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EEUU ya tiene quien investigue a Trump sobre Rusia: Robert Mueller, el hombre que reformó el FBI

Fue marine, abogado y fiscal de Homicidios y gusta hasta a los demócratas.

18/05/2017 09:06 CEST | Actualizado 18/05/2017 09:07 CEST
REUTERS
Robert Mueller jura antes de testificar ante un comité del Senado de EEUU en septiembre de 2008.

Robert Mueller, el hombre que reformó en FBI en la era Bush, vuelve ahora como fiscal especial para supervisar la investigación de la agencia sobre los nexos entre la campaña de Donald Trump y Rusia.

Su nombramiento no ha sido ordenado por el presidente sino por el Fiscal General interino, Rod Rosenstein, que sustituye temporalmente al destituido James Comey al frente del FBI. De hecho, la única respuesta de la Casa Blanca ha sido una nota oficial de cinco líneas en la que Trump dice esperar "que esta cuestión sea concluida rápidamente".

El nombramiento de un investigador especial suele ser excepcional porque el elegido está dotado de amplios poderes y gran independencia. Se lo designa cuando hay sospechas de que existen conflictos de interés que podrían socavan una investigación normal porque atañe a instituciones claves del poder.

Un investigador especial no está obligado a mantener informados a sus superiores de cada una de las etapas de su investigación, aunque teóricamente se mantiene subordinado al ministerio de Justicia y al propio presidente. El ministro de Justicia no tiene por qué justificar sus criterios a la hora de nombrarle pero tiene el derecho de oponerse a sus actos y en cualquier momento puede revocarlo.

Uno de los fiscales más conocidos es Archibald Cox, que investigó el espionaje al Partido Demócrata en su sede Watergate. Como él, Mueller podrá crear comisiones rogatorias y exigir más recursos para investigar, pero deberá advertir al secretario sobre las iniciativas importantes que prevé tomar.

Los líderes demócratas en el Senado y la Cámara de Representantes, Chuck Schumer y Nancy Pelosi,, han celebrado la decisión del departamento de Justicia de establecer una Fiscalía especial y han definido a Mueller como un "funcionario público respetado con la más alta integridad".

No obstante, Schumer ha advertido de que Mueller "todavía estará en la cadena de mando bajo el liderazgo del departamento de Justicia, designado por Trump" y que "no puede sustituir a una comisión externa e independiente que estaría completamente libre de la intromisión del Gobierno".

MUELLER, EL AMIGO DE JAMES COMEY QUE CAMBIÓ EL FBI

Mueller nació hace 72 años en Nueva York y asumió la dirección del FBI una semana antes del 11 de septiembre de 2001 y reformó este organismo para evitar su ruptura tras los atentados. Barack Obama prorrogó dos años su jefatura en 2011, al cumplirse su mandato de una década al frente de la oficina.

Su nombramiento ha tranquilizado a la oposición demócrata, que desde hace semanas presionaba al Gobierno para que designase a alguien externo al círculo de Trump para una investigación que ha convertido Washington en una tormenta permanente.

Mueller y James Comey, el director que le sucedió en 2013 al frente del FBI y que Trump destituyó la semana pasada, son cercanos. Cuando Comey, como fiscal general en funciones, se enfrentó en 2004 al entonces presidente Bush por los programas secretos de espionaje Stellar Wind del FBI y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), que consideraba inconstitucionales, Mueller se puso de su lado.

Conocido por su exigente gestión, Mueller recibe el crédito de haber salvado al FBI cuando muchos abogaban por crear un nuevo organismo de inteligencia después de que Al Qaeda destruyera las Torres Gemelas de Manhattan y parte del Pentágono en 2001, asesinando a casi 3.000 personas.

Mueller modernizó el FBI, convirtiéndolo en pieza angular de la inteligencia estadounidense actual. Su salida coincidió en el tiempo con la filtración masiva de Edward Snowden sobre programas de recopilación de datos telefónicos y digitales de la NSA a millones de usuarios dentro y fuera del país, programas que según Mueller evitaron al menos una docena de atentados terroristas.

FUE MARINE, ABOGADO Y FISCAL DE HOMICIDIOS

Como muchos en Washington, Mueller empezó en las Fuerzas Armadas, concretamente en el Cuerpo de Marines, uniforme con el que recibió varias condecoraciones tras combatir en Vietnam al frente de un pelotón de la Tercera División.

Graduado en la Universidad de Princeton, con un máster de la Universidad de Nueva York y doctor por la Universidad de Virginia, sus inicios como abogado litigante se encuentran en San Francisco (California) en 1973. Tres años después pasó al sector público, al servicio de la Fiscalía General de EEUU, primero en California, donde volvería entre 1998 y 2001 como jefe, y después en Boston, en 1986.

Con Bush padre en la Casa Blanca (1989-1993), Mueller tuvo su primera experiencia directa en el Gobierno como asistente del entonces fiscal general, Dick Thornburgh, y más tarde en la jefatura de la División Criminal del Departamento de Justicia, con casos como el del expresidente panameño Manuel Noriega o el del mafioso John Gotti.

Tras su paso por la firma de abogados Hale and Dorr entre 1993 y 1995, regresó al sector público como fiscal de la Sección de Homicidios en el Distrito de Columbia, dedicado al delito callejero. "¿De repente estaba haciendo crimen callejero? Crimen callejero, literal. Es inagotable. Es la encarnación de la integridad", ha relatado a The New York Times Preston Burton, un colega de aquella época.

Esa integridad es la que le ha servido como aval, a sus 72 años, para ser elegido supervisor de la delicada investigación que atormenta a Trump por los posibles vínculos de su campaña con funcionarios del Kremlin y cuyos hallazgos podrían costarle el puesto, si es sometido a un juicio político.

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