BLOGS
01/12/2015 07:08 CET | Actualizado 30/11/2016 11:12 CET

Un libro para recordar el Madrid que fue e imaginar el que podría ser

cieloEl cielo en movimiento es una oda a una ciudad, Madrid, que ha inspirado a los creadores y creadoras que dejan en estas páginas su rinconcito madrileño, su recorrido personal, su trazo artístico. Algunos, como Pedro Almodóvar, serán más conocidos para el lector. Otros serán caras nuevas para muchos, aunque su trabajo lleve años dejando una huella única en la capital.

9 de mayo de 1985. Enrique Tierno Galván (1918-1956), entonces alcalde de la ciudad de Madrid, plasmaba en uno de sus hoy históricos bandos municipales el espíritu de una época que cambiaría para siempre la capital española: "Madrileños: Hemos de estar en extremo contentos y satisfechos porque Madrid se haya convertido en la fábula de Europa. Voces extranjeras la llaman la capital de la alegría y del contento de Europa. Nada puede producirnos mayor gozo, siempre ajeno a cualquier soberbia o vanidad, porque titular así a nuestra ciudad significa que es acogedora, cordial, libre, apacible y universal, todos cuyos adjetivos son muchos y muy ilustres y pocas veces se han dado reunidos en la historia de una Villa tan populosa y concurrida como es la nuestra".

Era la época de la Movida Madrileña. Así, en mayúsculas, o en cursiva si lo prefieren, por si saben a poco todas las leyendas que hemos escuchado ya sobre esta aurea aetas. Las fiestas de San Isidro de aquel año, que se extendieron desde el 11 al 18 de mayo, contaron con "un variado y heterogéneo contenido", según cuenta la hemeroteca del diario El País (otro mito de la época). Luís Llach, María Bethania, Caetano Veloso, Enrique Morente y Camarón de la Isla actuaron en el Palacio de Deportes. Cuenta la misma nota que el Paseo de Camoens, en el Parque del Oeste, fue el "espacio reservado para numerosos grupos de la movida": Spandau Ballet, Gruppo Sportivo, The Smiths, Alaska, Radio Futura, Mecano... La Plaza Mayor, la Plaza de las Vistillas y el Palacio de Exposiciones y Congresos fueron otros de los rincones de esta floreciente urbe que acogieron las citas musicales de las últimas fiestas de San Isidro que vio el "viejo profesor", el alcalde de la Movida, don Enrique Tierno Galván.

¿Cómo explicar aquel Madrid sin la figura de Tierno, al igual que sin el espíritu de la Movida? Ambos, además, no pueden entenderse el uno sin el otro. "Rockeros: el que no esté colocado que se coloque, y al loro". Esta sería una de las frases del "viejo profesor" que pasaría a la Historia. Madrid estaba en plena ebullición y el corazón de los madrileños latía a un ritmo que pocos recordaban haber experimentado. A veces, sí, los latidos se desbocaban por efecto de los paraísos artificiales de Baudelaire; aunque a posteriori resulte cuando menos cínico utilizar esa expresión para hablar de una realidad que devastó tantas miles de vidas, pese a que a algunos nostálgicos de la época les cueste recordar esa parte. Pero a veces, otras muchas, los corazones latían con desenfreno borrachos de esperanza y libertad, de una libertad de la que nunca podrían saciarse después de tantos años bajo la sombra de un régimen cuya brutalidad sigue siendo sorprendentemente incómoda de recordar. Aún, como se suele decir, en democracia.

Aquel Madrid, con los claroscuros que dibujaba la silueta de sus calles, fue fuente de inspiración para una generación que quiso hacer su propia revolución, al quedársele corta en ocasiones la moderación de la Transición. El alcalde de aquel Madrid fue quizás el mejor ejemplo de aquella época de contradicciones: enrollado, valedor a veces de aquel movimiento que venía a rejuvenecer Madrid, aunque a leguas de distancia de la revolución personal que en esas jóvenes (y no tan jóvenes) mentes se gestaba: si lo personal es político, habría que concluir que, en el fondo, figuras emblemáticas como Tierno estaban todavía lejos de abanderar las luchas que no hacían portadas, pero que encauzaron las corrientes profundas de aquel momento histórico.

