Honda preocupación en Europa por la ola de bulos contra la energía eólica: ya hay proyectos multimillonarios paralizados
Expertos alertan del auge de campañas de desinformación en redes sociales que vinculan los molinos de viento con cáncer, apagones o agua contaminada.
Durante años, Europa había presumido de algo que Estados Unidos nunca terminó de conseguir del todo: un amplio consenso social alrededor de las energías renovables. Especialmente de la eólica. Los molinos eran, para gran parte de la opinión pública europea, casi un símbolo automático de transición ecológica, independencia energética y lucha contra el cambio climático.
Pero algo empieza a cambiar. Y preocupa mucho.
Un informe encargado por la patronal eólica europea, WindEurope, alerta de que las campañas de desinformación contra la energía eólica se están disparando en redes sociales y ya están teniendo consecuencias reales: retrasos, recursos judiciales y proyectos de miles de millones de euros paralizados por la presión social generada alrededor de supuestos peligros que los expertos consideran falsos o engañosos.
La investigación, elaborada por la firma británica CASM Technology y adelantada por Politico Europe, detecta una auténtica explosión de mensajes que aseguran que los parques eólicos provocan cáncer, contaminan el agua potable, generan apagones o destruyen ecosistemas enteros.
Y no son casos aislados.
Según el estudio, más de 500 cuentas activas en seis plataformas distintas han difundido decenas de miles de publicaciones anti-eólicas durante los dos últimos años, especialmente en países del norte de Europa como Suecia, Noruega o Finlandia.
De Trump a Europa
La gran preocupación de los expertos es que Europa empieza a importar un fenómeno muy reconocible en Estados Unidos: la guerra política y cultural contra las renovables.
Donald Trump lleva años utilizando la energía eólica como uno de sus grandes objetivos discursivos. Ha llamado a los molinos "horribles monstruos", "la estafa del siglo" o una fuente energética "para gente estúpida". Y desde su regreso al poder ha endurecido todavía más su ofensiva contra nuevos proyectos.
El problema, según los investigadores, es que ese tipo de mensajes ya circula con naturalidad en el ecosistema digital europeo.
"Internet ha mezclado completamente culturas políticas distintas", explica Carl Miller, fundador de CASM Technology, en declaraciones recogidas por Politico. "Las mismas narrativas, los mismos discursos y los mismos enemigos empiezan a compartirse a ambos lados del Atlántico".
El informe detecta incluso mensajes de estilo MAGA reutilizados en debates europeos sobre energía: acusaciones contra "élites globalistas", teorías sobre manipulación política o campañas que presentan los proyectos renovables como ataques contra la población rural.
La batalla ya no es solo online
Lo más inquietante para Bruselas es que estas campañas ya están saliendo de internet.
Los investigadores describen cómo muchas de estas narrativas terminan convirtiéndose en una especie de "sistema paralelo de permisos": generan oposición local, movilizan protestas y alimentan recursos administrativos capaces de bloquear parques eólicos durante años.
Y eso llega en el peor momento posible para la Unión Europea.
La guerra en Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz han vuelto a evidenciar hasta qué punto Europa sigue dependiendo del exterior para garantizar su suministro energético. Precisamente por eso, Bruselas está acelerando los proyectos renovables y las inversiones en electrificación.
"El problema ya no es solo la industria eólica", resume Christoph Zipf, portavoz de WindEurope. "Se trata de garantizar que Europa produzca su propia energía y no dependa de combustibles atrapados en Oriente Medio".
El informe pone un ejemplo especialmente simbólico: Bulgaria no ha construido ni un solo nuevo parque eólico en doce años.
El siguiente frente: la inteligencia artificial
Los autores del estudio creen además que el fenómeno puede ir todavía más lejos.
En un análisis preliminar, CASM Technology detectó que algunas herramientas de inteligencia artificial estaban utilizando páginas anti-eólicas como fuentes destacadas al responder preguntas sobre energía renovable.
Y eso, avisan, abre un escenario completamente nuevo.
"Es la nueva frontera de la desinformación", sostiene Miller. "Si el futuro pasa porque gran parte de la información se filtre a través de inteligencias artificiales, la guerra informativa también va a trasladarse ahí".
En Bruselas la preocupación ya es evidente. Porque detrás de los bulos sobre molinos de viento no solo ven un problema medioambiental o tecnológico.
Ven también una batalla política, económica y geoestratégica.