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14/04/2016 07:21 CEST | Actualizado 14/04/2016 11:22 CEST

Das y Cortázar

cortazar barAlgunos días, quedo con mi amigo Javier Das y compartimos ese momento ceremonioso y personal que es la primera comida del día. Desayunamos y hablamos de literatura. Das es un narrador excelente y divertido. Cuenta infinidad de anécdotas, cambia las voces, ríe. Toda su obra tiene una poética muy particular. Es un pescador de recuerdos, de nostalgias.

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Me gustan las mañanas, los desayunos, la literatura y los gatos. No sé si en ese orden. No suelo ordenar las cosas con lógica. El desayuno, la primera comida del día, es tal vez mi favorita. Me explayo en silencio, ante el café y las tostadas. Es mi momento, de nadie más, ese espacio que nadie puede invadir, sólo si uno quiere.

Algunos días, quedo con mi amigo Javier Das y compartimos ese momento ceremonioso y personal. Desayunamos y hablamos de literatura. Das es un narrador excelente y divertido. Cuenta infinidad de anécdotas, cambia las voces, ríe. Toda su obra tiene una poética muy particular. Es un pescador de recuerdos, de nostalgias.

Conocí a Das por casualidad, gracias a su libro En estas cuatro paredes. Lo compré sin conocerle de nada, y su poesía me atrapó. Últimamente habla mucho de Cortázar. Le fascinan los juegos en la literatura, como Cortázar o Perec hacían.

El pasado 1 de abril, quedamos para celebrar mi cumpleaños: desayuno y biblioteca. Andaba buscando dos libros del escritor argentino, La vuelta el día en ochenta mundos y Último round, dos libros híbridos que nos muestran juegos, textos inconexos, relatos, retazos. Pero no los encontramos.

Me contó historias de sus últimos textos, su experiencia visitando el París de Cortázar, tan bien narrado en su libro Todas las ciudades y París. Fue una bonita mañana, algo fría, pero nos acompañamos.

Javi y yo tenemos algo de Cortázar; yo, tal vez, algo más de Perec. La literatura es un juego. Los ritmos nos importan mucho y paladeamos las palabras al escribir. A veces siento que no somos hombres de este tiempo, sino que somos la sombra de otros que quedaron atrás, o personajes del autor de Rayuela, salidos del propio libro. Tal vez las camareras de los bares donde desayunamos son la Maga saliendo del río.

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