Guillem Martínez, 27 años, responsable de robótica en la ONU: "No debemos repetir el error que nos dejó 2.600 millones de personas sin internet: si los datos y el talento se concentran, la brecha robótica será peor"
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Guillem Martínez, 27 años, responsable de robótica en la ONU: "No debemos repetir el error que nos dejó 2.600 millones de personas sin internet: si los datos y el talento se concentran, la brecha robótica será peor"

Augura un futuro muy complicado si no se toman las medidas adecuadas.

Asamblea General de la ONUbruce yuanyue bi

A sus 27 años, el ingeniero gerundense Guillem Martínez Roura ocupa un puesto poco habitual para alguien de su edad: lidera el área de inteligencia artificial y robótica en la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el organismo de Naciones Unidas encargado de analizar y coordinar el desarrollo global de las tecnologías de la información. En una entrevista concedida a El País, ofrece una radiografía clara —y sin triunfalismos— del momento que vive la robótica.

Su relación con este ámbito empezó de forma precoz, cuando apenas era un adolescente que experimentaba con amigos construyendo máquinas programables para competiciones. Hoy, desde una institución internacional, reflexiona sobre el ritmo de avance de estas tecnologías, sus límites actuales y los desafíos sociales que plantean.

Entre la fascinación y la desconfianza

Uno de los elementos que destaca es la mezcla de entusiasmo y recelo que generan los robots fuera del ámbito tecnológico. Según explica, el salto de prototipos llamativos a dispositivos listos para su uso cotidiano está alimentando tanto la expectación como la inquietud. La percepción pública, en su opinión, está cambiando rápidamente.

Martínez sitúa el momento actual como un punto de inflexión, aunque advierte de que la adopción no será uniforme. Mientras algunas regiones avanzan a gran velocidad, otras aún están lejos de integrar estas herramientas en su día a día. En ese proceso, la confianza será clave: sin garantías claras sobre seguridad y funcionamiento, difícilmente los usuarios aceptarán convivir con robots.

La importancia de las reglas del juego

Ahí es donde entra en juego el trabajo de la organización en la que trabaja. La Unión Internacional de Telecomunicaciones se encarga de desarrollar estándares internacionales que permitan evaluar aspectos como el rendimiento, la usabilidad o la seguridad de los robots, tanto física como digital. No es un detalle menor: muchos de estos dispositivos están conectados a internet, lo que los expone a posibles ciberataques.

Aunque estos estándares no son obligatorios, sí cuentan con un amplio respaldo. En su elaboración participan gobiernos, empresas y centros académicos de todo el mundo, lo que les otorga un peso significativo como referencia global. En la práctica, funcionan como una hoja de ruta compartida para orientar el desarrollo tecnológico.

Más allá del robot humanoide

El auge de los robots con forma humana es otro de los fenómenos que analiza. Martínez reconoce que existe una cierta "moda" en torno a estos diseños, pero introduce un matiz importante: no siempre son la mejor solución. La clave no está en la apariencia, sino en la función.

En entornos diseñados para personas —como los hogares— los robots humanoides pueden tener sentido. Sin embargo, en otros contextos, como determinadas tareas industriales, existen alternativas más eficientes. Aun así, ya se están probando modelos capaces de realizar labores logísticas, como manipular y distribuir objetos.

Un desembarco aún limitado en los hogares

Pese a los avances, la presencia de robots en viviendas sigue siendo incipiente. Algunas empresas han comenzado a comercializarlos para tareas domésticas, pero su autonomía es todavía reducida y su uso se limita a funciones muy concretas. El principal obstáculo, según Martínez, es la falta de datos: las compañías necesitan desplegar estos dispositivos en entornos reales para mejorar su rendimiento.

La evolución recuerda, en cierto modo, a la que vivió la inteligencia artificial hace unos años. El potencial está ahí, pero su desarrollo depende de un proceso progresivo de aprendizaje y adaptación.

El riesgo de una brecha tecnológica mayor

Más allá de lo técnico, la entrevista pone el foco en una cuestión de fondo: el acceso desigual a estas tecnologías. Martínez advierte de que la expansión de la robótica podría agravar las diferencias entre países y entre grupos sociales si no se gestiona adecuadamente.

El precedente de internet sirve como advertencia. Miles de millones de personas siguen sin acceso a la red, y algo similar podría ocurrir con la inteligencia artificial y la robótica si los recursos —infraestructura, talento o datos— se concentran en unos pocos lugares. Evitar ese escenario pasa, en su opinión, por fomentar la colaboración internacional y adaptar las soluciones a las necesidades de cada contexto.

Tecnología útil, no perfecta

En cuanto al futuro, el experto insiste en rebajar expectativas. Los robots actuales no son, ni de lejos, máquinas capaces de hacerlo todo. De hecho, intentar que sean completamente versátiles es uno de los mayores retos técnicos. Cuantas más funciones se les exige —movilidad, manipulación, interacción—, mayor es la complejidad.

La evolución, por tanto, será gradual y basada en tareas específicas. Algo similar a lo que ocurrió con tecnologías que hoy parecen cotidianas, como los robots cortacésped. Primero resuelven problemas concretos; después, poco a poco, amplían sus capacidades.

En definitiva, la visión que traslada Martínez es la de un sector en plena ebullición, pero todavía en construcción. El futuro de la robótica no dependerá solo de avances técnicos, sino también de cómo se gestione su integración en la sociedad. Y ahí, más que la velocidad, lo decisivo será hacerlo con criterio.

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