"Mira, mira, mira los cuerpos tirados en la puerta de mi negocio": los vecinos de Ceuta narran el "caos" y el "miedo" de una ciudad con el cierre echado
Propietarios de tiendas de alimentación, bares o comercios de todo tipo explican y muestran por videollamada los horrores de una situación límite. "Esto nos ha cambiado la vida e irá a peor".

"¿Pero tú ves lo que es esto?". La escena que nos muestra un vecino es difícilmente narrable sin caer en retóricas más propias del genero de ficción. Pero lo que viven y lo que nos muestran (algunos) vecinos de Ceuta es real. Es horrible. La oleada migratoria desde Marruecos, con la entrada masiva de al menos 50.000 migrantes ilegales en cuestión de horas, aunque el Gobierno matiza que ya se habría marchado la mitad, ha puesto a la pequeña ciudad española fronteriza en estado de alerta constante.
Pedro Sánchez no ha dudado en calificar los hechos como una "violación de la integridad territorial de España". En ese escenario crítico, los ciudadanos resisten entre teléfonos colgados, cierres echados y miedo "hasta para hablarte, hijo".
La que espeta esta frase es una mujer, aparentemente de cierta edad, dedicada al negocio de la hostelería. Su local está cerrado, como buena parte de la ciudad autónoma, y solo atiende unos segundos al móvil para dejar claro que "estamos acobardados de cómo está esto, es una locura".
Hay quien directamente al escuchar la palabra "periodista" cuelga. Alguno se limita a calificar como "alboroto" la situación, con la tranquilidad de "vivir y trabajar lejos de las zonas críticas". Quién sí narra de primera mano estos momentos de tensión es un vecino que nos ofrece hablar por videollamada —con el compromiso de no capturar ninguna imagen— para mostrar lo que se ve y se siente en la costa.
"Mira, mira, mira los cuerpos tirados en la puerta de mi negocio. Uno que no sabes si le ha dado algo, otros que entran a que les cargues el móvil o si les puedes dar comida", explica este tendero, responsable de un negocio que nada tiene que ver con comestibles. El dato no es secundario; de hecho, aclara que "como la mía no es una tienda de alimentación sí puedo estar abierto; si fuera un supermercado o similar no podríamos. Todos esos locales han cerrado". Por momentos se le escucha mal ante el estruendo de dos sirenas de ambulancia en cuestión de 45 segundos.
En el reportaje no caben nombres de pila ni referencias concretas a los negocios de los vecinos ceutíes que atienden la llamada de El HuffPost. "Yo miedo, miedo, no, pero...". Ese 'pero' resuena en el testimonio del hombre que nos sigue contando por videollamada. "De momento yo le he dicho a mis hijos que no salgan de casa; de hecho nadie sale por miedo. No puedo justificar esta entrada masiva, pero imagino que en unas horas lo que hoy es caos puede ir a más y darse altercados cuando esta gente busque lo que sea, como sea, para comer".
Ese es uno de los grandes temores sociales. Porque "en el caos total, hay que plantearse algo. La situación de esta pobre gente es crítica, pero qué va a pasar mañana o pasado mañana con todos los supermercados cerrados. Los de aquí también tenemos que comprar, que comer. Y si está todo cerrado... al final los que nos tendremos que ir seremos nosotros", lamenta.
La videollamada se interrumpe por la entrada de dos migrantes. Previo giro de llaves para quitar el cierre, el comerciante atiende su petición. En lengua árabe, uno reclama que le enchufen el móvil en la tienda para cargarlo. Otro intenta sacarle algo de comida o dinero al tendero. "Esto no hay quien lo aguante, se le ha ido de las manos a los dos países", prosigue, con la inquietud de quien ve peligrar su negocio. "No es solo que no haya donde comprar, es que quién te va a venir a comprar algo, si para entrar a mi tienda tiene que saltar por encima de uno tumbado y de otro sentado en la puerta?".
Intentar llamar a mesones, restaurantes o bares es un casi imposible, sobre todo cerca de la costa. En realidad, la respuesta es idéntica cuando se buscan farmacias, talleres o comercios de moda. Apenas un local de comidas atiende la llamada. Lo hace una mujer que "con mis 29 años, claro que tengo miedo de volver a casa; esto nos ha cambiado la vida y hasta que no se calme hay miedo".
Explica algo que en otras condiciones sería difícil de creer. Su negocio está "abierto, pero cerrado". Lo aclara, "lo tenemos abierto para los pocos clientes nuestros que puedan venir, pero con las puertas cerradas por fuera, porque si no entran todos, a pedir, a llevarse... Y es imposible. Pero no podemos cerrar del todo porque de algo hay que comer, lo poco que podamos hacer hoy".
Inquieta por el presente, pero aún más por el futuro, esta mujer da la razón al anterior vecino, sobre el riesgo de desabastecimiento de productos básicos, no solo alimentos, ante el cierre masivo de superficies comerciales. "Ya está pasando e irá a peor si no se hace nada, alguna tienda ha abierto, pero enseguida se generan avalanchas y cierran por miedo a saqueos. Esto es algo inimaginable".
