Despiden a un cartero tras casi 42 años por subir paquetes a los pisos para evitar robos en los portales
El trabajador asegura que siguió entregando los paquetes puerta a puerta pese a las instrucciones internas porque quería proteger a los clientes.

Una buena obra que provoca un despido. El mundo al revés, pero a veces las normas no casan con la lógica y el buen hacer. Que se lo digan a este cartero despedido tras casi 42 años por algo tan "terrible" como subir los paquetes a los pisos y así evitar que los robaran al dejarlos en el portal.
Tras más de cuatro décadas repartiendo cartas y paquetes, Jean-Daniel pensaba que terminaría su carrera profesional de otra manera. Sin embargo, este cartero suizo de casi 60 años ha sido despedido tras décadas de servicio por una razón que ha generado un intenso debate: seguir entregando personalmente los paquetes en los pisos de los destinatarios, en contra de las directrices de la empresa.
Según ha relatado al diario suizo 24 heures, la decisión se produjo después de que ignorara deliberadamente varias instrucciones internas que establecían procedimientos de entrega más rápidos y estandarizados.
Su argumento era sencillo: dejar los paquetes en portales y zonas comunes aumentaba el riesgo de robos. Por eso decidió continuar subiéndolos hasta las viviendas de los clientes.
"Lo hacía por los usuarios"
Jean-Daniel sostiene que su actuación siempre tuvo como objetivo proteger a los destinatarios y garantizar un mejor servicio.
Durante años observó cómo aumentaban las denuncias por desapariciones de paquetes en edificios de apartamentos y consideró que la mejor solución era continuar realizando entregas directamente en las viviendas cuando era posible.
Según su versión, conocía perfectamente que la empresa quería agilizar las rutas y reducir los tiempos de reparto, pero entendía que la calidad del servicio debía seguir siendo prioritaria. Esa decisión acabó enfrentándolo con la dirección.
Un conflicto que va más allá de un paquete
El caso ha adquirido una dimensión mayor porque coincide con un periodo de profundas transformaciones en el sistema postal suizo.
Al igual que ocurre en numerosos países europeos, el correo tradicional disminuye año tras año mientras el volumen de paquetes procedentes del comercio electrónico sigue creciendo.
Este cambio ha obligado a las empresas postales a reorganizar sus operaciones, optimizar rutas y aumentar la productividad de los repartidores.
Muchos trabajadores denuncian que estas transformaciones han incrementado la presión laboral. Jean-Daniel era además una figura activa dentro del sindicato y había criticado públicamente determinadas reorganizaciones que consideraba perjudiciales para los empleados.
El sindicato denuncia un despido abusivo
La organización sindical Syndicom ha salido en defensa del trabajador. Aunque reconoce que el cartero incumplió algunas directrices internas, considera que el despido resulta desproporcionado teniendo en cuenta su trayectoria profesional y las circunstancias del caso.
El sindicato ha calificado la decisión de abusiva y exige su reincorporación inmediata.
Además, ha anunciado su intención de llevar el asunto ante los tribunales laborales para intentar revertir la medida.
La empresa defiende sus normas
Por su parte, la empresa postal ha evitado pronunciarse específicamente sobre el caso concreto. No obstante, sí ha defendido la necesidad de aplicar procedimientos homogéneos para garantizar la eficiencia, la seguridad y la sostenibilidad del servicio.
Según la compañía, las nuevas directrices responden a los cambios que vive el sector y a la necesidad de gestionar un volumen creciente de envíos con recursos limitados.
También ha rechazado que el despido esté relacionado con la actividad sindical del trabajador.
El debate entre eficiencia y atención personalizada
El caso ha reabierto una discusión que afecta a numerosos servicios públicos y empresas logísticas en Europa. Por un lado, las organizaciones buscan reducir costes y adaptarse a un volumen cada vez mayor de entregas.
Por otro, muchos usuarios valoran precisamente el trato personalizado que históricamente ofrecían los carteros tradicionales. La cuestión de fondo es hasta qué punto un trabajador puede apartarse de las normas internas cuando considera que está actuando en beneficio del cliente.
Una profesión que ha cambiado radicalmente
La historia de Jean-Daniel refleja también la transformación de una profesión que ha cambiado profundamente en las últimas décadas.
El cartero que conocía a todos los vecinos, llamaba personalmente a cada puerta y mantenía una relación cercana con los residentes, ha ido dejando paso a modelos más automatizados y centrados en la eficiencia logística.
Para algunos, esa evolución es inevitable. Para otros, supone la pérdida de una parte importante del servicio público.
Mientras los tribunales deciden si el despido fue o no justificado, el caso de este repartidor suizo se ha convertido en símbolo de una pregunta cada vez más frecuente en muchos sectores: qué ocurre cuando un trabajador intenta ofrecer un servicio más personalizado de lo que permiten las normas de la empresa.
