Luisa, sueca afincada en Málaga desde hace 27 años, habla claro: "Los españoles no tienen necesidad"
Llegó para tres meses y se quedó casi tres décadas. Aunque adora su vida en Andalucía, Luisa pone el foco en la cara B de la migración: la dificultad real de romper el círculo de los residentes extranjeros.

Viajar es una actividad que se ha normalizado por completo en nuestra sociedad. Gracias a los avances en el transporte y a la globalización, desplazarse entre países es hoy más sencillo que nunca. Este panorama ha impulsado una migración mundial de la que España es protagonista: según el INE, actualmente hay cerca de 7 millones de extranjeros residiendo en nuestro país. 90.000 de ellos, aproximadamente, son provenientes de Suecia, según publica la embajada de dicho país en su página web oficial.
Entre ellos, la comunidad sueca destaca con una presencia notable, especialmente en la Costa del Sol. Muchos nórdicos huyen de los inviernos severos y la falta de luz en busca de una mejor calidad de vida, tanto social como climatológica, y por ende muchos de ellos se han mudado a España.
El caso de Luisa: de un curso de idiomas a una vida en Málaga
Luisa Juhlin tiene 46 años y lleva 27 viviendo en Málaga. Su plan inicial era modesto: quedarse tres meses para estudiar español. Sin embargo, el amor se cruzó en su camino y su estancia se alargó indefinidamente.
Tras dos relaciones con españoles, hoy Luisa trabaja en una conocida agencia inmobiliaria sueca con sede en España y habla castellano con total fluidez. Se siente plenamente integrada y disfruta de sus rutinas, como acudir cada sábado a su bistró favorito en el Paseo Marítimo de Torremolinos.
"Casi todos los sábados me siento aquí y pienso: 'Dios mío, lo estoy pasando tan bien'. Después de 27 años, todavía no me he cansado de ello", afirma en una entrevista con Sydsvenskan, un medio de su país natal.
¿Es siempre "color de rosa" la integración?
A pesar de su felicidad, Luisa es realista sobre los obstáculos que encuentran los extranjeros para integrarse de verdad en la sociedad local.
"Es muy difícil, sobre todo si no dominas el idioma. A menudo terminas juntándote con otros que también se han mudado. Los españoles se criaron aquí. No necesitan conocer a los suecos", sostiene.
Esta percepción coincide con los estudios de Annie Woube, una profesora de etnología que ha analizado la vida de los suecos en Fuengirola.
En su investigación, Woube concluye que, incluso hablando bien el idioma, pagando impuestos y participando en la comunidad, a muchos se les sigue considerando "extraños".
Annie Woube es una profesora de etnología, quien realizó un trabajo de campo entrevistando a suecos que viven en Fuengirola, al oeste de la Costa del Sol. Una de las conclusiones de dicho estudio es que nunca fue posible deshacerse del estigma de ser turista y extranjero.
"Casi todos los que entrevisté hablaban bien español y estaban bien integrados en la sociedad. Todos en edad laboral tenían un trabajo. Pero por mucho que pagaran impuestos y estuvieran en asociaciones de vivienda, se les consideraba extraños", explica Woube.
