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25/11/2014 07:19 CET | Actualizado 24/01/2015 11:12 CET

I + D en España... ¡Apaga y vámonos!

Qué desperdicio la continua pérdida que se está produciendo con nuestro capital humano, una sangría que acabará costando más que nuestros mundialmente famosos aeropuertos sin aviones..., jóvenes que emigran para intentar subsistir en todos los ámbitos, la ciencia, entre ellos.

El Instituto Nacional de Estadística (INE), organismo de la Administración General del Estado, ha dado a conocer los datos provisionales del gasto de 2013 en I + D en España: 13.052 millones de euros (empresas + administración pública + enseñanza superior), que equivalen al 1.24% del Producto Interior Bruto (PIB). El colectivo español de investigadores e investigadoras es de 123.582 personas en equivalencia a jornada completa en el año, lo que supone un 7.2 por mil de la población total ocupada. Con estos datos, España ostenta una penosa posición 17 en el ranking de I+ D de la Unión Europea, en la que -¡a pesar de la crisis!- el índice medio de inversión en I + D ha subido del 2,01% en 2012 al 2, 06% en la actualidad.

Veamos cuáles son los datos del propio INE para los dos años anteriores: 13.392 millones de euros en 2012, equivalentes al 1.30% del PIB, con un total de 126.777 investigadores; y 14.184 millones de euros en 2011, equivalentes 1.33% del PIB, con un total de 130.235 investigadores.

Independientemente de la inexorable disminución de los valores absolutos invertidos y de sus correspondientes porcentajes, que prosiguen desde hace ya tiempo una suicida carrera descendente, las cifras no engañan y son muy elocuentes: sólo en los dos últimos años, el número de científicos españoles ha disminuido en 6653 personas.

¿Menos "vocaciones" científicas, más éxodo de cerebros?

Qué desperdicio la continua pérdida que se está produciendo con nuestro capital humano, una sangría que acabará costando más que nuestros mundialmente famosos aeropuertos sin aviones..., jóvenes que emigran para intentar subsistir en todos los ámbitos, la ciencia, entre ellos.

Hablo con conocimiento de causa. Tengo un hijo que hizo todos sus estudios en Barcelona, Biología en la UAB y el doctorado en la UPF. Entre todos -a familia y el erario público- hemos financiado sus estudios desde el bachillerato hasta el doctorado. ¡Una inversión notable! Una vez llegado a este nivel, y como es casi preceptivo en el mundo de la ciencia, decidió realizar un postdoc en el extranjero, concretamente en California, con la idea de pasar unos cuantos años para alcanzar el necesario nivel de excelencia que la ciencia requiere y luego regresar e insertarse en el sistema científico español. Dentro de unos meses se cumplirán diez años desde que se fue, hoy ya es residente estadounidense. ¿Volverá? Es muy posible que no, al menos en un futuro a corto o medio plazo.

Ha hecho y continúa haciendo investigación puntera en diagnóstico y tratamiento de melanoma y otros tumores sólidos en la University of California -San Francisco y en elCalifornia Pacific Medical Center. ¿Quién se beneficia de aquellos largos años de inversión privada y pública hecha en su formación en Cataluña? Sin duda, en primer lugar, él mismo, ya que tiene un trabajo bien remunerado, bastante estable, con proyección de futuro y en un entorno social y cultural que le hace la vida cotidiana agradable y llena de autoestima profesional. Pero, quién más se beneficia y se beneficiará en el futuro inmediato- ¡sin invertir ni un euro en su formación! -es la sociedad norteamericana. Un amigo suyo -valenciano, ahora también californiano- ha patentado un modelo animal para la investigación médica y hoy ya es empresario-emprendedor. Además de científico, genera conocimiento y riqueza para... la sociedad y economía norteamericana.

¡Qué lástima que todo esto no lo puedan desarrollar en España!

Mientras tanto, Carmen Vela, nuestra secretaria de Estado de Investigación, se lamenta ahora de que "nos costará muchos años recuperar el nivel de inversión perdido en I+D+i", pero hace algún tiempo consideraba que "nuestro sistema no justifica formar a tantos investigadores".

¡Qué fracaso! ¡Qué desastre!

Es la parte más dramática de la situación, porque además supone en gran medida un derroche increíble de nuestra propia inversión en talento. Educamos a una parte de nuestra juventud y cuando están en disposición de devolver la inversión realizada y su traslación al desarrollo e innovación de nuestra sociedad y economía, estos réditos van a parar a los países y economías que los acogen, que obviamente no han invertido nada en su formación. Si la situación fuera provisional y en un futuro no muy lejano pudieran volver, estaríamos todavía a tiempo de invertir esta ineficaz y ruinosa reacción en cadena, pero parece claro que con esta curva claramente descendente de datos del propio INE no será posible. ¡Vaya negocio! Estamos destinados a ser una sociedad de servicios, sin mucho valor añadido. ¿California o Florida? Parece claro, España opta por el modelo de Florida: parques temáticos, turismo, acogida y servicios para jubilados.... Poco valor añadido, salarios bajos, empresas de competencia baja, paro estructural, falta de oportunidades y un largo etcétera negativo.

La ecuación, vista con perspectiva de estos últimos años, da un resultado catastrófico para el presente y, sobre todo, para el futuro de España en el contexto de la transición que está realizando el mundo a las oportunidades de la sociedad del conocimiento, oportunidades que nos estarán vedadas. Año tras año, cada vez socialmente menos competentes y económicamente menos competitivos... Como se dice popularmente: "¡Apaga y vámonos!"