Un arqueólogo asegura que hay cientos de barcos hundidos en el Pacífico con toneladas de oro que nadie quiere rescatar
Una investigación de la Universidad Nova de Lisboa data y certifica miles de naufragios en aguas de Portugal y abre una amplísima vía de estudio sobre tesoros hundidos.

El profundo —nunca mejor dicho— mundo de los tesoros submarinos ha entrado en una nueva dimensión gracias a un estudio de la Universidad Nova de Lisboa.
El trabajo detalla que las aguas que rodean a Portugal acogen, desde tiempos inmemoriales cientos y cientos de barcos hundidos con sus correspondientes cargas de oro y otras riquezas, provenientes de la actividad comercial que tanto marcó el mercado portugués.
Como informa el medio Cronista, se trata de uno los patrimonios de arqueología subacuática más extensos de Europa. La investigación ha detallado hallazgos desde la costa continental hasta llegar a los archipiélagos de las Azores y Madeira.
La Universidad Nova de la capital de Portugal cita metales preciosos como uno de los principales 'contenidos', si bien el contenido exacto de todas las embarcaciones hundidas aún es objeto de estudio.
El problema que recoge el medio es que los expertos en arqueología submarina denuncian que en Portugal, y en otras partes, sigue sin existir una estrategia clara para gestionar la conservación y rehabilitación del patrimonio hundido.
Por ello, al hallazgo de la universidad le ha seguido un continuo de dudas sobre qué hacer con los barcos descubiertos... y qué pudo pasar en cada uno de estos casos.
En cerca de 25 años de trabajo, el arqueólogo submarino Alexandre Monteiro, investigador de la Universidad Nova de Lisboa, ha identificado un total de 8.620 barcos hundidos en aguas portuguesas, lo que da buena medida de la importancia del comercio en el país luso. De todos ellos, cerca de 7.500 se ubican frente a la costa, por unos 1.000 cerca de las Azores y otros 120 de Madeira.
El grueso de los ahora localizados se corresponderían con la era de la exploración marítima y del comercio transatlántico, por lo que los especialistas los datan entre los siglos XVI y XVIII.
