La joven salvadoreña Beatriz vivirá tras serle practica una cesárea

La joven salvadoreña Beatriz vivirá tras serle practica una cesárea

EFE

La joven salvadoreña Beatriz, de 22 años, ha ganado finalmente la batalla a la Constitución de su país. Embarazada de 24 semanas y con una gestación de alto riesgo, la mujer estaba a la espera de un permiso del Gobierno para abortar. Los médicos practicaron el pasado lunes una cesárea a la joven, gravemente afectada de patologías renales y lupus.

La niña que esperaba nació anencefálica (sin cerebro) y con otras anomalías graves, por lo que murió cinco horas después de la intervención.

La ministra de Salud de El Salvador, María Isabel Rodríguez, detalló que la cesárea comenzó alrededor de las 14.00 horas del lunes (22.00 horas en España) y que la decisión se tomó porque había riesgo de que Beatriz sufriera una rotura del útero.

La joven continúa ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Maternidad en San Salvador, donde se recupera "satisfactoriamente", según el diario salvadoreño La Página.

EL GOBIERNO DA SU APROBACIÓN

El Gobierno autorizó el pasado viernes un parto inducido, conforme al mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), que urgió a "adoptar y garantizar, de manera urgente, todas las medidas necesarias" para "evitar daños irreparables a los derechos a la vida, a la integridad personal y a la salud" de Beatriz.

La CoIDH se pronunció pocos días después de que la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador denegara a Beatriz el amparo constitucional que había solicitado para someterse a un aborto terapéutico.

Los magistrados recordaron que en El Salvador la Constitución prohíbe el aborto terapéutico, ya que otorga protección a la persona humana "desde el instante de la concepción". "Los derechos de la madre no pueden privilegiarse sobres los del nasciturus, ni viceversa", dijeron.

La joven había demandado al director y al jefe del servicio de perinatología del Hospital Nacional de Maternidad, en el que está ingresada, por vulneración a sus derechos a la vida, a la integridad física y a la salud.

Sus abogados pretendían que el alto tribunal avalara una intervención médica para interrumpir la gestación, teniendo en cuenta que Beatriz padece lupus y otras complicaciones de salud que amenazan su vida y que el feto, al carecer de cerebro, no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir fuera del vientre materno.

Los médicos ya habían advertido el pasado 14 de abril que era necesaria la interrupción del embarazo porque, de lo contrario, Beatriz podía fallecer a causa de una hemorragia obstétrica grave, del agravamiento del lupus o del fallo renal que padece, o de una preeclampsia.