Porque el alcalde enrollado, como otros tantos, era representante de una izquierda (de un PSOE, para ser concretos, pero aquí encontramos un denominador común para la mayoría de las izquierdas de entonces) que se distanciaba convenientemente de las batallas sociales de las que posteriormente se ha apropiado, convirtiéndolas en las banderas que han de diferenciarla de otras fuerzas políticas. Valgan como ejemplo sus declaraciones a la revista Interviú, en 1977, sobre la homosexualidad, recogidas por Alberto Mira en su obra De Sodoma a Chueca: "No, no creo que se les deba castigar. Pero no soy partidario de conceder libertad ni de hacer propaganda del homosexualismo. Creo que hay que poner límites a este tipo de desviaciones, cuando el instinto está tan claramente definido en el mundo occidental. La libertad de los instintos es una libertad respetable... siempre que no atente en ningún caso a los modelos de convivencia mayoritariamente aceptados como modelos morales positivos". Tierno y su homofobia liberal; su negativa, en resumen, de hacer de lo personal algo político.

¿Por qué hablar ahora de Tierno Galván y de aquellas fiestas de San Isidro de 1985? Porque desde ayer, gracias a la Editorial Dos Bigotes, han vuelto a tener sentido para hablar del Madrid de nuestros días y el que queremos construir. Los editores de la joven firma, Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez, han tomado las palabras del "viejo profesor" de aquel 9 de mayo para cimentar una obra sin precedentes.

El cielo en movimiento, así se titula el libro, es una oda a una ciudad que ha inspirado a los creadores y creadoras que dejan en estas páginas su rinconcito madrileño, su recorrido personal, su trazo artístico. Sus editores quisieron hacer de la diversidad sexual y de género el corazón del libro, pero abrir su caleidoscópico retrato de Madrid a otras voces que quisieran estar ahí, cartografiar la ciudad con versos, canciones, imágenes estáticas o en movimiento, ideas o una historia que serpentea entre sus calles.

Algunos serán más conocidos para el lector: Pedro Almodóvar, Eduardo Mendicutti, Luisgé Martín, Ouka Leele, Abel Azcona. Otros serán caras nuevas para muchos, aunque su trabajo lleve años dejando una huella única en la capital. Sería injusto, no obstante, citar solo a unos pocos de las treinta voces que agrupa esta antología. Dos Bigotes recupera así trabajos, a la vez que presenta obras inéditas, con el objetivo de tender puentes entre el Madrid de los ochenta y el de nuestros días.

¿Por qué hacerlo ahora, por qué rodear a Tierno Galván de este elenco de personajes? Quizás porque la ciudad y sus ciudadanos parecen haber recuperado una ilusión que durante años había estado hibernando. El Madrid del cambio, personificado en la figura de la alcaldesa Manuela Carmena, es el centro de gravedad de gran parte de estos testimonios. Es la ilusión de la que habla el escritor José Luis Serrano, uno de los autores, cuando evoca la primavera en la que tantas esperanzas florecieron: "En la primavera de 2015 volví a notar aquello que no sabría cómo describir. Una ilusión, algo que se expandía como uno de esos vídeos virales, como esas algas secas que se desperezan y se hinchan y se retuercen con el chorro de agua fresca, y que se contagiaba".

No podría ser de otra forma, tratándose de soñadores de Madrid, en un libro que busca recordar el Madrid que fue e imaginar el que podría ser, diferente, mejor. Algo que el proyecto político que encabeza Carmena sigue intentando hacer, lo consiga al final o no, y que tuvo la ocasión de demostrar al involucrar por primera vez en la Historia al Ayuntamiento madrileño en cuerpo y alma en la celebración del Orgullo LGTBI. "Os agradezco vuestra alegría, vuestra ilusión, vuestra tenacidad y vuestro espíritu de sacrificio, porque con todo ello señaláis el camino para acabar con la desigualdad y la injusticia", dijo entonces la alcaldesa, abriendo el camino a una capital que abandera la libertad y se preocupa por la memoria de su conquista. Un Madrid soñado, luchado y ganado por soñadores, como los que hoy nos traen este libro de sueños cumplidos y por cumplir.