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Proyecto Islero: cómo España intentó construir su propia bomba atómica en secreto, con plutonio de sus centrales civiles y la ayuda indirecta de Francia

Proyecto Islero: cómo España intentó construir su propia bomba atómica en secreto, con plutonio de sus centrales civiles y la ayuda indirecta de Francia

La idea comenzó en los 60 y a finales de 1973 España tenía capacidad técnica para producir hasta tres bombas nucleares anuales.

Interview of Richard Nixon and Luis Carrero Blanco, vice-president of the Spanish Government, 1970, Madrid, Spain. (Photo by Gianni Ferrari/Cover/Getty Images).
Encuentro entre el presidente de EEUU, Richard Nixon y el vicepresidente español del régimen, Luis Carrero Blanco, en Madrid en 1970.

En plena escalada bélica tras el ataque de EEUU e Israel a Irán y las declaraciones de Macrón con el armamento nuclear, es un momento perfecto para hacer una pregunta en relación a España: ¿Alguna vez se planteó en nuestro país tener un arma nuclear? La respuesta es sí y, como no podía ser de otra forma, ocurrió en plena Guerra Fría y dictadura de Franco.

Quizá ahora también, pero por entonces la tenencia de armas nucleares era sinónimo de poder y prestigio, así que España también quiso sentarse a esa mesa. Se diseñó en secreto un plan para fabrica una bomba nuclear propia: el Proyecto Islero

Puede parecer una anécdota o algo bizarro, pero el programa avanzó más de lo que muchos podrían imaginar. Utilizó plutonio procedente de reactores civiles y contó con cooperación técnica indirecta de Francia. Sin embargo, nunca llegó a culminar. ¿Qué ocurrió?

Aislamiento, ambición y Guerra Fría

Tras la Segunda Guerra Mundial, el régimen franquista quedó aislado internacionalmente. España fue excluida del Plan Marshall y quedó al margen de los grandes bloques. Pero la Guerra Fría abrió una ventaja estratégica. La situación cambió y enemigos pasaron a ser aliados. Mejor Franco que comunistas, se pensó. 

Por entonces, el mundo era bipolar, dominado por EEUU y la Unión Soviética. La tecnología nuclear no solo era una herramienta militar, sino un símbolo de legitimidad internacional. Francia, Reino Unido y China desarrollaban sus arsenales. España, fuera de la OTAN y de la entonces Comunidad Económica Europea, vio en el poder nuclear una vía para reforzar su soberanía y ganar peso geopolítico. 

El embrión del Proyecto Islero comenzó a tomar forma a inicios de los años sesenta, en un entorno donde la élite militar consideraba que la disuasión nuclear era la única garantía real de autonomía estratégica.

El impulso técnico: energía civil con doble uso

El programa nuclear español se apoyó en el de la energía civil. España firmó con EEUU en 1955 un acuerdo de cooperación nuclear dentro de la iniciativa Átomos para la Paz, impulsada por el presidente Dwight D. Eisenhower. 

Ese acuerdo permitió la llegada del reactor de Zorita (José Cabrera), la primera central nuclear española, y el acceso a uranio enriquecido. Oficialmente, el objetivo era energético. Extraoficialmente, el plutonio generado en reactores podía tener una segunda utilidad.

El Proyecto Islero pretendía aprovechar ese plutonio para desarrollar un artefacto explosivo propio. El científico más destacado del programa fue Guillermo Velarde, ingeniero del Ejército del Aire y figura clave en la investigación nuclear española. 

Francia jugó un papel indirecto relevante. Bajo acuerdos de cooperación civil, los ingenieros españoles tuvieron acceso a conocimientos técnicos y experiencias nucleares galas. 

París ya había probado su bomba en el Sáhara, en 1960, y no formaba parte entonces del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). 

