Tormenta deportiva y política en el Mundial: la FIFA suspende la sanción a Balogun tras la intervención de Trump
La dirección del mundial anula una tarjeta roja a la estrella norteamericana, que podrá jugar ante Bélgica. En esta federación, han mostrado su "estupefacción".
En una decisión sin precedentes en la historia moderna del fútbol, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) ha suspendido la sanción de un partido por tarjeta roja impuesta al delantero estadounidense Folarin Balogun. La resolución, fundamentada en el Artículo 27 del Código Disciplinario del organismo, permitirá al máximo goleador de la selección norteamericana -una de las tres anfitrionas del Mundial 2026- disputar este lunes el crucial encuentro de octavos de final ante Bélgica, en medio de una intensa tormenta política y deportiva.
El giro de los acontecimientos se produjo ayer, tras la intervención directa del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien mantuvo conversaciones con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para instar a una revisión del castigo. Balogun había recibido una tarjeta roja directa en el partido de dieciseisavos de final frente a Bosnia y Herzegovina tras una revisión del VAR por una acción fortuita sobre el defensor Tarik Muharemovic.
Poco después de conocerse el veredicto de la comisión disciplinaria, Trump celebró la medida a través de sus redes sociales: "¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!", manifestó el mandatario, vinculando el indulto con las festividades del Cuatro de Julio en el país coanfitrión.
La medida ha desatado una ola de indignación en las filas de la selección de Bélgica. El seleccionador belga, Rudi García, ridiculizó con dureza la resolución ante los medios de comunicación. "No sabía que en las oficinas de la FIFA el 5 de julio era el equivalente al 1 de abril (Día de los Inocentes en Europa)", afirmó con ironía.
Por su parte, la Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) emitió un comunicado expresando su "estupefacción" y alegando que la decisión viola de forma directa el reglamento de la competición del Mundial 2026, el cual estipula que una expulsión directa conlleva de manera inequívoca la suspensión automática para el siguiente choque. La entidad confirmó que se encuentra investigando "todas las vías legales posibles" para proteger la integridad del torneo, sugiriendo una potencial apelación ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).
Un beneficio bajo lupa
Según los registros históricos, esta constituye la primera ocasión desde el Mundial de Chile en 1962 en la que una tarjeta roja en una Copa del Mundo no acarrea la obligatoriedad de cumplir sanción en el encuentro posterior. La FIFA detalló en su declaración que la ejecución del castigo quedará congelada bajo un periodo de prueba de un año, advirtiendo que cualquier infracción similar reactivaría la suspensión de inmediato.
El cuerpo técnico de los Estados Unidos, liderado por el argentino Mauricio Pochettino, intentó desmarcarse de las implicaciones políticas. Aunque Pochettino calificó previamente la expulsión de "completamente injusta", recalcó en rueda de prensa la necesidad de separar el deporte de la política.
El capitán estadounidense, Christian Pulisic, respaldó a su compañero señalando que "hubo jugadas mucho peores en el torneo" y que la acción de Balogun careció por completo de mala intención. Mientras la selección norteamericana recupera a su principal baluarte ofensivo para buscar el pase a los cuartos de final, el torneo queda bajo la sombra de un debate ético sobre la influencia del poder político en las decisiones internas del fútbol mundial.
"En principio, existen buenas razones para pensar que Balogun fue víctima de una injusticia al ser expulsado durante la victoria de la selección nacional sobre Bosnia y Herzegovina la semana pasada. Sin embargo, la intervención de Trump plantea la posibilidad de que la absolución de Balogun no se base únicamente en una cuestión de justicia", expone la CNN.
El árbitro no expulsó inmediatamente a Balogun, pero tras revisar la jugada en vídeo , dictaminó que había cometido una falta grave. A velocidad normal, el choque con el defensa bosnio Tarik Muharemović parecía inofensivo. Pero al ralentizar la imagen, se pudo ver cómo el pie de Balogun le rozaba la parte posterior de la pierna y le torcía el tobillo de forma espantosa.
Muchos aficionados argumentaron que Balogun era el último jugador perjudicado por el sistema de videoarbitraje del fútbol y que no tenía intención de lesionar a Muharemović. A menudo, los choques entre jugadores se ven mucho peor en cámara lenta. En las generaciones anteriores a la innovación tecnológica, las disputas como la de Balogun no recibían ninguna sanción.
