El Real Madrid cae en su propio caos en el Allianz Arena y queda eliminado de la Champions tras perder con el Bayern
Un gol de Luis Díaz al filo del descuento sentencia a los de Arbeloa justo después de la absurda expulsión de Camavinga cuando todos miraban ya a la prórroga. La puntilla, el gol de Olise para el 4-3 definitivo tras un partido frenético que tuvo de todo.
Esta vez, el caos salió cruz. El Real Madrid ha sido eliminado en cuartos de final de la Champions League del modo que tantas veces le salió cara, con unos últimos minutos donde todo lo que pudo salir bien... salió mal.
Salió mal, principalmente, por la absurda expulsión de Camavinga al filo del descuento, que dejó al equipo sonado cuando se veía en la prórroga. En ese contexto llegó el golpe final de Luis Díaz que reventó todo. Olise puso nada más que la puntilla estadística cuando no quedaba nada en juego. El castigo más doloroso para los blancos después de un partido frenético, por momentos imposible de imaginar y siempre convertido en un intercambio de golpes que acabó con un 4-3 que resultó hasta corto.
Cotizaba poco que el partido fuera eso, puro caos. Son muchos Bayern-Madrid como para esperar algo diferente a un escenario caótico, pero tanto y tan salvaje como lo de este miércoles era difícilmente imaginable. Como costaba pensar en ver a Manuel Neuer, 40 años y campeón de prácticamente todo en el planeta fútbol, hecho un flan. Un error suyo que pasará a la historia de los vídeos cortos de redes sociales regaló el 0-1 al Madrid con la firma de un certero Arda Guler cuando apenas se contaban segundos de partido.
Con ese gol los de Arbeloa empataban la eliminatoria. Acostumbrados a la épica del descuento, resultaba extraño que el Madrid golpease tan pronto y tan fácil. En cierta manera, como favor con favor se paga, Lunin 'devolvió' el tropiezo de su colega con otro casi tan llamativo. Imposible que sea igual. El meta ucraniano no calculó bien la salida en un córner, tampoco se reubicó rápido y regaló el 1-1 a Pavlovic, libre bajo los palos. Apenas seis minutos y corrían ya los ríos de tinta y las voces.
No cabe mucho análisis futbolístico en una procesión de nervios y fallos. El fútbol fue apareciendo con el paso de los minutos, pero los nervios se mantenían. A Lunin le costó media parte asentarse, con varias manitas blandas por alto, algo curioso en un tipo de 1'91. Por fortuna, espabiló con una gran mano a Kimmich cuando se cantaba el gol y con la defensa blanca tan metida atrás y tan estática que se olvidó de cubrir al talentoso mediocampista alemán.
Parecía que el Bayern se empezaba a hacer con el juego, pero a cada acción local respondía el Real Madrid con contras fulgurantes. Las sucesiones caían a toda velocidad y en una de ellas, una falta a Brahim pegada al área, llegó el nuevo golpe blanco. Lo ejecutó Guler con una bota reconvertida en mira telescópica. Al golazo, que lo fue, le dio más impacto la torpe estirada de Neuer, absolutamente 'posterizado' en los dos goles y en algún lance más del primer tiempo.
Media hora y empezamos el quinto párrafo... Sigamos, que fue básicamente lo que pensó el Bayern de Kompany. Cuando ellos tenían el balón todo les parecía favorecer. Con un Kane brillante en cualquier parte del campo, fue el mismo británico quien supo buscarse el hueco dentro del área. Upamecano le vio, pero los defensas madridistas no, de nuevo empecinados en clavarse lo más cerca posible de su portería. Ni que decir que con ese escenario Kane marcó. Lo hizo, además, bonito. 2-2 y minuto 37.
Aún quedaba el sobresalto final. Como siempre, a puro sprint. Una recuperación atrás permitió al Madrid construir una contra letal, con Vinicius como alma y como cerebro. Si minutos antes mandó un zapatazo al larguero, ahora fue el más listo sobre el césped; en vez en empecinarse con la portería, vio llegar a su derecha a Mbappé solo por el carril central. El pase de la muerte fue un regalo para el reaparecido '9' que no falló ante Neuer.
Las indicaciones técnicas del descanso se habrían de solapar con una necesidad mutua de oxígeno tras 45 minutos sin descanso sin apenas freno. La dinámica de acción/reacción permaneció inalterable a la vuelta de vestuarios, aunque con una velocidad menos en el juego en ambos campos.
Casi de forma natural, la relativa calma —si es que se puede usar esa palabra para hablar de lo visto en el Allianz— fue ganando en ritmo con dos modelos enfrentados. Un mayor fútbol control del Bayern, más armados sus ataques, frente al frenesí madridista, que hacía de cada balón que pasaba del medio campo una advertencia de peligro para Neuer. En una de esas apareció al fin el brillante meta teutón, con un brazo de puros reflejos a remate de Mbappé en la enésima contra visitante. Poco después lo hizo también ante un tiro lejano de Valverde, presente en todas las fases y zonas de juego.
Enfrente, a Lunin tampoco le faltaba el trabajo con Luis Díaz u Olise, aunque esta vez algo mejor escoltado por una defensa más firme que en el primer tiempo. Hasta Mbappé hacía sus pinitos atrás achicando balones.
Los minutos caían y crecía el miedo. Con un agregado de 4-4, casi todos sabían —spoiler, Camavinga parece que no— que cualquier error penalizaría de forma letal y eso se notó. El mencionado error llegó cuando los banquillos ya preparaban sin disimulo la prórroga y llegó del lado blanco. Una torpeza de Camavinga al querer llevarse el balón tras una falta dejó al Madrid con diez.
Y aún doliéndose del castigo, llegó el castigo mayor para el Real Madrid y quizás para Álvaro Arbeloa. Una brillante combinación de Musiala y Luis Díaz dentro del área dejó al colombiano en posición franca para lanzar una rosquita que, tras tocar en Militao, fue demasiado para Lunin. Era el 3-3 en el partido, pero el 5-4 en la eliminatoria para el Bayern Múnich cuando arrancaba el descuento.
Ests vez no cabían 'Joselus' ni nada parecido que amplificase la épica merengue. Lo único que llegó fue la puntilla, de Olise, premio a una segunda parte extraordinaria del francés. El golazo, que certificó la victoria del Bayern también hoy tras el 1-2 del Bernabéu, fue el epílogo más cruel para un Real Madrid acostumbrado a ser él quien da ese golpe final.