Sor Cristina, monja granjera en Toledo: "Me enteré de que el conejo gigante español estaba en peligro de extinción y eso nos ayudó a embarcarnos en esta aventura"
El convento se ha convertido en una especie de albergue para esta especie, que trata de sobrevivir gracias a la acción de estas monjas.
En el interior del convento de San Antonio de Padua, en Toledo, no solo se hornean dulces ni se elaboran helados artesanos. Tras los muros de clausura también se libra una silenciosa batalla por la conservación de una raza histórica: el conejo gigante español. Y al frente de esa cruzada está Sor Cristina Peset, religiosa y ganadera por vocación tardía.
"Me enteré de que el conejo gigante español estaba en peligro de extinción y eso nos ayudó a embarcarnos en esta aventura", cuenta a la Cadena SER. Lo que empezó como un gesto familiar hace tres décadas se ha convertido hoy en uno de los proyectos de cría más relevantes del país.
Un convento convertido en reserva genética
Desde enero, las once monjas de clausura participan en un programa impulsado por la Universidad Complutense para evitar la consanguinidad y preservar la pureza genética de esta raza autóctona. Los datos explican la urgencia: según el Ministerio de Agricultura, en 2024 apenas había 67 hembras reproductoras en pureza en toda España.
En Toledo, el convento alberga 36 ejemplares: 20 hembras y 16 machos. Es, de facto, uno de los principales repositorios vivos del gigante español.
La historia comenzó hace 30 años. Sor Cristina, albaceteña con raíces valencianas, recibió de sus padres una pareja de conejos. "Valencia es la cuna del gigante español. En casa siempre lo habíamos tenido", recuerda en la SER. A partir de ahí, la cría fue creciendo. El punto de inflexión llegó cuando supo que la raza estaba en riesgo. Aquello transformó una tradición familiar en una misión de conservación.
Cómo se cría un gigante
El convento cuenta con una nave dedicada en exclusiva a los animales, equipada con sistemas de refrigeración que permiten mantener la temperatura entre los 16 y los 23 grados. El control térmico es fundamental para favorecer el celo y garantizar la reproducción.
El mantenimiento no es barato. Los cuidados suponen entre 6.000 y 7.000 euros anuales, una cifra considerable para una comunidad de clausura. Se financian con donaciones particulares y, recientemente, con una ayuda de 3.000 euros de la Diputación de Toledo destinada a renovar parte de las instalaciones.
Tres hermanas —entre ellas Sor Cristina— se encargan a diario del trabajo en la granja. La alimentación sigue pautas tradicionales: poco pienso y una dieta basada en heno, cebada y algo de maíz en invierno. "Cuidamos mucho la fibra para evitar enfermedades como la basquilla", explica.
La higiene es otro pilar. Cada dos días se retiran los excrementos y semanalmente se fumiga el espacio. El objetivo es asegurar que los gazapos superen el destete en buenas condiciones. No es un detalle menor: las camadas pueden alcanzar hasta 21 crías.
Un animal con historia
El conejo gigante español es fruto del cruce entre el conejo de Flandes, el berlier y el lebrel español. Puede llegar a medir hasta 96 centímetros y pesar nueve kilos. Sus características orejas “de cuchara” lo hacen fácilmente reconocible.
Durante décadas fue habitual en los corrales de muchas familias españolas. En el franquismo formó parte de la dieta cotidiana y tuvo un peso relevante en la economía doméstica rural. “Ha aportado mucho a la cultura española”, subraya Sor Cristina.
Sin embargo, a partir de los años setenta fue desplazado por híbridos más adaptados a la producción intensiva. Paradójicamente, su mayor rendimiento por canal y su carne más carnosa no bastaron para mantenerlo en el circuito comercial dominante.
Las monjas tienen autorización únicamente para la cría y el estudio. No pueden comercializar la carne a gran escala, en parte por los permisos y la inversión que requeriría montar un matadero propio. Algunos ejemplares que no se destinan a reproducción o exposición han terminado en su cocina. “Su carne es exquisita, no tiene nada que ver con la de granja”, comenta.
Entre dulces y ferias ganaderas
El convento combina esta actividad con la elaboración de productos artesanos que venden, sobre todo, a turistas. Además, envían ejemplares a distintos puntos de España y participan en ferias de cunicultura, donde han obtenido varios premios.
Más allá del reconocimiento, Sor Cristina lanza una reflexión crítica: "En España se está perdiendo mucho patrimonio ganadero". A su juicio, existe cierta apatía institucional y social hacia las razas autóctonas.
Por eso pide más facilidades administrativas y apoyo público para quienes quieran criar el gigante español en sus casas. "Aunque económicamente sea una carga para la comunidad, nosotras estamos encantadas y le tenemos mucho cariño", concluye.
En un país donde muchas tradiciones rurales desaparecen sin hacer ruido, el convento toledano se ha convertido en un inesperado refugio genético. Entre rezos, dulces y jaulas perfectamente limpias, las monjas mantienen viva una parte singular de la historia ganadera española.