Michele, sin techo de 57 años: "Me cuesta entrar en las residencias ya que no tengo ninguna adicción"
"No soy menos valioso que los demás".

El derecho a una vivienda digna es una reivindicación que está a la orden del día, ya que la emergencia habitacional es ya, sin duda, uno de los problemas más importantes en Europa. Con unos precios que cada vez son menos accesibles esta grave situación deja como consecuencias casos como el de Michele Mingardi, un hombre italiano de 57 años que se ha visto obligado a vivir en una tienda de campaña en un túnel.
Mingardi, tras pasar una vida dedicada al trabajo, primero como agricultor y luego como metalúrgico, se ha visto ahora, a sus casi 60 años, obligado a vivir en una tienda de campaña instalada debajo de un túnel, rodeado de cajas y contenedores donde intenta guardar todas sus pertenencias.
Todo sucedió demasiado rápido
Su historia es la de una rápida cadena de acontecimientos que lo llevaron al abismo: la imposibilidad de renovar su contrato de trabajo, la jubilación forzosa cuando estaba a punto de cumplir nada menos que 43 años de cotizaciones y la pérdida de su casa cuando falleció su casera y sus descendientes decidieron vender el apartamento en el que Michelle vivía.
"Mucha gente se pregunta a menudo cómo terminé aquí", dice el italiano, quien recuerda con angustia que "todo sucedió demasiado rápido". "Esto no es una elección de estilo de vida, sino una situación en la que me encontré", explica Mingardi según recoge Bresciaoggi.
Sobrevivir en la calle
La vida diaria de Michele últimamente ha sido dura: frío, niebla, lluvia, el ruido de los camiones que pasan todo el día e incluso de noche. Michele ya no puede dormir, solo intenta descansar. Y tampoco vive, sino que se ha acostumbrado a sobrevivir.
“En diciembre tuve fiebre durante más de tres semanas seguidas. Pero ante la posibilidad de ser hospitalizado, tuve miedo, porque sabía que no podía dejar atrás todo lo que tengo y que está aquí conmigo”, relata, haciendo referencia a sus pertenencias, apiladas en varias cajas de cartón.
El abandono
Pese a que su situación es absolutamente devastadora, el italiano afirma que vivir en la calle no es lo peor de todo. “Lo peor es la sensación de abandono y de soledad. Soy una persona. No soy menos valioso que los demás", comenta Mingardi justo antes de contar su aterradora rutina diaria.
Michelle recuerda con amargura los frecuentes insultos que recibe de los transeúntes: la insensibilidad de tanta gente y la falta de empatía y de humanidad le duele más que los profundos cortes que el frío le ha provocado en las manos.
Además, parece que las instituciones tampoco están de su parte o, al menos, no con la celeridad que deberían. "Me cuesta entrar en las residencias ya que no tengo ninguna adicción y no necesito tratamiento inmediato”, explica el italiano, quien mantiene contacto frecuente con los servicios sociales.
Una única petición
“Solo tengo una petición: un lugar para vivir solo, para recuperar mi independencia y dignidad”, expresa Mingardi, comentando que su única esperanza es que le garanticen el derecho a una vivienda, un par de paredes y un techo que serían un nuevo comienzo para él y que supondrían la reanudación de una vida que hoy está suspendida en un frío y oscuro túnel.
Aún así, a Michele aún le quedan fuerzas para el agradecimiento. "Estoy agradecido a todos los que me han ayudado durante estas semanas. Agradecido a quienes me traen té caliente, a quienes me proporcionaron una tienda de campaña", concluye.
