Luca Faoro, curador de arte: "A principios del siglo XVIII, una sola farmacia de Venecia necesitaba entre 600 y 800 víboras al año para sus medicamentos"
El experto explica cómo se cazaban hace siglos estos animales para crear recetas, tanto medicinales como gastronómicas.

Cada año, y especialmente durante la temporada cálida, lamentablemente oímos o leemos sobre casos de mordeduras de víbora que no siempre se previenen a tiempo mediante la aplicación de los remedios adecuados o los primeros auxilios del médico. Sin embargo, es un problema moderno. Porque las víboras nunca habían representado en el pasado un problema tan grave, y los encuentros con una eran extremadamente raros. ¿De dónde surgieron de repente todas esas víboras? ¿ Quién tiene la culpa del regreso de este reptil venenoso? Quizás sorprendentemente, la causa reside en el progreso de la farmacología, según publica Il Dolomiti.
De hecho, las víboras fueron cazadas extensamente en el pasado por las propiedades curativas que se les atribuían al ser tratadas con ciertas recetas medicinales. Luca Faoro, conservador del Museo Etnográfico de San Michele all'Adige, publicó un artículo sobre el tema en la revista mensual Agricoltura trentina, que ofrece esta instantánea histórica con implicaciones sorprendentemente actuales, recuerda Il Dolomiti.
Según Faoro, la cantidad de víboras utilizadas en la preparación de las innumerables recetas, tanto de la farmacopea oficial como de la medicina popular era evidentemente muy considerable. "Consideremos que, a principios del siglo XVIII, para satisfacer las necesidades de una sola farmacia en Padua o Venecia durante un año, se necesitaban entre 600 y 800 ejemplares", afirma.
Desde la antigüedad, la víbora ha sido considerada un animal útil con fines medicinales. Con ella se elaboraban los "trociscos de víbora" , brebajes que se creían eficaces contra las mordeduras de animales venenosos y perros rabiosos, así como para tratar infecciones cutáneas y fiebres pestilentes . "La preparación de los trociscos", explica el autor de la investigación , "no era compleja, pero a menudo se regía por normas específicas".
Este experto cuenta, además, que "las víboras debían ser estrictamente hembras, capturadas a finales de primavera o principios de verano , a las que se les cortaba la cabeza y la cola y se desechaban". Y detalla que "una vez despellejadas, se les extraían los huesos y las vísceras": La carne se conservaba y se preparaba «en una olla de barro con eneldo y sal , triturada y mezclada con pan rallado seco para formar pastillas o dulces». Estos se dejaban secar a la sombra durante un par de semanas y luego se conservaban en frascos de vidrio".
Estos trozos, junto con el opio, habrían constituido el ingrediente principal de la "teriaca" o "thriaca", una droga compuesta por alrededor de sesenta sustancias en diferentes proporciones, cuya primera formulación se atribuye tradicionalmente al médico de Nerón, Andrómaco el Joven, y que se creía que tenía el poder de curar innumerables dolencias y, naturalmente, de actuar como un poderoso antídoto contra el veneno.
Sin embargo, la carne de víbora se utilizaba en innumerables preparaciones, incluidas algunas culinarias. He aquí la receta: "A finales de la primavera", según recoge una receta de Umbria, Italia, del siglo XVI, "caza víboras, asegurándote de que sean hembras, córtales la cabeza y la cola, y luego despelleja ; inmediatamente después de despellejarlas, colócalas en un recipiente con agua tibia y lávalas; luego, una vez lavadas, se hierven como anguilas o se guisan con hierbas y puerros , o se hierven con un cuarto de capón, y en este caldo puedes preparar sopa o lo que quieras".
No se desperdiciaba nada; las vísceras se utilizaban para elaborar medicinas, a menudo ajenas a la medicina oficial. Faoro relata que "los hígados y las vísceras de las víboras se secan a la sombra y luego se colocan en una olla tapada con otra olla sellada herméticamente; después se envuelven en paños de lino húmedos untados con harina y se dejan secar en el horno para convertirlos en polvo, y este polvo es eficaz contra el veneno si se toma la cantidad que cabe en un recipiente y puede mezclarse con un huevo".
"También se apreciaba considerablemente el vino de víbora", explica Faoro, "cuyas propiedades terapéuticas se consideraban valiosas para el tratamiento de la sarna, la elefantiasis, la sífilis, las úlceras y la escrófula".
Su elaboración no era nada sencilla. Primero, se necesitaba una víbora viva, la cual, atrapada en la botella, debía dejarse ahogar en el vino: "Tome un frasco de boca ancha, preferiblemente sin tapa, para que pueda ver cuándo la víbora está muerta, asegurándose de que el frasco no pese más de seis libras; luego, tome una víbora hembra viva y colóquela en dicho frasco lleno de vino para que muera, y tápelo bien para que la víbora no escape . Después de que la víbora haya estado en el vino durante 24 horas, vierta el vino en otro frasco, deseche la víbora porque ya no sirve para nada, y podrá comenzar a beber el vino inmediatamente", cuenta este experto.
En conclusión, la víbora era un alimento saludable y muy apreciado en los recetarios de nuestros antepasados, dice este experto. Sin embargo, una vez que cesó la matanza de víboras con fines farmacéuticos y culinarios, fue cuando éstas proliferaron sin control, para perjuicio de quienes se topaban con ellas.
