Fernando del Amo, único habitante de un pueblo de Soria: "Vine para cuatro meses, pero ya llevo 16 años"
El único guardián de un municipio casi deshabitado.
España está salpicada de pueblos que el paso del tiempo y el éxodo rural han ido vaciando hasta convertirlos en los llamados “pueblos fantasma”. Calles sin vecinos, casas cerradas y plazas en silencio forman parte de un paisaje cada vez más habitual en la España interior. Sin embargo, hay otras localidades que no están completamente deshabitadas porque una sola persona decidió quedarse y convertirse, casi sin quererlo, en el último guardián del pueblo.
Esto es lo que ocurre en Benamira, una pequeña pedanía del municipio de Medinaceli en la provincia de Soria, que tiene hoy un solo habitante permanente: Fernando del Amo, conocido como “Nano”. Llegó a la casa de sus abuelos con tan solo 22 años tras aceptar un trabajo a pocos kilómetros del pueblo, con la intención de quedarse apenas unos meses para ahorrar y volver a marcharse.
Sin embargo, el tiempo pasó, el pueblo se fue vaciando y aquella estancia provisional terminó convirtiéndose en una forma de vida que ya dura más de una década. “Vine para cuatro meses, pero ya llevo 16 años”, cuenta en una entrevista con 20 Minutos. Desde entonces ha visto cómo el pueblo se quedaba sin vecinos permanentes, ya que primero vivía con un anciano, luego éste falleció y Fernando quedó como único residente.
“Queremos vivir con condiciones”
Actualmente, su vida cotidiana alterna tareas rurales con trabajo fuera del pueblo. Fernando combina el mantenimiento de carreteras con actuaciones como monologuista, pero entre trabajo y actuaciones riega su huerto, cuida a los perros que le acompañan y guarda las llaves de medio pueblo. Esa mezcla de rutina y libertad es, para él, una elección que le permite disfrutar de actividades que no serían posibles en una ciudad: correr por el monte, recoger setas y cultivar su propia hortaliza.
No obstante, esta elección tiene un coste: la falta de servicios básicos. Fernando destaca la dependencia del coche para cualquier gestión cotidiana, ya que la farmacia, la tienda o el centro de salud más cercanos están en Medinaceli y otras localidades a kilómetros de distancia, y el hospital queda aún más lejos. Cuando no puede desplazarse, encarga productos por Internet, aunque insiste en consumir en los comercios locales cuando hay vida porque su cierre supone, en su opinión, el principio del fin de un pueblo.
Sin embargo, lo que más le duele a Fernando es pasear por la plaza y no ver a nadie más. “Con todo el trabajo que ha costado hacer esto… y que se pierda, eso es lo que me da miedo”, explica con tristeza. Aunque Benamira no es solitaria todo el año, ya que en verano pueden llegar hasta 200 personas que hacen que las casas vuelvan a la vida por unas semanas y que la plaza recupere conversaciones y ruidos.
En definitiva, Fernando tiene un mensaje claro y sin estridencias: no pide milagros, reclama condiciones mínimas para que vivir en el medio rural sea sostenible. Entre sus prioridades están el acceso a servicios sanitarios, mejores telecomunicaciones e infraestructuras que faciliten la vida diaria, no sólo para quien decide quedarse, sino para quien podría plantearse volver. “Se puede vivir aquí, pero queremos vivir con condiciones”, concluye Nano.