Los expertos en educación coinciden sobre la nueva PAU: "Los estudiantes que obtienen mejores resultados no son los que más estudian, sino los que mejor identifican qué tipo de respuesta les están pidiendo"
El objetivo de cambiar la forma de enfocar la preparación universitaria no ha surtido efecto, con estudiantes averiguando cómo pasar mejor el examen y "tirando" de IA.

La nueva PAU nació con la promesa de dejar atrás una selectividad basada casi exclusivamente en memorizar contenidos y avanzar hacia un modelo más competencial, práctico y centrado en el razonamiento. Pero la realidad en las aulas parece bastante distinta. Profesores, correctores y expertos en educación coinciden en algo: los alumnos siguen preparando el examen como una prueba muy entrenable, donde entender la lógica del corrector pesa casi tanto como saber la materia.
“Los estudiantes que suelen obtener mejores resultados no son necesariamente los que más estudian, sino los que mejor identifican qué tipo de respuesta les están pidiendo”, resume Carles Monereo en declaraciones a El País. Una frase que explica bastante bien cómo se vive realmente la selectividad en 2026.
En institutos y colegios de toda España, segundo de Bachillerato gira desde septiembre alrededor de la PAU. Simulacros constantes, exámenes con formato idéntico al oficial, correcciones basadas en rúbricas y entrenamiento intensivo del tiempo. Muchos estudiantes llevan meses haciendo pruebas prácticamente iguales a las que encontrarán en junio. “En realidad, todo segundo de Bachillerato está totalmente enfocado a la preparación de las pruebas”, explica África Álvarez en el mismo artículo de El País, alumna del IES Val Miñor, en Pontevedra.
La nueva selectividad cambia el envoltorio, pero no tanto el fondo
La reforma impulsada por la LOMLOE y el Real Decreto 534/2024 pretendía introducir preguntas más abiertas y contextos reales. Sobre el papel, el examen debía premiar más el razonamiento y menos la repetición automática. Sin embargo, muchos docentes creen que el cambio sigue siendo limitado.
“Puedes contextualizar un problema en una situación cotidiana, pero si después la corrección sigue premiando aplicar una secuencia muy concreta de pasos, el cambio es limitado”, sostiene Iván Area.
Para Area, muchos ejercicios simplemente cambian la apariencia externa, pero conservan la misma estructura de respuesta de siempre. “Los contextos son decorativos en muchos casos”, resume.
Eso explica por qué los alumnos continúan trabajando con exámenes de años anteriores. Aunque haya pequeñas modificaciones, los patrones siguen siendo reconocibles. Qué apartados suelen caer, cuánto desarrollar un comentario o qué pasos conviene priorizar termina convirtiéndose en parte central del estudio.
Cómo se gana una décima en la PAU
La diferencia entre entrar o no en determinadas carreras se juega muchas veces en décimas. Y ahí entra otro factor clave: entender cómo corrigen realmente los exámenes.
María Vela, correctora de la PAU, explica que muchos alumnos siguen creyendo que un ejercicio mal resuelto equivale automáticamente a cero. Pero no funciona así. “Se valora mucho el razonamiento, no solo llegar al resultado”, explica al mismo medio.
Las rúbricas actuales detallan puntos por planteamiento, desarrollo, estrategia o claridad. Incluso cuando el resultado final es incorrecto, un alumno puede conservar parte importante de la puntuación si el proceso mental está bien explicado. “Muchas veces un estudiante cree que, si el resultado final está mal, el ejercicio entero está perdido, y no es así”, señala Vela.
Eso ha cambiado también la forma de estudiar. Los estudiantes entrenan no solo contenidos, sino maneras concretas de responder: dejar visibles los pasos, ordenar bien las ideas o aprender cuánto desarrollar cada apartado.
La corrección, además, se ha vuelto más precisa. “Antes muchas rúbricas funcionaban prácticamente en bloques de 0,25 puntos. Ahora la corrección puede afinar mucho más y puntuar en incrementos de 0,1”, añade la profesora.
Segundo de Bachillerato se convierte en una academia de la PAU
Muchos expertos creen que la presión de las notas de corte está transformando por completo el último curso de Bachillerato. “Segundo termina convirtiéndose casi en una academia de preparación de la PAU”, sostiene Area, como antes era el COU, cursado tras tres años de Bachillerato.
La lógica es que, cuando carreras como Medicina, Matemáticas o algunos dobles grados exigen notas altísimas, cada décima se convierte en una obsesión constante para alumnos y familias.
Ana Cobos insiste además en otro punto que muchos estudiantes descubren demasiado tarde: el 60% de la nota final depende del expediente acumulado de Bachillerato. “El gran error es acordarse demasiado tarde de que el 60% de la nota final depende de la media de Bachillerato”, explica. Muchos alumnos llegan a segundo pensando que podrán remontar en la selectividad, pero el margen real suele ser mucho menor del que imaginan.
ChatGPT ya forma parte de la preparación
La inteligencia artificial también se ha integrado con naturalidad en la rutina de estudio. África Álvarez reconoce que utiliza habitualmente ChatGPT para crear apuntes, esquemas y mapas conceptuales, mientras recurre a Gemini para resolver dudas concretas.
Los expertos creen que este tipo de herramientas pueden ser especialmente útiles precisamente porque la PAU sigue funcionando con formatos bastante previsibles. Y ahí aparece una de las grandes contradicciones del sistema. Mientras el modelo intenta avanzar oficialmente hacia una evaluación más competencial, buena parte de la preparación real sigue basándose en reconocer patrones, automatizar respuestas y entender exactamente qué espera el corrector.
