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07/05/2014 07:08 CEST | Actualizado 06/07/2014 11:12 CEST

¿De verdad los ucranianos odiamos a los rusos?

Claro que no. Sólo esperamos que ellos se liberen de esta persona que empuja a sus compatriotas al abismo económico, hacia grandes crímenes, aun hacia la muerte. Porque en realidad a Vladimir Putin no le interesan ni otros pueblos, ni el suyo propio. Su Ego imperial es lo único que tiene importancia.

Los ucranianos somos gente que creció viendo las películas soviéticas. Los ucranianos dominamos el ruso de manera fluida. Los ucranianos leemos a Tolstói, Dostoyevski, Bulgákov y Chéjov. Los ucranianos tenemos muchos parientes en Rusia.

Y los rusos creen que estamos locos, compadecen al dictador-Yanukóvich y esperan que nuestra lucha fracase. ¿Qué es lo que provocó un desprecio tan ardiente? ¿Que no queríamos que Ucrania fuera miembro de la Unión Aduanera? ¿Que nos atrevimos rechazarles?

¿Pensaron los rusos por qué lo habíamos hecho? A lo mejor porque ya tenemos la experiencia de convivir con Rusia cerca de 70 años, y no percibimos de su parte nada más que el mismo desprecio. En la Unión Soviética no había ninguna igualdad entre las repúblicas. La idea impuesta del homo sovieticus estableció la identidad rusa como base primordial. Los movimientos nacionalistas eran reprimidos de manera regular por el servicio especial. Miles de intelectuales debieron exiliarse, tan sólo porque sus modos de pensar no coincidían con la única línea del partido.

Nos mataron de hambre (el genocidio del pueblo ucraniano entre 1932-33). Arruinaron nuestra economía en pos de sus planes quinquenales. Nos hicieron entrar en las haciendas colectivas (koljóses). Llamaron a nuestro idioma un dialecto. Y a nosotros siempre nos consideraron como un pueblo inferior.

¿Cómo puede creer usted que ahora tengamos ganas de mantener relaciones estrechas con un país que en gran medida sigue siendo un Estado totalitario? Es una sociedad donde la vida de cada persona concreta no tiene ningún valor. Es una sociedad donde aun miles de vidas no valen nada.

Sin embargo, en la cima tiene que estar alguien que simbolice la fuerza y la potencia del Estado. Que personifique el puño férreo de todos los gobernantes que lograron convertir a Rusia en un imperio grande e invencible.

Vladimir Putin siempre hace referencias a la historia de su país, recordando a los rusos sus victorias, y manteniendo la ilusión de que estas van a durar siempre. Él apela a un deseo absolutamente natural de cada persona: ser el mejor, ser el ganador. Y aun si ahora no hay motivos para ello, el ruso siempre tiene que sentirse en la cumbre del mundo.

Al mismo tiempo, los rusos creen tener una vocación de intervenir en todo el mundo para resolver cualquier tipo de problema. Las acciones de Rusia en torno a otros Estados siempre están encubiertas por el velo de buenas intenciones. La decisión de ingresar con sus tropas en Polonia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la guerra soviético finlandesa, las tropas en Afganistán, la guerra con Georgia... El camino del infierno también está empedrado de buenas intenciones.

Rusia siempre tiene objetivos mesiánicos. Para mí el único Estado que puede igualarse por sus pretensiones imperialistas a la Federación Rusa son los Estados Unidos.

Sin dudas, el Día de la Victoria contra la Alemania nazi va a ser utilizado por los mass media rusos en su campaña de desinformación contra Ucrania, como un impulso para una nueva lucha contra el neo-nazismo que ahora mismo está -según su versión- arraigándose en un país vecino. Es un pretexto perfecto para volver a desplegar su misión histórica de salvamento del pueblo hermano.

El tema del supuesto colaboracionismo de la parte occidental de Ucrania con las tropas hitlerianas adquiere un sentido especial en esta situación. Porque todos los movimientos de resistencia no-soviéticos en nuestras tierras ocupadas, fueron igualados a los colaboracionistas. Y ahora los medios rusos explotan al máximo esta imagen de traidores para demostrar la supuesta vileza del alma ucraniana.

