Una IA que escucha a los tomates: el atlas sonoro creado en Valencia ya detecta cuándo una planta tiene sed o sufre un ataque de insectos
Los investigadores han recopilado 30.000 horas de grabaciones y 450.000 registros ultrasónicos de cultivos como los de tomate, pimiento, pepino, tabaco o soja.
Han logrado descifrar los ultrasonidos que emiten las plantas cuando tienen sed. Lo ha hecho un equipo científico del Instituto de Biología Celular y Molecular de Plantas (IBMCP) de la Comunidad Valenciana y con este avance han abierto, además, la puerta a sistemas de riego más eficientes, a una reducción del uso de fitosanitarios y a nuevas estrategias para combatir plagas agrícolas, según ha publicado Valencia Plaza.
El resultado de sus investigaciones ha sido el desarrollo del mayor atlas sonoro de cultivos del mundo, una base de datos que combina más de 30.000 horas de grabaciones y herramientas de inteligencia artificial para detectar cuándo una planta necesita agua o está siendo atacada por insectos.
Esta tecnología, que ha sido presentada durante las III Jornadas de Biotecnología, organizadas junto a Biovegen y la Fundación Grupo Cajamar, abre la puerta a sistemas de riego más eficientes, forma parte de una revolución biotecnológica que también incluye la edición genética de cultivos, el desarrollo de microorganismos mejorados y nuevas aplicaciones biomédicas obtenidas a partir de plantas.
El IBMCP, recientemente reconocido como centro de excelencia científica Severo Ochoa, trabaja ya en tomates más nutritivos, variedades de arroz más resistentes a enfermedades y plantas capaces de alertar visualmente cuando son infectadas por virus, consolidando a Valencia como uno de los principales polos de innovación biotecnológica de Europa.
Detrás de este avance se encuentra el proyecto PUA (Plant Ultrasound Atlas), impulsado por este instituto valenciano, que ha generado el mayor atlas sonoro de plantas del mundo. Los investigadores han recopilado más de 30.000 horas de grabaciones y cerca de 450.000 registros ultrasónicos de cultivos como tomate, pimiento, pepino, tabaco o soja. Cada sonido se acompaña de miles de datos sobre la variedad vegetal, la temperatura, la humedad ambiental, el estado del suelo o la concentración de CO₂, información que posteriormente es procesada mediante inteligencia artificial para identificar patrones y predecir comportamientos.
Pero las aplicaciones potenciales de este trabajo van mucho más allá de optimizar el uso del agua. Estos investigadores ya trabajan en sistemas capaces de detectar de forma temprana ataques de insectos o enfermedades e incluso exploran la posibilidad de utilizar ultrasonidos para interferir en el comportamiento de determinadas plagas. Entre ellas figura la polilla Tuta absoluta, uno de los principales problemas del cultivo del tomate, cuya incidencia podría reducirse con métodos menos dependientes de productos fitosanitarios.
Este avance ha llegado en un momento clave para la biotecnología europea. La Unión Europea ultima una nueva regulación sobre las denominadas Nuevas Técnicas Genómicas (NGT), que permitirá agilizar el desarrollo de cultivos mejorados mediante herramientas de edición genética como CRISPR. Y, además, Bruselas está estudiando adaptar la normativa aplicable a microorganismos modificados para facilitar la llegada al mercado de una nueva generación de biofertilizantes, bioestimulantes y biopesticidas capaces de mejorar la productividad agrícola y reducir el impacto ambiental.
Así que este instituto valenciano parte ahora con una posición privilegiada para aprovechar este nuevo escenario. El centro, que ha sido recientemente distinguido con la acreditación Severo Ochoa, que es la máxima distinción científica que concede la Agencia Estatal de Investigación, trabaja en tomates más nutritivos y sabrosos, variedades de arroz más resistentes a enfermedades y a la sequía, plantas capaces de alertar visualmente de la presencia de virus e incluso tecnologías para producir compuestos de interés biomédico a partir de vegetales.