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04/10/2013 07:24 CEST | Actualizado 03/12/2013 11:12 CET

Massive Attack revienta Nueva York en aplausos poniendo música a una pieza de Adam Curtis

El espectáculo es una bomba en la que uno no puede escapar de los estímulos visuales y auditivos constantes. Es el resumen de nuestro tiempo convertido en aullido. Cuando se apagan las luces, Massive Attack abandona el escenario en silencio y leemos: "Y ahora encuentra tu camino a casa".

Hace algunos meses escribía de cómo la union hace la fuerza y cómo vivimos en una época de eclosión de los géneros híbridos. Como ya hicieran Yo La tengo con Adam Green en el proyecto llamado The Love song of R. Buckminster Fuller, Robert del Naja (Massive Attack) se une al radical documentalista británico Adam Curtis para crear una obra intensísima que, aunando música con cine, resume algunos de los acontecimientos históricos, culturales y politicos críticos más significativos de los ultimos cincuenta años. La premiere estadounidense tuvo lugar el 28 de septiembre en el fabuloso Park Avenue Armory (Nueva York), y termina este viernes 4 de octubre. El proyecto remarca la manipulación de los acontecimientos por parte de las élites políticas, pero deja ver aún cierta esperanza por un futuro mejor, que dependerá de nosotros: nos da ese poder y esa responsabilidad. Imposibilita la complacencia, obliga a la reacción.

Aparentemente uno va a asistir a un concierto; nos adentramos en un espacio enorme, sin asientos, y cada una de las paredes que componen el rectángulo es una gran pantalla donde se proyecta un audiovisual potentísimo. Massive Attack, con algunos artistas invitados, toca y canta detrás de ese sutil telón; en algunas de las pantallas podemos ver los primeros planos de Robert del Naja y Daddy G, a veces las pantallas se vuelven traslúcidas como papel cebolla y gracias a su transparencia vemos sus siluetas de fondo. No tocan sólo sus canciones, sino que también dan cabida a otras que homenajean a su vez a grupos que han sido relevantes y que forman parte de nuestro repertorio común: Where did you sleep last night?, de Nirvana o Just Like Honey, de The Jesus and Mary Chain. Con la proyección de imágenes se superponen frases que potencian una reflexión imperativa, que sigue el lema de "Todo ocurre de acuerdo a un plan". Una voz en off va narrando algunos acontecimientos interesantes que desconocíamos aunque podíamos sospechar, como la parte más mafiosa de un ambicioso Donald Trump gestionando su casino Taj Mahal en Nueva Jersey, al más puro estilo Hollywoodiense. Porque queda constatado que al final, la vida es un show, a veces inverosímil, y mientras empezamos a entenderlo nos rodean las imágenes repetidas de Michael Jackson, de Mónica Lewinsky y Bill Clinton, de OJ Simpson, de Kurt Cobain, de Yegor Letov, que se entremezclan con imágenes de ciudades devastadas por la guerra, de Bambi, de Mary Poppins.

Los acontecimientos más graves de la historia de la humanidad se suceden mientras se nos trata de entretener con cuestiones superficiales que sólo contribuyen a mermar nuestra autoestima y distraer nuestra atención, impidiéndonos hacer uso del verdadero poder que tenemos para cambiar lo que nos rodea. Así, vemos a una Jane Fonda, embutida en un maillot azul cielo, liderar las primeras clases de ejercicios televisadas y estrenando la fiebre del culto al cuerpo mientras explota Chernóbil. Adam Curtis señala la gravedad de las malas condiciones de las plantas nucleares y de la ineptitud e ignorancia de los trabajadores, pero sobre todo subraya la reacción heroica de los ingenieros y la gente de la calle, que fueron los que salieron a arreglarlo. "TODOS SABIAN QUE IBAN A MORIR".

Es la Guerra del hombre contra el hombre: su mediocridad contra su grandeza.

Recordamos las atrocidades cometidas por el régimen tiránico de los talibanes, la caída de las Torres Gemelas, Bin Laden. Pero se nos muestran una serie de fragmentos de películas en las que los protagonistas presencian la caída de edificos simbólicos de manos de terroristas y después leemos "Todas estas películas se rodaron antes del 2001". Todo ocurre de acuerdo a un plan. De la misma forma que se nos obliga a recordar todos aquellos fragmentos de programas televisivos donde los políticos estadounidenses (también se superponen imágenes de Tony Blair cantando con un micrófono en mano) mostraban planos y explicaban con total convencimiento que había armas de destrucción masiva en Irak. Y sí, Rusia parecía una democracia. Durante minutos nos vemos rodeados por la sonrisa pérfida de Putin. Todo ocurre de acuerdo a un plan.

La música de Massive Attack estremece, nos sacude, es una pulsión fuerte, de alerta, de peligro, cuando entramos en el trance Adam Curtis nos explica que lo falso puede resultar tan convincente como lo real. Disparamos la realidad fuera y nos refugiamos en un sarcófago como el que construyeron los ingenieros para contener la radiación de Chenóbil. Vivimos en un loop donde parece que nada cambia, el pasado siempre seduce nuestro presente. El resultado es salvaje.

El espectáculo es una bomba que dura noventa minutos y en la que uno no puede escapar de los estímulos visuales y auditivos constantes. Es el resumen de nuestro tiempo convertido en aullido. Cuando se apagan las luces, Massive Attack abandona el escenario y en pleno silencio (las pantallas en negro, letras en blanco) leemos: "Y ahora encuentra tu camino a casa".

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