En realidad existía un movimiento nacionalista bastante fuerte que luchaba contra los ocupantes nazis, pero también contra el Ejército Rojo, cuyo comportamiento en las tierras occidentales muchas veces no era mejor.

El caso de un verdadero colaboracionismo lo representa la división SS Galychyna. La historia oficial de la URSS fue escrita de manera muy especial, como en todos los Estados totalitarios. Los nacionalistas fueron igualados a los colaboracionistas. Primero, porque consideraron a los soldados soviéticos como ocupantes y les molestaron; segundo, los movimientos independentistas eran peligrosos para la unidad de la Unión Soviética.

La única culpa de los nacionalistas era su lucha sincera por el Estado Ucraniano. Por un Estado Ucraniano independiente, soberano, que durante siglos fue destrozado por diferentes imperios. Las tropas soviéticas, que habían anexado la región occidental bajo su modo tradicional, fueran percibidas allí como simples ocupantes. Sus métodos de amansamiento eran los mismos que en la parte oriental de Ucrania, cuya población ya estaba acostumbrada.

La famosa organización nacionalista OUN y su rama militar, el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), tenían que luchar en tres frentes: contra los nazis, el Ejército Rojo y las tropas polacas. Ellos lucharon bajo las duras condiciones de un muy riguroso invierno, el que era propio de nuestras tierras a mediados del siglo XX.

Es imposible ocultar el hecho de que dentro de la Wehrmacht existía una división formada por ucranianos - SS Galychyna (14 División de Granaderos SS). Esta no tenía nada que ver con las organizaciones nacionalistas, como OUN. Debemos recordar que durante el Proceso de Nuremberg la división fue declarada inocente, ante la ausencia de pruebas en su contra. Pero esto no ha impedido a la máquina de propaganda rusa seguir identificando a toda la gente de la Ucrania occidental como colaboracionistas.

Sin embargo, no se sabe porqué en Rusia nadie habla sobre la existencia de dos divisiones de Wehrmacht formadas por rusos -la 29 y la 30 divisiones SS, a las cuales también se puede calificar como organizaciones colaboracionistas. Entonces, ¿por qué no identificamos a todos los rusos con los nazis y los traidores?

Los ucranianos sabemos mejor que otros nuestras propias debilidades. Pero nuestra culpa mayor es que después de casi 23 años de independencia no logramos formular una idea nacional que una a la gente de todas las regiones de Ucrania. Somos culpables de que ahora nuestra población esté buscando algo en Europa o en Rusia, que no puede encontrar en su propio país. Somos culpables de que la propaganda rusa influya en nuestros compatriotas, y mucha gente de verdad tenga miedo de los nazis revolucionarios y confíe en Rusia.

Una vez, en una entrevista, Vladimir Putin dijo que entendía a los manifestantes de Euromaidán. Los manifestantes de Euromaidán también entienden a Vladimir Putin. Entienden que para él es muy fácil dar la orden desde su despacho y no ver las caras de sus víctimas. Entienden que para él, miles, millones de personas no tienen ningún valor. Entienden, también, que la sed del poder es insaciable.

Lo único que falta, es que millones de rusos entiendan lo mismo. Que no esperen que alguien venga y los salve de la miseria. Que no vean y crean en la televisión, que sirve a quien le paga más. Que no bajen las cabezas ante Putin. Porque él es sólo un ser humano, que vino y muy pronto va a irse. Él es actualmente el sujeto de esta historia gracias a esos poderes tan grandes que le atribuyó el pueblo ruso sin medir bien las consecuencias de ello.

¿De verdad los ucranianos odiamos a los rusos? Claro que no. Sólo esperamos que ellos se liberen de esta persona que empuja a sus compatriotas al abismo económico, hacia grandes crímenes, aun hacia la muerte. Porque en realidad a Vladimir Putin no le interesan ni otros pueblos, ni el suyo propio. Su Ego imperial es lo único que tiene importancia para el presidente de la Federación Rusa.

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