Es posible concluir que Balogun tuvo mala suerte, pero también que la entrada merecía una tarjeta roja según las normas de la FIFA. Se ven entradas similares cada semana en las principales ligas profesionales europeas que también resultan en expulsión. Por otro lado, es difícil entender por qué Balogun fue expulsado, mientras que Lionel Messi se libró de una entrada similar en el primer partido de Argentina.
Pero la respuesta de la FIFA al incidente y la decisión de Trump de involucrarse están generando preocupación. Tras el partido, la FIFA dejó claro que la selección estadounidense no tenía posibilidad de apelar la suspensión y que Balogun no estaría disponible para jugar en Seattle el lunes. Esto supuso un duro golpe para los estadounidenses, ya que el delantero del Mónaco es el máximo goleador del equipo.
El anuncio de la FIFA el domingo sobre la anulación de la suspensión ofreció muy pocas explicaciones, lo que avivó las críticas de que se hizo una excepción con la estrella estadounidense después de que Trump se quejara.
El comité disciplinario de la FIFA invocó el artículo 27 de su código, que permite la suspensión total o parcial de una medida disciplinaria durante un período de prueba. La tarjeta roja se mantiene y, si Balogun comete otra infracción, se restablecerá la suspensión, junto con posibles nuevas sanciones.
No era la primera vez que la FIFA utilizaba esta cláusula. Anteriormente, había suscitado acusaciones de favoritismo hacia un jugador estrella cuando permitió que el portugués Cristiano Ronaldo jugara en las rondas preliminares de esta fase final a pesar de estar suspendido por una tarjeta roja en un partido de clasificación.
El trumpismo entra en escena
Resultaba previsible que el mandatario estadounidense buscara la forma de involucrarse en el Mundial, un torneo que él mismo equipara con la magnitud de múltiples Super Bowls y que ofrece el escaparate internacional perfecto para su ego. No obstante, se mantuvo al margen en las fases previas, concentrado en los festejos por el 250 aniversario de la nación, una festividad en la que sus detractores afirman que también buscó un protagonismo desmedido.
La expulsión del delantero norteamericano rompió esa tregua. Como ferviente seguidor del deporte, el neoyorquino suele instrumentalizar las competiciones para avivar debates ideológicos o proyectar su propia influencia. De hecho, hace unos meses se adjudicó el éxito olímpico del equipo de hockey frente a Canadá como un logro de su gestión, politizando un festejo que debió unir al país. Su historial evidencia que las normas tradicionales no frenan sus objetivos, ya que para él solo cuenta el triunfo final.
Medios como la CNN sostienen que el líder norteamericano contactó directamente al jefe de la FIFA tras la expulsión del atacante para exigir una reconsideración. La sintonía entre ambos dirigentes es estrecha, al punto de que los gestos del directivo del fútbol a menudo se interpretan como un espaldarazo electoral hacia la polémica figura del jefe de Estado.
El dirigente del balompié mundial suele mostrarse cercano al mandatario, habiendo coincidido incluso en cumbres diplomáticas en Oriente Medio. Tras la toma de posesión presidencial, el directivo suizo llegó a publicar en redes que colaborarían para devolver la grandeza tanto a la nación norteamericana como al planeta.
Esta proximidad no es nueva para un directivo acostumbrado a las turbulencias institucionales, tras haber lidiado con las denuncias sobre derechos laborales en Qatar y la designación de Arabia Saudí para la cita de 2034. La controversia aumentó cuando la federación internacional condecoró al político con un inédito galardón de la paz, compensando su frustrada nominación al Nobel.
Pese a los cuestionamientos, la entidad matriz defiende la necesidad de mantener puentes sólidos con los jefes de Estado de las naciones organizadoras. Este vínculo cobra más relevancia si se recuerda que la justicia estadounidense destapó la gran red de sobornos del organismo en 2015. El problema radica en el peligroso antecedente que se genera: a partir de ahora, cualquier gobernante de peso podría intentar torcer las decisiones del torneo mediante coacciones políticas.
Esto colocará bajo la lupa arbitral cada acción dividida del certamen. Si el organismo utilizó sus ambiguas facultades para perdonar provisionalmente al jugador local, resultaría discriminatorio no aplicar el mismo criterio con futbolistas de otras delegaciones.
Sin embargo, el eco de la llamada presidencial y el beneficio al artillero local sembraron la duda de si los hilos despachados desde las oficinas terminarán decidiendo el dueño del galardón que se entregará en quince días. Esto empaña una competición que, hasta el momento, funcionaba como un oasis frente a la crispación partidista que vive el país.