María, jubilada, cobra 700 euros: "Al teatro no puedo ir porque son 60 euros"
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María, jubilada, cobra 700 euros: "Al teatro no puedo ir porque son 60 euros"

"No me extraña que los jóvenes cuando sean mayores no vayan a tener”.

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La jubilación marca una etapa de la vida en la que, la rutina laboral queda atrás y aparece una sensación de libertad que permite reorganizar el tiempo según los propios deseos y prioridades. Para muchos, es la oportunidad perfecta para viajar sin prisas, descubrir nuevos lugares o retomar destinos que siempre habían quedado pendientes. 

Otros prefieren dedicar ese tiempo a la familia, disfrutando de momentos que antes resultaban difíciles de encajar entre horarios y obligaciones. También hay quienes aprovechan esta etapa para profundizar en aficiones que habían quedado relegadas o para explorar intereses completamente nuevos.

La jubilación, en definitiva, se convierte en una etapa para reconectar con uno mismo, recuperar energías y construir una vida más acorde con lo que realmente apetece y motiva. Sin embargo, hay personas que al jubilarse se quedan con una pensión que no les da ni para ir al teatro.

Las pensiones en España

La pensión media de jubilación, que perciben más de dos tercios del total de pensionistas (6,6 millones de personas), se sitúa en 1.563,6 euros mensuales según datos de la Seguridad Social. Sin embargo, esta cifra esconde una realidad mucho más dura y es que miles de jubilados no llegan siquiera a los mil euros. 

Para algunos pensionistas, es una aspiración inalcanzable llegar a esas cifras o incluso a los 1.000 euros mensuales. “Ojalá”, dice María con una media sonrisa resignada a las cámaras de Antena 3 ya que, estando jubilada, vive con apenas 700 euros al mes. 

No pide ayuda a sus hijos y se las ingenia para llegar a fin de mes con pequeños trucos de supervivencia cotidiana. “Al teatro no puedo ir porque son 60 euros. Al cine sí, porque me cuesta dos”, explica. Los viajes quedan reducidos a visitas puntuales a amigas en Fuengirola o Barcelona, y la “sopa de ajo” se ha convertido en uno de los pilares de su economía doméstica.

Mujeres con carreras laborales invisibles

María no es una excepción. A su lado está Beatriz, que cotizó durante 32 años limpiando colegios y cobra 840 euros mensuales. También Carmen, que suma 980 euros entre su pensión y la de viudedad, aunque la suya propia no llega a 300. Empezó a trabajar con solo 11 años y pasó por fábricas, despidos por embarazo, limpieza de escaleras y, durante los últimos doce años, el cuidado de su madre y su suegra, ambas con Alzheimer.

Historias como la de Carmen reflejan la realidad de muchas mujeres que encadenaron trabajos precarios, en muchos casos sin cotizar, y asumieron cargas familiares que las alejaron del mercado laboral formal. Esto se ve reflejado en los datos donde las mujeres cobran de media un 31 % menos de pensión que los hombres según USO.

Los otros afectados: los autónomos y jóvenes

La precariedad también golpea con fuerza a los antiguos autónomos. Máximo, pescadero jubilado, cobra 800 euros al mes. “Gracias a Dios tengo la casa pagada, si no me moriría de hambre”, reconoce sin rodeos. Eduardo, carpintero de profesión, percibe 980 euros, aunque parte de su pensión está embargada para el pago a su exmujer. “¿Satisfecho? No tengo más remedio, pero no lo estoy”, afirma con resignación.

La vivienda en propiedad es, para muchos de ellos, el único salvavidas. Sin hipoteca ni alquiler, logran estirar pensiones que de otro modo serían insuficientes incluso para cubrir alimentación y suministros básicos.

Pese a las dificultades, Carmen se siente en cierto modo privilegiada al comparar su situación con la de los jóvenes actuales. “Empiezan a trabajar mucho más tarde y con empleos precarios. No me extraña que cuando sean mayores no vayan a tener”, reflexiona. Su visión apunta a la base de la pirámide generacional es cada vez más estrecha, lo que amenaza la sostenibilidad futura del sistema de pensiones.

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Soy madrileña, pero con raíces en Castilla-La Mancha. Estudié Periodismo en la Universidad Ceu San Pablo, aunque siempre digo que mi verdadera escuela ha sido El HuffPost, el lugar donde escribí mis primeras líneas como periodista. Empecé como becaria y ahora colaboro en este medio que me ha visto crecer.


Mi pasión por el periodismo nació en la infancia, cuando dibujaba las portadas de los medios deportivos y soñaba con convertirme en una de aquellas reporteras que veía en la televisión.

 


 

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