y discursos extremos

No se trata de demonizar la plataforma ni de imponer prohibiciones tajantes, sino de fomentar el pensamiento crítico y el diálogo. Entender cómo funciona el algoritmo —que prioriza lo llamativo y emocional frente a lo matizado— es un primer paso.

¿Puede TikTok ser parte de la solución?

No todo es negativo. Las redes sociales también ofrecen una oportunidad inédita para acercar información rigurosa a públicos que rara vez consultan fuentes tradicionales. Cuando profesionales de la salud utilizan estos canales de forma responsable, pueden desmontar mitos y promover hábitos sostenibles.

Para que un mensaje nutricional resulte fiable y beneficioso debería:

  • Basarse en evidencia científica
  • Evitar promesas rápidas o resultados milagrosos
  • Explicar la complejidad sin caer en simplificaciones engañosas
  • Rehuir el extremismo y las restricciones innecesarias
  • Priorizar la flexibilidad y la variedad

La clave está en el enfoque: no imponer reglas rígidas, sino desarrollar habilidades para elegir mejor. En un entorno digital donde el algoritmo compite por captar atención, la salud necesita algo más que likes; necesita contexto, criterio y adultos capaces de acompañar.

Porque, al final, cuando el móvil decide qué vemos cada día, también puede estar influyendo en cómo comemos, cómo nos vemos y cómo nos valoramos. Y eso va mucho más allá de una simple tendencia viral.