Evelien, 50 años, gracias a su hermana sobrevivió financieramente cuando enfermó: "Me da vergüenza"
A esta mujer le detectaron un cáncer de pecho, pero no podía vivir sin trabajar ya que es autónoma ni tampoco contaba entonces con la ayuda de su marido.
Cuando la prueba de detección de cáncer de mama le reveló a Evelien que tenía un tumor maligno en la mama izquierda, dice que no podía contárselo a su hermana. "En ese momento, pensé que era el final, y mi hermana me había dicho una vez: 'Si te mueres, yo también me iré'. Mi esposo finalmente se lo contó, mientras ella lloraba a su lado. "Por suerte, la tomografía PET no mostró metástasis y comencé el tratamiento con confianza. Mi esposo asistió a todas las citas y mi hermana me acompañó durante la quimioterapia", relata esta mujer de 50 años, según ha contado a Libelle.
"Antes de recibir la mala noticia, ya estaba buscando trabajo. La editorial para la que traducía había quebrado, así que tuve que centrarme en encontrar nuevos clientes. Hasta entonces, no había tenido éxito", explica. "Como no sabía cómo reaccionaría a los tratamientos, no me atreví a aceptar proyectos grandes. ¿Y si la quimioterapia me ponía tan enferma que no podía terminar mi trabajo para un nuevo cliente? Pero bueno, tenía que seguir recibiendo ingresos, porque como freelance no tengo derecho a prestaciones. Mi marido había dejado su trabajo para trabajar también como freelance en informática y así poder estar a mi disposición con flexibilidad durante este período difícil.
Evelien dice que pedirles dinero prestado a mis padres no era una opción para ella: "Soy demasiado orgullosa. Nunca aprobaron que me convirtiera en traductora; habrían preferido un trabajo bien remunerado en el mundo empresarial. A menudo les mentía sobre lo bien que iba con mis ingresos, cuando en realidad apenas llegaba a fin de mes. Me preguntaron si podían apoyarme económicamente, pero les dije que no era necesario. Creen que tengo un buen historial crediticio, pero no es así. Es bastante vergonzoso cuando ya tienes 50 años", añade.
Su hermana, en cambio, es bastante ahorradora. "Se gana bien la vida como cuidadora privada, tiene bajos gastos fijos y rara vez gasta dinero en ropa, comidas fuera o vacaciones. Cuando se ofreció a prestarme dinero, sin que mis padres y hermanos tuvieran que enterarse, nos pusimos muy contentos", relata esta mujer. "Me alivió el estrés financiero, y ella estaba encantada porque ahora podía ayudarme con mi vida".
Por suerte, la quimioterapia apenas le afectó, relata, y su recuperación de la cirugía y la radioterapia transcurrió sin contratiempos: "Incluso pude hacer pequeños trabajos de traducción entre sesiones. Ahora también tengo proyectos más grandes, así que puedo pagarle a mi hermana. Mi marido ahora tiene un puesto importante en el Gobierno, y acordamos apartar una cantidad mensual basada en mis ingresos. Para emergencias y para momentos especiales en los que celebrar la vida. Además, ahora puedo decirles a mis padres con sinceridad que tenemos un buen fondo de reserva", concluye más tranquila.