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05/07/2012 10:20 CEST | Actualizado 04/09/2012 11:12 CEST

La espera constitucional

Esperamos, que estamos muy acostumbradas a esperar las personas LGTB, pero no nuestros hijos. Y llevan ya siete años esperando y no hay derecho. Que el derecho es nuestro. Y suyo: a vivir en paz y en seguridad.

"He aquí que llega el tiempo de soltar palomas / en mitad de las plazas con estatua. / Van a dar nuestra hora. De un momento / a otro, sonarán campanas".

Jaime Gil de Biedma.

I. El rumor

El rumor, "al parecer el TC va a avalar la Ley de Matrimonio", corrió por la Plaza de España y por nuestros espinazos al término de la Manifestación del Orgullo LGTB, que estaba en la calle para reivindicar, precisamente, "Matrimonio Igualitario", justo el día del nacimiento de la ley, siete años atrás. Siete años de ley, siete años de amor.

La Ley 13/2005, ley de Matrimonio Igualitario, fue el mismo año de su aprobación recurrida por el Partido Popular, que tendrá siempre en su "debe" la interposición del recurso de la vergüenza contra una modificación legislativa que nacía para igualar y hacer más digna a la ciudadanía.

Y allí fue el llanto y la alegría, a partes iguales, la risa sujeta por la cautela, la cautela teñida de estupor. Todo ello a partes iguales y en plena Plaza de España, en plena Manifestación del Orgullo LGTB, siete años después de la interposición del recurso de la vergüenza... qué vergüenza. Llanto y alegría a partes iguales. El rumor, "al parecer el TC va a avalar la Ley de Matrimonio", corrió por la plaza de España y por nuestros espinazos. La noticia relumbró en los móviles y se proyectó -todo un proyecto- en la pantalla gigante: "El TC avalará la ley que regula el matrimonio homosexual".

¿Cómo iba a ser de otra manera? ¿Qué, en otro caso, de nuestros matrimonios, de nuestros hijos, de nuestras familias? ¿A dónde con nuestras vidas, a dónde con nosotros?

Siete años después, al parecer, se hace justicia de nuevo y de nuevo se proclama lo que en la calle y en los corazones es de ley. Nuestra igualdad. Es la reválida de nuestra igualdad siete años después.

Somos, parece, siete años después, plenamente constitucionales. Lo somos. Lo somos nosotras, las personas LGTB y lo son también nuestras familias. O, ¿qué, si no? ¿Ciudadanos de segunda? No. Nunca más en el asiento de atrás del autobús: iguales para amar, iguales para ser felices.

El mismo 30 de junio, en la Manifestación del Orgullo LGTB llegó el rumor y corrió por la Plaza de España y por nuestros espinazos. Y allí el llanto, mucho llanto, y la mucha alegría.

Y era tarde ya y seguramente nuestros hijos estarían ya en la cama, durmiendo ya, y sentí que en adelante podrían nuestros hijos dormir ya tranquilos y en adelante podrían dormir felices, porque se ha hecho justicia, porque su familia es, -mira que tener que haber sufrido siete años- igual por ley, igual a las demás. Que lo ha dicho un rumor que ha recorrido la Plaza de España y nuestros espinazos el día de la Manifestación del Orgullo LGTB.

II. La espera

Y esperamos. Y seguimos esperando. Esperamos que el TC sentencie -por fin- que todas las personas cabemos en la Constitución (¿no lo dice ya?), que todas, con independencia de su orientación sexual, somos iguales en derechos y deberes (¿no lo dice ya?). Esperamos que el Matrimonio Igualitario alcance a toda la ciudadanía y que miles de familias puedan seguir viviendo en paz y en felicidad. Déjennos vivir en paz y en felicidad...

Con la Resolución del TC que esperamos y seguimos esperando, nos jugamos la dignidad que confiere la igualdad y nos jugamos la coherencia constitucional.

Esperamos... llevamos siete años esperando. Tu hija tiene ya cinco años... nació, -¿te acuerdas que pequeña era?- ya con el recurso del PP pendiendo sobre su cuna. El recurso de la vergüenza como el hombre del saco, asustando a nuestros hijos por los pasillos negros de su primera infancia. ¡Que resuelvan ya! La incertidumbre, el miedo a que su Libro de Familia sea papel mojado, empapado de intransigencia y de medievo. ¡Que resuelvan ya!

Esperamos, que estamos muy acostumbradas a esperar las personas LGTB, pero no nuestros hijos. Y llevan ya siete años esperando y no hay derecho. Que el derecho es nuestro. Y suyo: a vivir en paz y en seguridad. Esperamos que se nos ratifique como lo que somos: plenamente constitucionales. O, si no, no será Constitución para todos.

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