Estimado vecino: hoy no cantes los goles
Sólo veinte segundos. Contened el "¡goooooool!" sólo veinte segundos. Después gritad todo lo que queráis...
Estimado vecino: te llamé antes a la puerta y no abriste. Seguramente no estabas en casa. Y me acordé de que a veces, cuando coincidimos en el ascensor, me comentas que sueles leer esta columna los domingos, así que he pensado en decirte por aquí lo que iba a decirte en persona. Sé que puede sonar raro, pero si me dejas explicártelo verás cómo lo entiendes. Es un favor muy grande que quiero pedirte hoy a partir de las nueve de la noche. A ti te supondrá una pequeña molestia y a mí me permitirá disfrutar de la final del Mundial. Es bien sencillo: hoy, te lo ruego, no cantes los goles de España. Si se lo pudieras decir a los amigos a los que invitas a casa… y a tu familia, y a tus hijos pequeños... Sólo veinte segundos. Contened el "¡goooooool!" sólo veinte segundos. Después gritad todo lo que queráis.
Es por culpa de la maldita tecnología. Al parecer tú ves los partidos a través de no sé qué plataforma o cadena o streaming o la madre que las parió a todas. Y nosotros en casa los vemos a través de otro sistema diferente. Parece ser que mi sistema es más lento, porque hay unos gnomos y unas hadas del bosque que tienen que codificar las imágenes y meterlas en las ondas para que lleguen a mi descodificador. Me lo contó mi primo el otro día. No estoy seguro de haberlo entendido bien. El caso es que yo veo las cosas veinte segundos después que tú. Que parece poco, pero es la de dios. Le da tiempo a Lamine a coger la pelota en mitad del campo, correr toda la banda, derribar a cuatro y centrar a Oyarzábal en la frontal del área para que meta un pepinazo ajustado a la escuadra izquierda sin que el Dibu pestañee.
Y éste es el problema. Que cuando Pedri le pasa el esférico a Merino en el círculo central, yo recibo un mensaje sobrenatural de un futuro remoto —concretamente, de veinte segundos después— en forma de "¡goooooooool!". Eso es un spoiler y no decir que Bruce Willis está muerto en El sexto sentido. Pero en mi mundo aún no ha ocurrido el gol, y esos veinte segundos se viven como Nietzsche vivía el eterno retorno, como los calvinistas viven la predestinación. Si alguien duda de que existe el destino, le invito a ver fútbol en mi casa. Y eso no es lo peor: lo peor es que Nico Williams pasa a Rodri, Rodri a Lamine, ¡Lamine a Merino dentro del área en posición correcta!, ¡¡MERINO DISPARAAAAAA!! Pero si antes no ha llegado el mensaje del futuro ya sabemos que la pelota se va por encima del larguero.
Comprendo lo difícil que es cumplir lo que te pido. Lo sé todo acerca de las emociones desbordadas y la alegría explosiva ante un evento súbito y feliz. ¡Cómo os voy a pedir que, cuando en el minuto 95 Oyarzábal marque el 4-3 a favor de España, os acordéis de unos pardillos que están todavía en el minuto 94 al otro lado del tabique! Pero, por otro lado, sólo os pido contar hasta veinte. Contar hasta veinte con los dedos. Con la cara enrojecida, los labios apretados, mirándoos unos a otros con cara de felicidad hasta que, tras las dos vueltas de las dos manos, explotéis en un "gooooooool!" identitario, catártico, colectivo, performativo sin por ello ser cisheteronormativo. O que nos invites a ver el partido a vuestra casa, carajo, que llevo toda la columna insinuándolo y no te das por aludido.
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