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04/04/2018 03:30 CEST | Actualizado 04/04/2018 11:08 CEST

¿Quién fue James Earl Ray, el hombre que mató a Martin Luther King?

La familia del líder de los derechos civiles creyó siempre en su inocencia.

Bettmann via Getty Images

En 1955, cuando Martin Luther King impulsó en Montgomery (Alabama) el boicot de autobuses que acabaría con la ilegalización de la segregación tras la detención de Rosa Parks, el hombre que lo mataría cumplía condena en Kansas por intentar cobrar cheques falsificados. En 1963, cuando el líder por los derechos civiles encabezaba la Marcha sobre Washington, el hombre que iba a asesinarlo pasaba sus días en una cárcel de Missouri por el atraco a un ultramarinos. El 4 de abril de 1968, cuando Martin Luther King fue asesinado en el motel Lorraine de Memphis (Tennessee), el hombre que disparó llevaba meses desaparecido tras fugarse de la cárcel.

El pastor King, figura clave en la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, murió a causa de un disparo en la mandíbula cuando se encontraba en un balcón del motel. Fue efectuado con un rifle de caza marca Remington que la policía encontró a sólo una manzana de allí. Costó mucho más encontrar al hombre que había utilizado el arma, pues se dio a la fuga en un Ford Mustang blanco y su identidad fue difícil de trazar, oculta como estaba tras varios alias. El 8 de junio, Scotland Yard lo detuvo en el aeropuerto de Londres, cuando estaba a punto de embarcar en un vuelo a Bélgica.

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Era James Earl Ray, un racista recalcitrante, sí, pero un delincuente común. Se declaró culpable y evitó así un juicio y la silla eléctrica a cambio de una condena de 99 años. Pero se retractó a los pocos días y dedicó los últimos treinta años de su vida a proclamar su inocencia y exigir un juicio. Con el apoyo de la familia de Martín Luther King.

Pesquisas, pesquisas y más pesquisas, pero un culpable

Nunca lo tuvo. Ray aseguró que había admitido su culpabilidad ante las amenazas del FBI y de su propio abogado y sostuvo que era el tonto útil, una pieza periférica, de una conspiración para acabar con la vida del líder de los derechos civiles.

Jack Kershaw fue el abogado que apoyó inicialmente los esfuerzos de Ray para ser exonerado. Este letrado, escultor y fundador de una sociedad para mantener vivo el espíritu de los Estados Confederados (i.e., esclavistas), representó al asesino de Martin Luther King ante el Comité Especial de Asesinatos del Congreso de Estados Unidos y consiguió que se llevasen a cabo nuevas investigaciones balísticas que no arrojaron nada nuevo sobre el caso. También fue Kershaw quien convenció a Ray de someterse a una prueba del polígrafo en una entrevista para la revista Playboy, en 1977.

PLAYBOY
Portada de la revista 'Playboy' de septiembre de 1977, con la entrevista a James Earl Ray.

La prueba indicaba que el único condenado por la muerte de King había efectivamente actuado solo y que mentía al afirmar que no era culpable. James Earl Ray despidió a Kershaw pero no se dio por vencido. Su siguiente oportunidad llegó en 1997, cuando Loyd Jowers, propietario de un restaurante cercano al motel en el que King fue asesinado, declaró que él había contratado a alguien para matar al pastor, por encargo de un mafioso local y en medio de una operación en la que también estaban implicados "agentes gubernamentales".

El 8 de diciembre de 1998, después de semanas de declaraciones, un jurado popular de Memphis dio validez, por unanimidad, a la teoría de que existió una conspiración para matar a King. Nada cambió para Ray, pero la bola de las teorías había echado a rodar definitivamente.

El enigma Raúl y la teoría de la conspiración

¿Cómo pudo un delincuente de poca monta asesinar a Martin Luther King? James Earl Ray salió de Estados Unidos y viajó a Canadá, de ahí a Londres, luego a Portugal y más tarde de nuevo a Londres, donde fue finalmente detenido. ¿De dónde sacó el dinero para semejante huida? Esas preguntas resonaban en la cabeza de muchos e incluso quien no creía que la muerte de King fuese resultado de un complot sospechaba que Ray debió contar con ayuda.

El propio condenado habló en todo momento de un misterioso Raúl, que a partir de entonces se convirtió en el preciado objeto de deseo de todos los conspiracionistas. Ray aseguró que ese hombre se había encargado de todo y que él se había visto envuelto en la operación como pieza secundaria.

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James Earl Ray habla ante el Comité Especial sobre Asesinatos del Congreso.

Las informaciones sobre las campañas del FBI para desprestigiar a King no ayudaron a frenar las teorías de quienes veían la mano gubernamental tras la muerte del activista por los derechos civiles. La obsesión de J. Edgar Hoover, director de la agencia, con el reverendo le llevó a ordenar escuchas y operaciones de espionaje en las que se obtenían documentos que más tarde se enviaban a los colaboradores de King o incluso a su familia: su esposa llegó a recibir fotografías que mostraban supuestamente a su marido mientras mantenía relaciones sexuales con otras mujeres.

La única prueba no discutida de la investigación sobre el asesinato de Martin Luther King es que las huellas de James Earl Ray estaban en el rifle con el que se le quitó la vida.

El apoyo de los King

Y los King, sin embargo, creyeron desde muy pronto en su inocencia. En 1997, Dexter, uno de los hijos de King visitó a Ray en la cárcel y le hizo la pregunta: "¿Mató usted a mi padre?". El condenado contestó que no y Dexter, y toda la familia King, transmitieron a la opinión pública que creían en su inocencia.

En 1998, ante el sostenido pábulo que la familia del activista daba a las teorías de la conspiración, la Fiscalía General de Estados Unidos ordenó una nueva investigación del asesinato. Dos años después, su trabajo vio la luz como un informe de 150 páginas que desechaba las teorías sobre la implicación del gobierno y enmendaba la plana a la corte de Memphis que había creído la versión de Jowers y contentado a la familia de King.

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Coretta Scott King, viuda de Martin Luther King y activista por los derechos sociales.

Ray, que protagonizó varios intentos de fuga mientras cumplía condena y que sufrió un intento de asesinato por parte de varios reclusos en 1981, no leyó este informe, pues había muerto dos años antes. Pero Coretta Scott King no abandonó su convencimiento de que era inocente y le brindó su apoyo póstumo al hombre que, según la justicia, había matado a su marido:

"La muerte del señor Ray es una tragedia, no sólo para él y su familia sino para todo el país. América nunca tendrá ya la oportunidad de un juicio que habría podido producir nuevas revelaciones sobre el asesinato de Martin Luther King así como ayudar a establecer los hechos sobre la inocencia del señor Ray".