Contradicciones en la Casa Blanca; ¿respuestas contradictorias en la UE?
"Responder con claridad, contundencia, firmeza y proporcionalidad ante cada envite no deseado y menos aún provocado, venga de donde venga. Es la obligada hoja de ruta hacia la maduración largamente esperada de esa voluntad de ser y hacer".

El vértigo global impuesto por el año y medio transcurrido desde el comeback de Donald Trump a la Casa Blanca escapa no ya a la razón sino a la retina, al menos la que solíamos emplear para seguir la secuencia de los acontecimientos de la política internacional. Prescindiendo aquí del comentario crítico a la brutalidad de su política interior (y las protestas desatadas por las acciones del ICE).
No es fácil tampoco explicar la cascada de contradicciones espasmódicas del presidente de EEUU en la relación transatlántica, expresadas con una chocante exhibición de burdo e infantil desparpajo, con un lenguaje que mezcla ofensas y agresividad. En ellas se asienta la percepción de que nos hemos abismado a una era en la que los rasgos caracterológicos en los liderazgos -factor personalidad- determinan el comportamiento de los grandes actores globales con una intensidad desconocida para las generaciones vivas.
En este invierno de nuestro descontento, el guion descrito por Trump en su salida de Davos -según el cual, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, le había ofrecido un "Deal" de garantía militar de su presencia a su perpetuidad en la isla ártica- continúa a estas alturas sin ser aclarado en sus detalles, dato este que dispara por sí solo la preocupación general sobre la coordenada psíquica de la gestualidad bravucona y despectiva de Trump.
Sin embargo, sólo es cierto que, como ha subrayado la Primera Ministra danesa Mette Frederiksen, ni Rutte tiene mandato para acordar nada sobre Groenlandia, ni la presencia militar del US Army en Groenlandia requería de ningún nuevo "Deal" ya que todavía está vigente el Acuerdo militar de 1951, el nivel de despliegue del mismo depende de EEUU. Las trazas de esta escalada en el invierno de nuestro descontento han servido, por un lado, para tensionar como nunca a la Organización Atlántica, y por el otro, para evidenciar las fisuras de la confianza a ambos lados del Océano. Esto ha expuesto de una forma humillante, el papel del secretario general Rutte como obsecuente embajador de Trump ante los restantes 31 socios de la Alianza, amonestándolo para reconocer cuánta gratitud debemos a su paraguas nuclear y a la presión que ejerce para que todos los demás aumenten linealmente sus Presupuestos de Defensa hasta alcanzar un 5% de sus respectivos PIB.
En cuanto a la UE, parece innegable que el aldabonazo de este episodio Groenlandia -carente de precedentes en tantos registros distintos (nunca habíamos presenciado ni imaginado nada así)- ha producido el efecto de una pedrada en la cabeza de un saurio de reacciones lentas.
Inevitablemente, han resonado en el PE las herramientas disponibles para mostrar de una vez que la UE no es inane ni puede ser abusada: desde la suspensión del bochornoso y desigual “acuerdo” arancelario firmado por Von der Leyen y Trump en su campo de golf de Escocia a la activación de la cláusula de defensa mutua y colectiva del art.42.7 TUE (réplica del artículo 5 del Tratado de Washington fundacional de la OTAN), pasando por la activación del Reglamento Anticoerción aprobado en 2023. Esa toolbox puede ampliarse con la palanca financiera de los bonos de deuda pública de EEUU en manos de entidades europeas e invitando a desertar del dólar como moneda de reservas.
Con todo, si hay un escenario en que la UE puede elevar su apuesta por la relevancia global ese es el de la apertura a los mercados globales como un actor confiable. Tras 25 años de negociaciones sin tregua, con todas las garantías para los sectores sensibles y con “cláusulas espejo” que aseguren reciprocidad en estándares de calidad y sostenibilidad, Mercosur es una apertura en esa dirección, obligada, ante las turbulencias que llamamos “geopolíticas”: El Acuerdo UE/India, tras una negociación asimismo prolongada hasta la extenuación, indica también la voluntad de dar señales de vida más allá de las fricciones del momento transatlántico.
Nunca como en este año y medio se habían escuchado en el PE tantas voces advirtiendo de la inutilidad -si es que no autolesividad- de todo apaciguamiento frente a matones de barrio; la historia del siglo XX arroja lecciones inapelables para la conciencia europea. Ante quienes se desprenden de cualquier vinculación con reglas generalmente aceptadas e invocan su “propia moral” como única fuente y como límite exclusivo de sus acciones, solo resta acelerar, decimos muchos en el PE, el ritmo y la velocidad de las medidas tendentes a proseguir la ruta de las ambiciones proclamadas. La alegada "autonomía estratégica" no se declama; se ejerce, o no resultará, de otro modo, creíble ni eficaz.
Pero en eso estábamos: dos, digámoslo así, escuelas de pensamiento entrecruzan y contraponen en cada refriega política y cada Pleno de Estrasburgo; sus análisis del vértigo desatado por Trump y las respuestas oponibles. Los tres Grupos de ultraderecha, tan henchidos de “soberanismo” y “nacionalismo” reactivo frente a la globalización y contra la hegemonía de un pensamiento woke al que culpan de todos los males (¡con su delirante tesis de que la UE está gobernada por una “coalición progresista” de liberales e izquierdistas!).
Son los mismos que adulan a Trump, guardan silencio ante sus manotazos, contra lo que queda en pie de la malherida legalidad internacional, y ahondan en el “doble rasero” (Double Standard) que tanto critican quienes nos observan en la arena exterior y tanta desazón produce entre quienes esperan desde dentro, intramuros de la ciudadanía europea, una respuesta a la altura de nuestros discursos proclamados. Los Grupos proeuropeos de la Eurocámara, entre los que sin equívoco se sitúa S&D, la socialdemocracia europea, exigen, en cambio, responder.
Responder con claridad, contundencia, firmeza y proporcionalidad ante cada envite no deseado y menos aún provocado, venga de donde venga y como quiera que venga. Es la obligada hoja de ruta hacia la maduración largamente esperada de esa voluntad de ser y hacer que tanto se hace esperar.
Y mientras se hace esperar, cada debate es condición instrumental de esa voluntad de ser: el próximo Marco Financiero Plurianual 2028/2024 (“No se puede más con menos”); la Estrategia Rearm EU (no basta con incrementar los 27 Presupuestos Nacionales: es imprescindible avanzar en interoperabilidad, acción conjunta, ciberseguridad, drones, inteligencia); y las llamadas “Leyes Omnibus” (“simplificar” en ningún caso equivale a validar la falsa narrativa de la UE como un “monstruo burocrático”, ni a “desregular” ni rebajar nuestros estándares para apaciguar, de nuevo, a los gigantes de la red y a la tecno-oligarquía que nos impone con sus algoritmos sus modelos de negocio).
