Los consistorios de esta región alemana tienen potestad para intervenir en el diseño de las entradas de las casas e incluso en los árboles que plantan o tienen en ellas.
Más allá de su llanura y clásicos molinos, las pequeñas localidades manchegas esconden castillos, calles medievales, miradores de vértigo y rincones que parecen detenidos en el tiempo.
Por más sorprendente que parezca, dos extranjeros se han convertido en los propietarios de una aldea en Burgos y están en pleno proceso de reconstruirla física y socialmente.
Miles de jóvenes en España realizan el salto de la ciudad al pueblo, sea por necesidad o sueño. Una mayoría que demanda vivienda se decanta ya por zonas rurales.