Sadie, farmacéutica, se jubila después de 75 años tras el mostrador: "No será lo mismo sin ella"
La mujer ha sido testigo de la vida de varias generaciones de familia.

Hay personas que no solo trabajan en un lugar, sino que acaban formando parte de su historia. Su presencia se vuelve rutina, recuerdo y referencia para un barrio entero. Cuando se van, no se cierra solo una etapa profesional, sino que también se mueve algo en la vida cotidiana de quienes durante años las saludaron al cruzar la puerta. Este es el caso de Sadie Jefferson, una de esas figuras que dejan huella sin proponérselo.
Tras más de siete décadas atendiendo a vecinos y visitantes en la farmacia Gordons Chemist de Main Street, en Portrush (Irlanda del Norte), Sadie ha decidido colgar la bata y poner fin a una trayectoria difícil de igualar. Comenzó a trabajar en el establecimiento en 1951, con apenas 15 años, cuando este se llamaba JGW Boggs Medical Hall. Desde entonces ha sido testigo de la transformación del negocio, de los cambios en la profesión farmacéutica y, sobre todo, de la vida de varias generaciones de familias que crecieron pasando por su mostrador.
"Conocí a muchos farmacéuticos maravillosos a lo largo de los años, pero para mí siempre fue la gente; algunas de las familias de este pueblo que conozco abarcan cuatro generaciones", asegura Sadie en declaraciones recogidas por la BBC. La mujer admitió que jubilarse después de tantos años le resultaba bastante extraño, pero dijo que había disfrutado muchísimo cada minuto que pasó en la tienda.
Un trabajo más artesanal
La propia Sadie ha explicado que aquel primer empleo fue casi una casualidad: vio un anuncio, su hermana le animó a presentar una solicitud y se acabó quedando. Recuerda que en aquellos años participaba en la dispensación de medicamentos cuando muchas preparaciones se hacían prácticamente desde cero y las recetas podían llegar en latín. Con el tiempo, la farmacia cambió, pero también lo hizo la manera en que el barrio veía a esta farmacéutica: como una mujer cercana, siempre dispuesta a ayudar.
Sadie cree que la razón por la que permaneció tanto tiempo fue por la gente con la que trabajaba y por los muchos clientes encantadores con los que hablaba con frecuencia. "Conozco a muchos de ellos desde que nacieron, y ahora algunos también se están jubilando", comentó. También recuerda haber echado una mano de forma altruista a vecinos recién llegados que todavía no dominaban el inglés.
Una figura histórica en la farmacia
Más allá del mostrador, Sadie también dejó huella fuera de la farmacia. "Todo el mundo quiere venir a saludar a Sadie", asegura Robert Gordon, fundador y propietario de Gordons Chemist. "Aunque no necesiten nada, Sadie parece tener una gran cantidad de seguidores que no ha dejado de crecer con los años”, añade, destacando el carácter amable de su empleada más longeva. No en vano, para muchos vecinos su presencia se había convertido en una parte más de la vida cotidiana del pueblo.
Aunque ahora comienza una nueva etapa en la que planea dedicar más tiempo a la jardinería, al patrimonio local y a disfrutar de sus amistades, su ausencia ya se nota entre quienes compartieron con ella tantos años de trabajo y conversaciones. "La calle principal no será la misma sin Sadie", reconoce Kathryn Dobbin, gerente interina de la farmacia Gordons Portrush, quien aseguró que fue un "enorme honor" haber tenido a Sadie Jefferson como compañera durante más de seis años.