El accidente de Palomares: una oportunidad inesperada

Y llegó el 17 de enero de 1966, el famoso accidente de Palomares, cuando un bombardero estadounidense B-52 colisionó en vuelo sobre Palomares (Almería). Cuatro bombas termonucleares cayeron en territorio español. Dos liberaron material radioactivo. Cada bomba era 75 veces más potente que la de Hiroshima.

Oficialmente, fue un accidente que evidenció los riesgos de albergar armamento nuclear estadounidense. Pero en círculos científicos y militares españoles, el incidente fue interpretado como una oportunidad técnica.

El acceso al material contaminado y a tecnología asociada permitió estudiar de cerca componentes nucleares avanzados. No se extrajo material directamente utilizable para fabricar un arma, pero el accidente impulsó el convencimiento de que España podía aspirar a una capacidad propia.

Palomares fue un punto de inflexión psicológico: demostró que el poder nuclear estaba literalmente en suelo español.

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  Incidente Palomares: el USS Petrol desembarca la bomba de hidrógeno estadounidense, aún parcialmente envuelta en las cubiertas de su paracaídas, tras ser recuperada del mar el 7 de abril.Bettmann Archive

Marruecos, Carrero Blanco y la presión estratégica

La independencia de Marruecos en 1956 y las tensiones en Sáhara cambiaron el equilibrio regional. EEUU estrechó lazos con Rabat, lo que generó inquietud en Madrid. La élite militar franquista intensificó la apuesta nuclear. A partir de 1963, el Proyecto Islero se estructuró con mayor claridad.

Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno desde 1973 y uno de los hombres más poderosos del régimen, fue un impulsor político clave. Según declaraciones posteriores de Guillermo Velarde, a finales de 1973 España tenía capacidad técnica para producir hasta tres bombas nucleares anuales si se tomaba la decisión política.

Carrero planteó el dilema directamente a Henry Kissinger: o un nuevo acuerdo bilateral en igualdad con EEUU o desarrollo autónomo de armamento nuclear. Kissinger no se comprometió.

Al día siguiente, el 20 de diciembre de 1973, Carrero Blanco fue asesinado por ETA. Con su muerte, el proyecto perdió su principal respaldo político.

En 1968 se había firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que entró en vigor en 1970. El acuerdo reconocía oficialmente solo a cinco potencias nucleares: Estados Unidos, URSS, Reino Unido, Francia y China.

El Tratado de No Proliferación y el final silencioso

El resto debía renunciar a la bomba a cambio de acceso pacífico a tecnología nuclear.

España no firmó el TNP inicialmente. El régimen franquista mantuvo abierta la ambigüedad estratégica. Pero el clima internacional cambió en los años setenta.

La muerte de Franco en 1975 y la Transición democrática transformaron la política exterior española. El nuevo objetivo era la integración europea y la normalización internacional.

El Gobierno de Felipe González dio el paso definitivo: en 1987 España firmó y ratificó el TNP, comprometiéndose oficialmente a no desarrollar armas nucleares. La infraestructura del Proyecto Islero fue desmantelada o reconvertida exclusivamente a usos civiles.

¿Estuvo España realmente cerca de tener la bomba?

Los expertos coinciden en que España avanzó más de lo que se pensó durante décadas. Existía conocimiento técnico, acceso a materiales y planificación militar. 

Lo que falló fue la decisión política firme tras la muerte de Carrero Blanco, la protección internacional frente a represalias estadounidenses y un entorno geopolítico que tolerara una nueva potencia nuclear en Europa occidental. 

EEUU ejerció presión diplomática constante para evitar la proliferación en el sur de Europa. Washington temía una carrera nuclear regional.

El legado del Proyecto Islero 

Hoy España no posee armas nucleares ni programa para desarrollarlas. En el mundo existen unas 12.000 cabezas nucleares, concentradas en nueve países: Rusia, EEUU, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Las dos primeras poseen el 87% de todo el arsenal mundial. 

Sin embargo, el conocimiento acumulado durante el Proyecto Islero no desapareció, tras haber sido durante años uno de los secretos mejor guardados del franquismo. 

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