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11/05/2015 06:56 CEST | Actualizado 10/05/2016 11:12 CEST

Cuando mis hijos lean esto dentro de 10 años, espero que la crisis del hambre sea historia

c aguilera He visto de primera mano la necesidad en Ruanda, Haití y Guatemala. He visto la desesperación en los ojos de una madre con su hijo hambriento en brazos. Pero también he visto la alegría en su rostro. He sentido la felicidad de dar de comer a un niño que no tiene ni idea de quién soy, que simplemente sonríe por el alimento.

¡Felicidades al Huffington Post por su décimo aniversario! El pasado agosto, justo antes de que naciera mi hija Summer, me invitasteis a compartir mi historia sobre un tema que me llega al alma: acabar con el hambre en el mundo. Estoy muy agradecida por esa oportunidad y doy también las gracias a los lectores que transmitieron mi historia.

Desde 2009, cuando nació mi hijo Max, supe que debía hacer algo por ayudar a otros niños y familias del mundo. Ahí fue cuando me hice embajadora voluntaria contra el hambre con el programa mundial de alimentos de Naciones Unidas (WFP), así como portavoz voluntaria de la iniciativa Yum! Brands' World Hunger Relief. Pero no se trata de mi historia; es la historia de millones de niños y familias alrededor del mundo que necesitan nuestra ayuda.

El año pasado, muchos me acompañasteis en el proyecto #PasstheRedCup [PasaLaTazaRoja] para concienciar sobre la crisis global del hambre -805 millones de personas, en gran parte niños, se acuestan con hambre cada noche-. Esa taza roja es el símbolo de la comida que millones de niños obtendrán gracias al programa de la ONU de alimentación en la escuela.

Juntos creamos un movimiento y se recaudaron millones de dólares para apoyar estos programas de alimentos. Desde 2007, la campaña Yum!'s World Hunger Relief ha reunido 600 millones de dólares (unos 534 millones de euros) en donaciones de dinero y comida, llegando a proporcionar 2.400 millones de comidas nutritivas a mujeres y niños de todo el mundo.

Lo que pasa es que nos queda mucho por hacer.

He visitado los lugares en los que actúan los programas de alimentos de la ONU en Ruanda, Haití y Guatemala. He visto de primera mano la necesidad. El sentimiento de desesperación en los ojos de una madre con su hijo hambriento en brazos. También he visto la alegría. Los rostros de madres y sus hijos iluminarse con la comida. He sentido la felicidad de dar de comer a un niño que no tiene ni idea de quién soy, que simplemente sonríe por el alimento. Esta comida puede ser la única que estos niños se lleven a la boca en todo el día.

Fue una experiencia que me cambió la vida. Y todos podemos hacerlo. Hay suficiente comida en el mundo para alimentar a todas las personas. Si todos diéramos algo de nuestro tiempo y dinero, podríamos acabar con el hambre en el mundo tal y como sabemos. Mi mayor esperanza es que de aquí a diez años podamos echar la vista atrás con orgullo conscientes de que el mundo se unió para poner fin de una vez al hambre.

Quiero que mis hijos, Max y Summer, aprecien siempre lo que tienen, pero entiendan también que tienen la misión de ayudar a sus conciudadanos del mundo ante la necesidad básica de la alimentación. Me encantaría que dentro de diez años se toparan con este artículo y con otras historias positivas frente al hambre y que vieran que este problema mundial tiene fin.

¡Sé que podemos hacerlo! Por favor, donad lo que podáis a la campaña contra el hambre en el mundo en HungertoHope.com. Comparte esta historia con tus amigos y familiares y anímalos a involucrarse. Juntos, podemos pasar del hambre a la esperanza.

Este post es parte de una serie que conmemora el décimo aniversario de 'The Huffington Post' a través de opiniones de expertos que se imaginan qué ocurrirá en sus respectivos campos en la próxima década. Para ver todos los artículos de esta serie, pincha aquí.

Este post/artículo fue publicado originalmente en la edición estadounidense de The Huffington Post y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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