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Ingresan 24.000 euros al mes y no tienen ahorros: "A final de mes, el dinero se ha acabado"

Ingresan 24.000 euros al mes y no tienen ahorros: "A final de mes, el dinero se ha acabado"

No todo el mundo está preparado para gestionar una realidad muy diferente a la que ha vivido siempre.

Una pareja mira con preocupación sus finanzas en su ordenador
Una pareja mira con preocupación sus finanzas en su ordenadorGetty Images/Westend61

A simple vista, Mineke* parece haber alcanzado ese ideal moderno del éxito: emprendió, su negocio funciona y los ingresos familiares superan con creces la media. Sin embargo, cuando mira su cuenta bancaria a final de mes, la sensación es siempre la misma: el dinero ha desaparecido.

"Hace cinco años monté mi propia empresa como especialista en recursos humanos. Desde entonces gano mucho más, pero no consigo ahorrar", explica. Mineke ingresa entre 13.000 y 18.000 euros brutos mensuales. 

Tras impuestos y gastos, calcula que le queda alrededor de la mitad. A eso se suma el salario de su marido, unos 6.500 euros brutos al mes. En total, el hogar ronda los 24.000 euros mensuales, más de seis veces el sueldo medio.

"Empiezas a vivir acorde a lo que ganas", reconoce. La familia compró recientemente una casa nueva, tiene dos hijos de 17 y 20 años y una agenda social muy activa. "Cenas fuera, compromisos, planes… todo suma".

Cuando ganar más no significa guardar más

A pesar de los ingresos, Mineke llega justa a final de mes. Algo que le genera frustración, sobre todo porque tenía un objetivo claro. "Cuando me hice autónoma pensé que en cinco años tendría 100.000 euros ahorrados. No lo he conseguido ni de lejos".

Buscando respuestas, acudió a Caroline Hertog, asesora financiera especializada en personas con altos ingresos. Su clientela es amplia: directivos, empresarios, profesionales liberales. "Muchos gestionan presupuestos enormes en el trabajo, pero en casa no tienen ningún control", señala.

Según Hertog, uno de los grandes problemas es que los gastos pasan desapercibidos. "Lo llamamos inflación del estilo de vida. Cuando entra mucho dinero, dices que sí a casi todo, porque sabes que el mes siguiente volverá a entrar"..

Ese mismo patrón lo siguieron durante años Wim, enfermero, y Jeroen*, detective de policía. Juntos ingresan cerca de 100.000 euros anuales, pero vivían con el agua al cuello. "Era angustiante. En cuanto cobraba, ya estaba pagando facturas", recuerda Jeroen.

Sin colchón y con deudas

La falta de ahorro hizo que la pareja recurriera a créditos para cubrir imprevistos. "Pedimos uno, luego otro. Era demasiado fácil", admite Wim. Hoy arrastran 40.000 euros en préstamos personales, además de un coche financiado por otros 40.000.

No es un caso aislado. Hertog calcula que alrededor del 20% de sus clientes con altos ingresos tiene algún tipo de préstamo activo. Entre los factores que más pesan está la presión social. "No es fácil decir que no cuando tus amigos proponen planes caros", explica Wim. "A veces poníamos excusas".

 La asesora lo ve a menudo: "Muchos piensan: 'Trabajo duro, gano bien, todo debería ser posible". Y en parte lo es. El problema aparece cuando nadie mira el conjunto. Mineke lo comprobó al analizar sus gastos. "Creía que lo de la compra era razonable, pero cuando lo sumé todo me llevé un susto".

"Todo el mundo tiene fugas de dinero", insiste Hertog. Suscripciones, servicios duplicados, gastos automáticos que nadie revisa. Según su experiencia, muchos hogares pueden liberar entre 800 y 900 euros al mes solo ajustando gastos fijos.

Algunos de los más comunes son:

  • Demasiadas plataformas de streaming activas
  • Cuotas altas de gimnasio que apenas se usan
  • Seguros o contratos antiguos sin revisar
  • Gastos diarios pequeños pero constantes
  • Ese dinero, recalca, debería ir directamente al ahorro antes de que “desaparezca”.

Romper la relación emocional con el dinero

Para Hertog, el origen del problema rara vez es solo numérico. "Tiene que ver con lo que aprendiste en casa". Recuerda el caso de una clienta criada por un padre extremadamente austero. "Ella compensaba siendo exageradamente generosa".

Una vez identificados esos patrones, es posible cambiarlos. "La clave es crear estructura". Mineke ahora controla sus gastos semanalmente y trabaja con presupuestos separados: alimentación, ropa, vacaciones. "Así evito que el dinero se esfume sin darme cuenta".

Wim y Jeroen también han empezado a reorganizar sus finanzas. Pagan deudas y ahorran poco a poco. "No es espectacular, pero el primer mes ya sobraba dinero", dice Jeroen.

Han reducido planes caros de forma temporal. "Ahora decimos que no a según qué cosas", explica Wim. "Y solo ahora nos damos cuenta del estrés que llevábamos encima desde hace años".

*Nombres ficticios*