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El INE cambia las normas: Glovo y Netflix ya cuentan para medir la inflación en España pero las corbatas, sombreros y mercería desaparecen de la cesta

El INE cambia las normas: Glovo y Netflix ya cuentan para medir la inflación en España pero las corbatas, sombreros y mercería desaparecen de la cesta

Para afinar el cálculo, el INE ha incorporado nuevas herramientas tecnológicas.

Edificio de Netflix
Edificio de NetflixMichael Yanow

La inflación en España ya no se mide exactamente igual que antes. El Instituto Nacional de Estadística ha renovado este año la forma en que calcula el Índice de Precios al Consumo (IPC), introduciendo cambios que reflejan cómo han evolucionado los hábitos de consumo. El resultado es una cesta más amplia, más digital y más centrada en los servicios, donde conviven plataformas de streaming o el reparto a domicilio con alimentos tradicionales.

La actualización, impulsada por directrices de la Comisión Europea, amplía el número de productos analizados: pasa de 462 a 487. Pero más allá de la cifra, lo relevante es qué entra, qué sale y, sobre todo, qué gana peso en el día a día de los hogares.

De bienes a servicios: así cambia el consumo

El cambio más evidente es el desplazamiento hacia una economía cada vez más basada en servicios. Actividades que hace apenas una década eran marginales ahora forman parte del gasto habitual.

Por primera vez, el INE incluye de forma específica los servicios de reparto a domicilio. Plataformas como Glovo pasan a tener presencia directa en el IPC, incorporando el coste de recibir comida o compras del supermercado en casa. Es una señal clara del auge del comercio online y de los nuevos hábitos urbanos.

Algo similar ocurre con el entretenimiento. Las suscripciones digitales dejan de estar diluidas en categorías genéricas y adquieren entidad propia. El gasto en plataformas como Netflix o Spotify se mide ahora de forma independiente, reflejando su peso creciente en los presupuestos familiares.

Nuevas categorías que reflejan la vida actual

La revisión también reorganiza otras áreas clave. En turismo, por ejemplo, se incorporan elementos como autocaravanas o remolques dentro de los bienes duraderos vinculados al ocio, evidenciando nuevas formas de viajar.

En alimentación, el cambio es aún más visible. Las comidas preparadas dejan de estar dispersas y pasan a tener categoría propia. Aquí entran productos como pizzas, quiches, croquetas listas para consumir o platos preparados como cremas y purés. La tendencia apunta a una menor dedicación al tiempo de cocina y una mayor dependencia de soluciones rápidas.

Las bebidas también experimentan una reorganización completa. Productos como la cerveza con limón (tipo Radler), el tinto de verano o la sangría ganan visibilidad dentro del índice. En paralelo, bebidas como el mosto, las energéticas o las isotónicas se separan de los refrescos, mientras que las bebidas vegetales se independizan definitivamente de los lácteos. Todo ello permite medir con más precisión cómo evolucionan sus precios.

Lo que entra… y lo que desaparece

La nueva cesta no solo añade productos: también elimina otros que han perdido relevancia. Es el caso de los artículos de mercería, una categoría que incluía corbatas, bufandas, sombreros o gorras y que desaparece del cálculo.

La razón es técnica, pero reveladora. Para formar parte del IPC, un producto debe representar al menos el 0,3% del gasto total de los hogares. Si no alcanza ese umbral, deja de considerarse significativo. En otras palabras, estos artículos han dejado de ser representativos del consumo medio en España.

También se integran productos que ganaron protagonismo durante la pandemia y han llegado para quedarse, como los geles hidroalcohólicos o los antisépticos. Incluso aparecen por primera vez ciertos anticonceptivos no orales, reflejando cambios en los hábitos de salud y consumo.

El peso de cada gasto: la clave del IPC

Más allá de qué productos entran o salen, el elemento decisivo en la medición de la inflación es el peso de cada categoría. El INE ajusta cada año estas ponderaciones para reflejar mejor en qué gastan su dinero los ciudadanos.

En 2026, la alimentación y las bebidas no alcohólicas siguen liderando, con un 17,4% del total. Sin embargo, los restaurantes y el alojamiento ya casi igualan esa cifra, alcanzando el 17%. Esto confirma el creciente protagonismo del consumo fuera del hogar.

El transporte y la vivienda —que incluye alquiler, suministros como luz, agua o gas— completan los grandes bloques del índice.

Más datos y más precisión

Para afinar el cálculo, el INE ha incorporado nuevas herramientas tecnológicas. Entre ellas destaca el uso de técnicas de web scraping, que permiten recoger precios directamente de internet, así como datos reales de ventas proporcionados por empresas.

Estos avances, junto con fuentes tradicionales como la encuesta de presupuestos familiares, hacen que el IPC sea cada vez más dinámico y preciso.

En conjunto, la nueva cesta no solo mide la inflación: también funciona como una radiografía de cómo viven y consumen los españoles. Y esa imagen deja claro que el país es hoy más digital, más urbano y mucho menos dependiente de productos que, hasta hace no tanto, formaban parte del día a día.

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