Regala 20 euros a una persona mayor que no podía pagar su compra en el supermercado: "No le había llegado su pensión"
Un gesto de solidaridad que alivió a un anciano desconcertado.

En un mundo marcado por la crudeza de las guerras, la escalada constante de los precios y una sensación creciente de individualismo, los actos de solidaridad más sencillos adquieren un valor enorme. Cuando parece que los gestos desinteresados escasean, pequeñas acciones cotidianas recuerdan que la empatía sigue viva y que todavía hay personas dispuestas a mirar al otro y tender la mano sin esperar nada a cambio.
Esto fue lo que ocurrió en el centro comercial Baronie, en la ciudad neerlandesa de Alphen aan den Rjin, donde un gesto espontáneo de solidaridad devolvió la tranquilidad a una persona mayor que se encontraba desorientada. Un hombre presentaba dificultades para afrontar una situación cotidiana, necesitando apoyo inmediato para poder seguir adelante en un momento de especial vulnerabilidad.
El anciano se encontraba en el cajero automático del vestíbulo del centro comercial, cuando intentaba sacar dinero para pagar su compra y, visiblemente nervioso, explicaba que todavía no había recibido el ingreso de su pensión, una situación que le impedía disponer de efectivo suficiente para afrontar los gastos más básicos. En ese momento, Ilona Dekker pasaba por allí y no dudó en detenerse para ofrecerle su ayuda.
“No fue un problema ayudarlo”
La joven decidió preguntar al anciano qué le ocurría. “Me dijo que aún no le había llegado su pensión. Con dos billetes de 5 euros, le costaba hacer la compra”, explica Ilone en declaraciones recogidas por AD. Ante esta situación, la joven le ofreció primero 10 euros y acabó entregándole 20. El hombre, según la testigo, quedó completamente desconcertado y agradecido.
En su intervención, Ilone explicó que el dinero que entregó procedía en parte de un reembolso reciente y que ella misma recibe pequeñas pensiones complementarias, de unos 4,50 euros al mes, por lo que “no fue un problema ayudarlo”. El gesto en el cajero fue, por tanto, una pequeña pero decisiva ayuda en un momento crucial, que volvió a poner de relieve la importancia de la solidaridad cotidiana frente a las dificultades silenciosas que atraviesan muchas personas mayores.
La anécdota pone de manifiesto un problema concreto para algunos jubilados. Aunque en los Países Bajos la pensión estatal se ingresa en fechas fijas cada mes, la hora exacta en que el dinero aparece en la cuenta puede variar según el banco y el calendario de pagos. Esto puede provocar momentos puntuales de falta de liquidez para quienes viven con recursos muy ajustados. Este tipo de historias recuerdan que la solidaridad cotidiana sigue siendo un factor que alivia, aunque sea momentáneamente, las dificultades de estas personas mayores.
