El Oreshnik ruso, el misil balístico de múltiples ojivas utilizado en el peor ataque de la guerra contra civiles ucranianos
Clasificado como un misil balístico de alcance intermedio, posee un radio operativo estimado de entre 3.500 y 5.000 kilómetros y está diseñado para tener capacidad nuclear, aunque sólo se ha desplegado con submuniciones convencionales.

Rusia ha lanzado el peor ataque contra objetivos civiles desde el inicio de su invasión de Ucrania, en febrero de 2022. Las fuerzas de la Federación activó este domingo una masiva ofensiva combinada contra Kiev y sus regiones colindantes, en una operación militar que no sólo se caracteriza por su violación descarada del derecho básico de la guerra (que a los inocentes no se les toca), sino por el despliegue de tecnología de última generación. Y es que los de Vladimir Putin incluyeron el uso, por tercera vez en el conflicto, del Oreshnik, un misil balístico hipersónico de alcance intermedio con capacidad nuclear.
La acción ha generado una enérgica condena internacional y acusaciones generalizadas hacia el presidente ruso por incurrir en tácticas de terror e intimidación política contra civiles y por resucitar miedos atómicos, ya que el Oreshnik está diseñado explícitamente para tener capacidad nuclear, aunque hasta ahora sólo se ha desplegado con submuniciones convencionales.
Según informes emitidos por fuentes militares tanto de Moscú como de Kiev, el ataque consistió en el lanzamiento coordinado de aproximadamente 600 drones y 90 misiles. Entre el armamento utilizado se identificaron misiles hipersónicos Kinzhal, misiles balísticos Iskander y misiles de crucero Zircon.
Sin embargo, la atención principal se ha centrado en el Oreshnik, cuyo impacto provocó graves afectaciones en el tejido urbano de la capital ucraniana. Las autoridades locales reportaron daños materiales significativos en todos los distritos de Kiev, afectando instalaciones de suministro de agua, un mercado popular, bloques residenciales y escuelas. Además, una estación del metro de la ciudad tuvo que ser clausurada debido a que la onda expansiva de las detonaciones en la superficie alcanzó el vestíbulo del complejo. No son, obviamente, dianas militares de primer orden. El balance civil de la ofensiva asciende, hasta el momento, a al menos cuatro víctimas mortales y un centenar de heridos. Además de la capital, se registraron ataques en las regiones de Odesa, Sumy, Cherkasy y Kropyvnytskyi.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, condenó enérgicamente los ataques a través de su canal de Telegram, calificando a los líderes de Moscú como "genuinamente perturbados" y denunciando que Kiev fue el objetivo prioritario del bombardeo, por el simbolismo de la capital. Zelenski, que apenas el día anterior había advertido públicamente sobre la inminencia de un ataque masivo con misiles Oreshnik, acusó al Kremlin de intentar amedrentar a la población y al gobierno ucraniano mediante una escalada meramente demostrativa.
El Ministerio de Defensa de Rusia justificó la ofensiva sin despeinarse, señalando que los objetivos atacados correspondían de forma exclusiva a centros de mando militar, bases aéreas e infraestructura de defensa de las fuerzas ucranianas. Desde la perspectiva de Moscú, esta operación militar constituye una represalia directa tras acusar a Ucrania de haber bombardeado previamente una residencia de estudiantes en Starobilsk, una localidad bajo control ruso en la región ocupada de Luhansk, donde presuntamente fallecieron decenas de estudiantes.
Kiev no lo ve así y desestimó categóricamente las acusaciones rusas. Las autoridades ucranianas negaron haber fijado como objetivo infraestructuras civiles en Luhansk, aclarando que su acción militar en dicha zona se dirigió exclusivamente contra un centro de comando operativo de drones rusos (identificado como la unidad "Rubikon") y, por ende, contra la maquinaria de guerra del Kremlin.

