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12/01/2018 22:37 CET | Actualizado 12/01/2018 22:38 CET

Los 'Mindhunter' españoles: quiénes trabajan en buscar asesinos en serie

Mientras que en EEUU se creó un cuerpo específico en los años 70, a España no llegó hasta 2012.

Netflix

Edmund Emil Kemper mató a sus abuelos a tiros a los 15 años porque "quería ver qué se sentía al asesinar a su abuela". Después de pasar ochos años en un centro de internamiento volvió a asesinar. Esta vez a su madre. A martillazos. No quieran saber lo que hizo con su cuerpo después.

El caso de Kemper, al que se conocía como El asesino de las colegialas, es uno de los recogidos en la serie Mindhunter, la nueva ficción de Netflix que dirige David Fincher (Seven, Perdida) y que está basada en libro de Mark Olshaker y John E. Douglas Mind Hunter: Inside FBI's Elite Serial Crime Unit.

La serie está ambientada en los años 70, poco después de que en la vida de los estadounidenses irrumpiese Charles Manson, quien trajo a escena a un nuevo tipo de criminal hasta entonces poco conocido que se caracterizaba por la brutalidad con la que actuaba. Detrás de las víctimas de Manson surgieron un sinfín de preguntas que en ese momento no tenían respuesta y que gracias a los testimonios de otros asesinos en serie se pudieron llegar a resolver.

¿Qué hay detrás de estos criminales? ¿Nacieron así? ¿Se pueden prevenir sus comportamientos? ¿Cómo adelantarse si no sabemos lo que piensan?

En esa época y gracias a esos interrogatorios, los investigadores descubrieron que este tipo de asesinos tienen un patrón concreto que se puede desentrañar y que puede servir de guía en casos posteriores.

En la ficción de Netflix, los detectives Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) recorren Estados Unidos entrevistando a los asesinos en serie —término que se acuñó en esa época— más peligrosos del país, buscando las motivaciones, si las hay, que han llevado a estos hombres a cometer asesinatos indescriptibles. Hacen exactamente lo mismo que hacían los agentes del FBI John E. Douglas, en quien se basa el personaje de Ford y coautor del libro que inspira la serie, y Bill Tench, un sustituto ficticio de su pareja real. Se convirtieron en las primeras personas en sentarse y entrevistar a estos criminales para tratar de descubrir los motivos que les llevaban a actuar.

Este procedimiento se sigue utilizando hoy fundamentalmente en homicidios, en agresiones sexuales y en incendios, las tres escenas en las que se puede proyectar la personalidad del autor.

LOS MINDHUNTERS ESPAÑOLES

España también tiene sus Ed Kemper. Manuel Delgado Villegas, conocido como El Arropiero, confesó el asesinato de su novia en 1971 y el de 47 personas más entre 1964 y 1971. José Antonio Rodríguez Vega, alias El Mataviejas, abusó sexualmente de 16 ancianas en Cantabria entre 1987 y 1988.

Mientras ellos mataban, la unidad americana para atrapar a estos asesinos ya estaba creada y funcionando a pleno rendimiento. Sin embargo, en España no se creó un cuerpo similar hasta 2012.

Allí surgió para responder a las preguntas que la brutalidad de Charles Manson puso sobre la mesa, aquí ha servido para resolver casos tan importantes y mediáticos como el de José Bretón; la revisión del de Marta del Castillo, con el objetivo de verificar la autenticidad de los testimonios de los imputados; y más recientemente, para investigar las actuaciones del pederasta de Ciudad Lineal.

HOMICIDIOS, AGRESIONES SEXUALES, SECUESTROS...

La Sección de Análisis de Conducta (SAC), que así se llama la unidad española, presta apoyo a los cuerpos policiales cuando éstos no tienen más indicios que los vestigios psicológicos que hay en la escena donde ha ocurrido el suceso y se necesita elaborar un perfil de conducta para resolver un crimen. Su sede está en Madrid y la forman alrededor de diez especialistas, entre criminólogos y psicólogos. También en la serie, la unidad en la que trabajan Ford y Tench cuenta con una especialista en psicología, Wendy Carr (Anna Torv), que elabora el cuestionario que siguen —y se saltan constantemente— a la hora de entrevistar a los asesinos y así elaborar sus perfiles psicológicos.

Netflix
La actriz Anna Torv interpreta a la psicóloga Wendy Carr.

Tal y como sucede en la serie, el objetivo de los agentes de la SAC es analizar miles de casos para crear un banco de perfiles criminales que facilite predecir cuál será el próximo movimiento de un delincuente y agilizar su captura.

"Homicidios, agresiones sexuales, asaltos violentos, desapariciones o secuestros son algunos de los delitos en los que aplican su método siempre que son requeridos por la unidad responsable de la investigación", aseguran desde la página web de esta unidad.

Estos agentes se salen de los márgenes habituales de actuación y no buscan ADN, huellas dactilares o el arma homicida, intentan escudriñar los vestigios psicológicos que según la SAC "quedan reflejados en el modo en que el agresor cometió sus delitos o en cómo reaccionó ante la investigación criminal".

No buscan ADN, huellas dactilares o el arma homicida, intentan escudriñar los vestigios psicológicos que quedan reflejados en el modo en que el agresor cometió sus delitos.

"En España no hay un amplio historial de asesinos en serie como en Estados Unidos o en otros países de la órbita norteamericana. Aquí el homicidio es más reducido", asegura Antonio Cela, miembro de la Sociedad Española de Criminología a ElHuffPost.

ASÍ TRABAJA LA SAC

¿Cómo actúa este grupo? Las unidades operativas y los juzgados se ponen en contacto con la SAC porque entienden que su experiencia puede ayudar en la resolución del caso. Cela lo explica con estas palabras: "Si hay un homicidio en Murcia que se escapa de su capacidad investigativa llaman a la SAC, que acude al lugar para colaborar en las investigaciones, pero nunca sustituyen a los investigadores de campo".

Hay un programa estandarizado informático basado en comportamientos como la forma de actuar o modus operandi del criminal, así como en los análisis del perfil de la víctima y de la escena del crimen. Se trata de verificar datos estadísticos y biográficos de las víctimas con el objetivo de arrojar una serie de candidatos. "No pone nombre y apellidos, es un barrido o una especie de listado de candidatos entre los que puede estar el autor. Nunca es determinante", aclara Cela.

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