Un joven de 15 años monta el negocio del siglo de 117.000 euros al año sin salir de su habitación: "Me grabo empaquetando"
Lo levantó desde su habitación: vende toallas que bajan la temperatura, apoyándose en TikTok, con mucha constancia y una estrategia que no es tan sencilla.

Un chaval de 15 años, un dormitorio en un pueblo de 20.000 habitantes en Essex (Inglaterra) y una toalla que se enfría sola al mojarla. Con ese material, Harrison Nott apunta en verano a las 100.000 libras de facturación (unos 117.000 euros) sin oficina, sin plantilla y sin salir de casa. Y lo dice sin titubear: "Por lo que veo, espero superar las 100.000 libras de facturación este verano. Ya lo he previsto y calculado". La cifra es real. La trampa, la cuenta él mismo al final.
Su empresa se llama CoolTowel, arrancó en 2023 y ya ha enviado más de 15.000 pedidos. El producto no tiene nada de futurista: una toalla de poliéster de tres capas que, al mojarla, escurrirla y agitarla, baja la temperatura. Lo justo para quien hace deporte, va al gimnasio o sobrevive al verano sin aire acondicionado. Lo suficiente, también, para detectar un hueco que nadie estaba cubriendo bien.
La idea no salió de un máster ni de una incubadora, sino de la pista de squash: vio que ese tipo de toalla no se vendía como debería y decidió hacerlo él. No era su primer intento —con ocho años ya revendía cosas en eBay—, y de aquello saca una lección: "Esos fracasos me dieron las habilidades que necesitaba para empezar uno nuevo". El ADN viene de casa: "He visto a mi padre gestionar un negocio toda la vida y siempre he querido tener el mío propio, y así tener el control financiero para hacer cosas por mí mismo". Todo, mientras compagina los GCSE, el equivalente a 4º de la ESO.
De 50 ventas al día a quedarse sin stock
El despegue llegó por TikTok y Shopify. "Tuve 50 ventas al día y desde entonces no ha parado de crecer", recuerda. Después, un pico de 15.000 libras en un solo día que lo dejó sin existencias durante semanas; en los meses fuertes tiró del almacén de su padre. Pero parte de la clave no es la toalla, es cómo la cuenta: "Me grabo empaquetando los pedidos y lo subo a TikTok. Creo que la gente valora ver al propio dueño encargándose de todo, es algo real". Autenticidad, algoritmo y cinta de embalar.
También le ha dado una vuelta social: dona toallas a personas con problemas para regular su temperatura corporal, da charlas en su instituto y ya mira más allá. "Quiero ver hasta dónde puedo llegar, quizá conseguir inversión en Dragon's Den y vender en tiendas". En 2024, cuando le faltó liquidez, su padre, Matthew Nott, le prestó dinero. De su hijo destaca algo que vale más que las cifras: "Cuando algo no le sale, no se limita a decir 'bueno, lo intenté'; analiza qué fue lo que falló".
Y aquí está la trampa, la que casi nadie cuenta: facturar no es ganar. Ingresa alrededor de 1.000 libras al día, pero la rentabilidad se diluye entre publicidad, comisiones de afiliados y costes que desde fuera no se ven. Lo admite sin que se le caiga el entusiasmo: dice tener ahora "la estrategia y la visión adecuadas".
Desde un cuarto, con la cámara del móvil y una toalla mojada. A veces el negocio que parece de otra galaxia no necesita más que eso y la honestidad de reconocer que el número grande no es el que te llevas a casa.
