La impotencia como resumen: España no puede pasar del empate a cero ante la débil Cabo Verde en su debut
La selección de Luis de la Fuente no consigue marcarle a una selección africana que supo sufrir y resistir las mil y una oleadas de la aspirante al título. Bajón moral y máxima presión para los duelos de Arabia y Uruguay.
Cuando Iniesta corría desbocado con su recuerdo a Dani Jarque en forma de camiseta nadie recordaba el naufragio de semanas atrás contra Suiza. Que dentro de un mes y cuatro días no recordemos lo vivido este lunes será la mejor señal.
Porque España ha estrenado el Mundial 2026 con un tristísimo empate 0-0 ante la muy débil Cabo Verde. La selección africana supo resistir con orden atrás y algo de fe y acabó encontrando premio en forma de empate histórico para ellos, que es un traspiés monumental para la aspirante a llevarse su segunda estrella.
Que sí, que seguimos dependiendo de nosotros ante Arabia Saudí y Uruguay. Y que el MVP del partido ha sido el acertadísimo y cuarentón portero caboverdiano, pero vaya bajón. Que posiblemente no sea el término más panenkita, pero explica muy bien lo que sentirán ahora millones de aficionados. Sin matices.
Tocados y una sorpresa
Entre tocados y cautelas, De la Fuente sorprendió con un único nombre, el de Gavi, titular inesperado como recurso de banda izquierda que no terminaría de funcionar. Enfrente, nada que no se esperase, una Cabo Verde que se arremolinó atrás e intentó su única opción medio plausible, balón en largo y lo que salga. Ambas partes aceptaron que el balón apenas saldría del campo caboverdiano y así fue... pero los minutos pasaban sin que Vozinha, su meta de 40 años, entrara en acción. Habría tiempo de hablar de él.
España no tenía prisa, pero tampoco tranquilizaba la percepción de que apenas hacía daño a un equipo voluntarioso pero tan poco creativo como Cabo Verde. Con Pedri como protagonista principal y con alguna asociación con Llorente y Ferrán, el canario tuvo varios 'uy' que no encontraron la cabeza de Oyarzabal, desaparecido largo rato. Con los minutos iría creciendo el impacto del ya madridista Cucurella por la izquierda, mientras el bloque bajísimo africano funcionaba a la perfección: superada la media hora, ni un tiro español había ido a puerta.
Al menos, meter miedo
La racha se rompió en el 39' con la enésima combinación al borde del área. Esta vez sí en posición correcta, Cucurella se desmarcó por la izquierda, Rodri le vio en diagonal y el lateral cedió de cabeza a un Ferrán que, llegando en ventaja, la mandó al larguero. La continuación la tuvo Oyarzabal, pero Vozinha se agigantó para sacar una mano salvadora.
Seguía el 0-0, pero al menos España empezaba a asustar... En un arreón de varios minutos se multiplicaron las ocasiones, como la que protagonizaron Pedri, en la génesis de casi todas las jugadas, Cucurella en la continuación y Ferrán en un remate algo inocente que pudo atajar el motivadísimo (y rejuvenecido) portero. El mismo protagonista aparecería acto seguido a cabezazo de Laporte.
España se iba al vestuario sin haber roto el muro caboverdiano, pero al menos ya sí con la sensación de haber metido en el tramo final el miedo que no había sido capaz en los primeros 40 minutos.
Sin cambios a la vuelta, las circunstancias obligaron a Luis de la Fuente a ser menos cauteloso de lo que le hubiera gustado. Apenas tuvo España la primera, mandó calentar a Lamine Yamal, Nico Williams y Mikel Merino, los tres tocados que no llegaban al 100% al debut. También a Yeremi Pino, muestra de que la selección necesitaba abrir más el campo con velocidad y desborde.
La intensidad de ataque de España ya era total. A Cabo Verde el balón no le duraba nada, su físico comenzaba a decaer como era previsible y cada recuperación era sinónimo de ocasión. Fabián de lejos, Oyarzabal en centro-chut defectuoso, otra vez el sevillano tras una genialidad de Pedri... Llegar era fácil, pero resolver se hacía cada vez más difícil.
Lamine Yamal como recurso
Los minutos pasaban, los nervios crecían. Y tocó lanzar a Lamine y Merino al campo aprovechando la pausa de hidratación —terrible anticlímax futbolístico, dicho sea de paso— en el 71'. Quedaba tiempo, pero las cosas no iban bien. La entrada del joven ídolo catalán fue un marasmo de sensaciones en las gradas de Atlanta. Lamine Yamal tardó segundos en hacerse notar y llevar a la selección a un nuevo impulso.
Del fútbol se pasó al frontón. España centraba, tiraba, combinaba y enfrente solo había una pared que, encerrada alrededor de su propia área, las rebotaba todas. La situación era ya de emergencia para la campeona del mundo en 2010, sabedora de que no se podía escapar la victoria y de que el golaverage podría ser crucial. Casi todos los balones buscaban al extremo del Barça, pero Cabo Verde le había preparado un marcaje doble y hasta triple por momentos.
Tic-tac, tic-tac, nos metimos en el 85', ahora con Dani Olmo y Nico Williams como nuevas bazas. Con ellos, estaba en el campo el previsible 11 titular. Y ni así había manera, crecidos los caboverdianos en su numantina defensa, hipertensos los españoles en su incapacidad ofensiva.
Al filo del descuento, una jugada veloz de Lamine y Olmo dejó a Oyarzabal con todo a favor, pero un oportuno Lopes se cruzó en lo que parecía el 1-0. La enésima ocasión al limbo. Y en esas estábamos cuando Cabo Verde tuvo el gol de la victoria en una contra que dejó a España y medio mundo helados. Después llegó un córner para hacer mayor el susto. Unai Simón, en su primera y única intervención, estuvo donde había que estar.
No sería la última de los africanos, que acabaron el partido más en alto que una España que no consiguió escapar de la sensación de fracaso. Por delante queda todo, pero este golpe duele. Como dolió el de Suiza en 2010... Ojalá podamos comparar ambas historias en 34 días.