Sylvia (56), nueve años en la misma empresa, sobrevive robando en la nevera de su oficina: "Es mi forma de devolvérsela a mis jefes"
Lo que empezó como algo puntual se convirtió en rutina. Calcula que así ahorra entre 80 y 120 euros al mes en compra, dependiendo de la semana.
La eterna "lucha" entre el trabajador y la empresa. Ambos siempre piden más y ambos buscan "compensar". Es el caso de Sylvia, de 56 años, que lleva casi una década en la misma empresa, y no es aislado. Desde hace más de un año, reconoce que se lleva comida de la nevera de la oficina para cenar en casa. "Es mi forma de devolvérsela a mis jefes", admite. No lo vive como un robo, sino como una compensación silenciosa tras años sin subida salarial y con el coste de la vida disparado.
Sylvia tiene contrato estable, cumple horarios y nunca ha tenido problemas disciplinarios. Pero asegura que su sueldo lleva congelado tres años. Mientras tanto, los precios de los alimentos han subido con fuerza en España.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación de los alimentos llegó a superar el 15% interanual en 2023 en algunos meses, uno de los niveles más altos de la serie reciente. Aunque en 2024 y 2025 se ha moderado, el encarecimiento acumulado sigue pesando en los bolsillos.
Comida gratis en la empresa… y una línea gris
En su oficina, como parte de los beneficios laborales, la empresa repone alimentos dos veces por semana. Hay ensaladas, wraps, fruta, sopas, hummus o frutos secos. Todo pensado para el almuerzo y las pausas. Cada viernes, cuenta, parte de esa comida acaba en la basura.
Ahí es donde Sylvia encontró su "zona gris". Después de comer, aprovecha momentos en los que la cafetería está vacía para guardar en el bolso una sopa, algo de ensalada o frutos secos. Lleva incluso pequeños recipientes para evitar derrames. Lo que empezó como algo puntual se convirtió en rutina.
"No vacío la nevera ni dejo sin comida a nadie. Pero si sé que el viernes se va a tirar, prefiero llevármelo", explica. Calcula que así ahorra entre 80 y 120 euros al mes en compra, dependiendo de la semana. Para alguien que vive sola y paga alquiler, suministros, seguro e impuestos con un único sueldo, esa cifra es relevante.
El contexto económico: salarios que no siguen el ritmo
El malestar de Sylvia se apoya en un dato estructural: la pérdida de poder adquisitivo. De acuerdo con el INE, los salarios pactados en convenio crecieron en 2022 y 2023 por debajo de la inflación media en varios periodos. Eso significa que, en términos reales, muchos trabajadores cobraban lo mismo o más en euros, pero podían comprar menos.
El propio Banco de España advirtió en distintos informes anuales de que la inflación erosionó el poder de compra de los hogares, especialmente en productos básicos como alimentación y energía. Para los hogares unipersonales, el impacto es mayor porque no pueden repartir gastos.
Sylvia intentó negociar una subida. La respuesta fue la misma tres años seguidos: "quizás el año que viene". Tras la última conversación, dice que se sintió infravalorada. Fue entonces cuando empezó a llevarse comida de forma sistemática.
¿Robo o beneficio mal entendido?
Desde el punto de vista legal, la cuestión no es menor. Aunque la comida esté destinada a los empleados, suele limitarse al consumo en horario laboral. Sacarla fuera podría interpretarse como apropiación indebida si la empresa lo prohíbe expresamente en su normativa interna.
Sylvia lo ve de otra forma. "Es para empleados y yo soy empleada. Solo extiendo el uso unas horas más". Reconoce que a veces siente culpa, pero que se le pasa cuando revisa su cuenta bancaria o mira el ticket del supermercado.
No todos estarían de acuerdo con su interpretación. Expertos en derecho laboral recuerdan que los beneficios sociales forman parte de la política interna de la empresa y su uso indebido puede acarrear sanciones disciplinarias si así se recoge en el convenio o en el reglamento interno.
Un síntoma más de malestar laboral
Más allá del caso concreto, la historia refleja un clima de desafección. Según datos del Eurobarómetro y estudios sobre el clima laboral en Europa, la percepción de estancamiento salarial y la falta de reconocimiento son dos de los principales factores de insatisfacción entre trabajadores de más de 50 años.
Sylvia no plantea seguir así para siempre: "El día que me suban el sueldo, paro". Hasta entonces, considero que esos tuppers discretos son un pequeño respiro mensual.