El Oreshnik: la tecnología detrás del desafío defensivo
Presentado públicamente por primera vez por Putin en el año 2024, el misil Oreshnik es considerado por analistas militares como un desarrollo derivado del abandonado programa de misiles estratégicos RS-26 Rubezh. Clasificado como un misil balístico de alcance intermedio (IRBM), posee un radio operativo estimado de entre 3.500 y 5.000 kilómetros, lo que técnicamente le confiere la capacidad de alcanzar objetivos en casi la totalidad del territorio europeo, lo que preocupa notablemente incluso a los aliados de la OTAN.
La creciente preocupación en los círculos de defensa occidentales radica en la extrema dificultad para interceptar este vector estratégico, más allá de las inquietudes que genera no saber, ni barruntar siquiera, lo que puede pasar por la cabeza de Putin. A diferencia de los misiles de crucero convencionales, que operan a bajas altitudes dentro de la atmósfera, el Oreshnik sigue una trayectoria balística y desciende hacia su objetivo a velocidades hipersónicas en su fase terminal.
Expertos militares citados por diarios como The Guardian indican que el proyectil es capaz de superar la velocidad de Mach 10 (aproximadamente 12.000 kilómetros por hora). Esta velocidad reduce a minutos o incluso segundos el margen de maniobra de los sistemas de defensa antiaérea para detectar, rastrear e intentar neutralizar la amenaza. A este factor de velocidad se suma la tecnología de Vehículos de Reentrada Múltiple Independentemente Orientables (MIRV, por sus siglas en inglés).
Esta capacidad tan formidable permite que un único misil Oreshnik libere múltiples ojivas en su fase final de vuelo, permitiendo atacar distintas posiciones de forma simultánea y saturando las redes de defensa enemigas, que se ven obligadas a lidiar con múltiples objetivos concurrentes en lugar de interceptar un único proyectil. Su motor de combustible sólido de etapas múltiples optimiza su movilidad y reduce el tiempo requerido para su preparación y lanzamiento.
Además, se presume el uso de señuelos y contramedidas avanzadas diseñadas específicamente para distorsionar las señales de radar y evadir misiles interceptores.
Especialistas en seguridad internacional coinciden en que el uso sistemático de este tipo de armamento hipersónico trasciende el impacto material inmediato. El Oreshnik opera de igual modo como una herramienta de guerra psicológica orientada a erosionar la resistencia ucraniana, desafiar abiertamente la arquitectura de seguridad de las redes de defensa occidentales y modificar las variables estratégicas del continente europeo en una fase del conflicto donde las iniciativas de paz continúan colapsadas.

"Temeridad nuclear"
El despliegue del Oreshnik ha suscitado el rechazo inmediato de la diplomacia europea. La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, se pronunció con severidad a través de la red social X, manifestando que las acciones de Moscú obedecen al estancamiento que enfrenta en el campo de batalla. "Rusia ha llegado a un callejón sin salida en el frente, por lo que aterroriza a Ucrania con ataques deliberados contra centros urbanos. Estos son actos de terror abominables destinados a matar a tantos civiles como sea posible", afirmó Kallas. La utilización del Oreshnik constituye "una táctica de miedo político y una temeridad nuclear irresponsable", ahonda.
El incidente ocurre en un contexto de tensiones elevadas, pocos días después de que Rusia y Bielorrusia realizaran maniobras militares conjuntas con armamento nuclear el pasado 18 de mayo. La condena al ataque se extendió por diversos gobiernos de Europa, reportándose asimismo advertencias diplomáticas del presidente francés, Emmanuel Macron, hacia el líder bielorruso, Aleksandr Lukashenko, instándolo a evitar un involucramiento directo en el conflicto.
El proceso negociador entre Kiev y Moscú, abierto en febrero de 2025 a instancias del presidente de EEUU, Donald Trump, no ha dado frutos por ahora, más allá de puntuales intercambios de prisioneros. No se ha logrado ni una tregua de una semana, que fue lo primero que se puso sobre la pesa. Cada día que la guerra sigue en vigor es un día ganado para Putin, que ansía ganar tiempo para consolidar su ocupación.
