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24/04/2013 04:31 CEST | Actualizado 23/06/2013 07:12 CEST

La paz de los laboratorios

Al llegar al instituto me sorprendió ver el aparcamiento más vacío de lo normal. Los pasillos bastante oscuros, porque se han retirado dos de cada cuatro tubos fluorescentes para ahorrar electricidad, y fríos, porque parece que también ahorramos en calefacción

Acabo de regresar a mi laboratorio, en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados del CSIC y la Universitat de les illes Balears, situado en el bonito pueblo de Esporles (Mallorca), tras pasar 6 meses en Australia.

En mi casa me esperaba mi perro, Emilio, muy alegre de verme, la primavera que llena ya los campos de flores, el olor intenso de las flores de azahar de los naranjos en flor y el borrador de la declaración a Hacienda. La carretera de Palma a Esporles estaba repleta de ciclistas germanos, quizás en mayor número que las primaveras anteriores, con lo que parece que la industria del turismo, que supone la mayor parte del PIB de las Islas Baleares sigue tirando de la economía local.

Pero al llegar al instituto ya me sorprendió ver el aparcamiento más vacío de lo normal. Los pasillos bastante oscuros, porque se han retirado dos de cada cuatro tubos fluorescentes para ahorrar electricidad, y fríos, porque parece que también ahorramos en calefacción (bendita primavera). Mas aún me sorprendieron los pasillos más vacíos de lo habitual.

Esa misma semana nos abatía a todos la noticia del inesperado fallecimiento de la rectora de la Universitat de les illes Baleares, la Dra. Montserrat Casas, una excelente investigadora y una persona honesta, amable y luchadora cuya estatura había aumentado hasta agigantarse a pesar de ser una mujer menuda por su demostración de liderazgo al seguir manteniendo la universidad activa y vibrante en estos tiempos de grandes dificultades. Significativamente, pidió que donásemos el dinero que pensásemos dedicar a flores a crear un fondo para poder dotar de becas a los jóvenes investigadores.

Y es que en mi instituto lo que más me ha llamado la atención -aunque no puedo decir que me haya sorprendido- es que las salas de estudiantes están prácticamente despobladas. La sequía de becas y contratos de doctorado, que han disminuido en torno a un 80 % aún por cuantificar, ha hecho que los estudiantes que concluyen sus tesis y marchan no sean reemplazados por otros que las inician. A los proyectos de investigación finalizados no siguen otros nuevos, rompiendo la continuación de la investigación, y los técnicos y doctores contratados se marchan cuando acaban sus contratos, sino antes.

En mi grupo de investigación hay europeos (de Austria, Italia y Holanda), iberoamericanos (Chile y Brasil) y de EEUU. Mientras los europeos e iberoamericanos parecen asimilar, que no entender, lo que está ocurriendo, los primeros porque no deja de ser un problema europeo y los segundos porque ya han vivido procesos similares en sus países años atrás, los estadounidenses parecen asustados. Dos de los tres estadounidenses (una técnico de laboratorio y un investigador postdoctoral) han anunciado que se vuelven a Estados Unidos, porque, según una de ellas, ven demasiadas "señales" que les indican que es momento de regresar. La tercera estadounidense, en su último año de doctorado, aguanta aunque ya ha indicado su voluntad de volver a EEUU en cuanto defienda su tesis.

No hace falta que digan cuales son estas señales, porque todos las conocemos. Son el no saber si el mes que vienen van a poder acceder a los fondos de investigación de los proyectos, que de vez en cuando nos congelan. Son el no saber cuánto van a cobrar este año, si les bajarán el sueldo o si decidirán que no tendremos paga extra ni se compensará el aumento del coste de la vida. Son leer los titulares de prensa que hablan de un estado de corrupción insoportable e incluso difícil de aceptar sin que nadie dimita ni pida perdón. Es ver como unos hombres y mujeres de negro y dirigentes extranjeros dictan las políticas sociales y económicas de gobiernos que se dicen democráticos. Ver que centenares de familias pierden sus casas ante bancos que los despojan de derechos, no en los telediarios en calles desconocidas, sino en nuestros mismos barrios.

Lo alucinante no es que a ellos les escandalicen estas cosas, sino que no seamos nosotros los escandalizados. Que hayamos aceptado que eso de "como están las cosas" se haya convertido en una explicación para todo que encajamos dócilmente, como si fuéramos culpables.

He visitado en estos días otros laboratorios y me he encontrado un panorama parecido.

No podemos conformarnos, porque esta paz de los laboratorios se va pareciendo cada vez más al silencio de los cementerios. Ha llegado el momento de acabar con esa paz y es que de otra forma será fácil que, "como están las cosas" la ciencia española pase a descansar en paz.

Hemos de denunciar esta situación, pero no encontraremos la solución mirando hacia arriba, esperando que sean los responsables de las instituciones -ocupados en evitar que se hundan- o, mucho menos, los responsables políticos, empeñados en sus políticas destructivas, quienes vengan a resolver los problemas más próximos.

Seguimos teniendo excelentes infraestructuras para investigación e investigadores creativos y de primera línea en todas las disciplinas. Nuestro talento y nuestras infraestructuras son valores deficitarios en la ciencia internacional, que debemos poner en valor. Podemos, pero no debemos, exportar nuestro talento, pero no podemos exportar nuestras infraestructuras y lo uno gana más valor con lo otro.

Es el momento de mirar más allá de nuestras fronteras, más allá de la decadente Europa, y establecer consorcios internacionales, invitar a los países pujantes en recursos para la I+D a asociarse con nosotros.

Es el momento de dejar las rencillas y envidias -tan nuestras- y cooperar, para asegurar que ninguna oportunidad se queda sin aprovechar y que nuestros exiguos recursos para seguir investigando dan de si todo lo posible. Es momento, siempre lo ha sido, pero ahora aún más, de comunicar a la sociedad los resultados de nuestra investigación.

También es el momento de asegurarnos que ningún resultado de nuestra investigación que tenga el potencial de resolver problemas, generar soluciones o mejorar algún aspecto de la vida de nuestros conciudadanos se queda por explotar o se deja al albor de que alguien caiga en ello.

Finalmente, es el momento de la solidaridad con los que padecen en torno a nosotros, y de exigir que nuestro país vuelva a ser una democracia cuyos responsables políticos respondan ante el pueblo que los elige.

¡Ánimo y adelante!

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