Izabela, madre americana en Alicante: "Desde fuera parecía que lo teníamos todo, pero la verdad es que no éramos felices"
De una casa perfecta en Connecticut a una nueva vida en España: más tiempo en familia, menos facturas y el reto de empezar de cero en otro idioma.
Seguro que han oído hablar del sueño americano. Esta familia tenía la foto perfecta de lo que se supone que es eso. Dos coches nuevos en la garaje, una casa de dos plantas de casi 200 metros cuadrados en Manchester (Connecticut), negocios en marcha y estabilidad económica. Desde fuera, todo encajaba. Pero por dentro, no.
"Desde fuera parecía que lo teníamos todo, pero la verdad es que no éramos felices", ha contado Izabela Oquendo, de 36 años, en una entrevista con Business Insider. Ella y su marido decidieron en 2025 dar un giro radical: dejar Estados Unidos y mudarse a España con sus dos hijos pequeños. ¿Acertaron?
El destino elegido fue Alicante, a unas dos horas de Valencia. Playa y sol garantizados. El motivo no fue solo económico. Izabela quería estar más cerca de su madre, que regresó a Polonia en 2023, y ofrecer a sus hijos una infancia distinta: otra cultura, otro idioma y un ritmo de vida más pausado.
Hoy, su hijo de 6 años y su hija de 4 están escolarizados en un colegio público español y aprendiendo el idioma desde cero. El proceso no ha sido sencillo, pero la familia asegura que, pese a las dificultades, el balance es positivo.
El mayor miedo: el idioma y la adaptación
Uno de los temores más grandes antes de mudarse era cómo gestionarían sus hijos el cambio. "Me preocupaba muchísimo cómo iban a aprender el idioma y adaptarse", reconoce. Algo completamente normal, era un poco un salto al vacío.
Su hija, muy sociable en Estados Unidos, tuvo dificultades al principio para hacer amigos. No porque no quisiera, sino porque no podía comunicarse con la misma facilidad. "No puede simplemente acercarse y empezar a hablar; los otros niños no hablan su idioma", explica ante una situación tan cotidiana como lógica.
Para facilitar la transición, los apuntaron primero a un campamento de verano en inglés. Ahora ya están plenamente integrados en el sistema público español y, poco a poco, ganan confianza en castellano.
Escuelas más seguras que en Estados Unidos
Hay un aspecto que Izabela no duda en señalar como una gran ventaja: la sensación de seguridad. En Estados Unidos, la violencia armada en centros educativos es una preocupación real. Según datos citados en la entrevista, solo en lo que va de 2026 se han registrado al menos 15 incidentes con disparos en escuelas del país.
"Aquí es algo que ni siquiera se plantea", asegura la protagonista de esta historia. Aunque reconoce que la criminalidad puede estar aumentando en grandes ciudades, dice que ya no vive con la angustia constante por la seguridad escolar de sus hijos.
Más cerca de la familia
Otro cambio clave ha sido la cercanía con Europa del Este. Antes, la diferencia horaria complicaba incluso las videollamadas con su madre en Polonia. Ahora, todo es más sencillo. Aunque la distancia sigue siendo grande.
"Podemos coger un avión y, en tres horas, estar con la abuela", explica. La familia ya ha viajado varias veces y planea repetir en fechas señaladas. Estar en Europa les permite mantener vínculos sin que suponga un gasto desorbitado.
Las barreras del día a día
No todo es idílico. Aunque su marido habla español con fluidez, Izabela no. Eso complica tareas cotidianas: entender circulares del colegio, seguir los grupos de WhatsApp de padres o comunicarse con profesores. Cuestión de tiempo, claro.
"Ser madre ya implica estar pendiente de mil cosas. Hacerlo en otro idioma lo complica todo", admite con sencillez. Cuando no puede contar con la ayuda de su marido, recurre a aplicaciones de traducción para manejarse.
Menos facturas, más vida
En Connecticut, Izabela compaginaba la docencia universitaria con un negocio de contabilidad y trabajos estacionales de impuestos. Tres empleos para sostener un estilo de vida costoso.
En Alicante, el coste de vida es menor. Eso le ha permitido reducir su carga laboral y ganar algo que antes escaseaba: tiempo, que es lo más importante en la vida. "Ahora vamos a la playa una o dos veces por semana en verano. Los fines de semana hacemos excursiones. Siento que estamos mucho más conectados que antes", asegura.
No tienen la casa perfecta ni los dos coches nuevos en la puerta. Pero tienen algo que, según Izabela, faltaba en su vida anterior: tranquilidad. Y, sobre todo, la sensación de que el éxito no siempre se mide en metros cuadrados ni en facturas pagadas, sino en cuánto tiempo puedes pasar con los tuyos sin sentir que siempre estás corriendo detrás de algo.