Cómo dejar de tocarte la cara y evitar que tus hijos lo hagan

Las mejores medidas para evitar contagios son lavarse las manos y no llevárselas a la cara.

A medida que el número de casos confirmados de coronavirus en el mundo sigue aumentando y acercándose a niveles de pandemia, la gente hace lo que puede para no contraer el COVID-19 siguiendo los consejos de los expertos. Muchas personas están llevando las medidas de seguridad más allá de lo necesario, pero no hay que olvidar que la mejor receta para evitar contagios es lavarse las manos y no tocarse la cara.

Lavarse las manos es sencillo, dejar de tocarse la cara es un desafío, pero conseguir que tus hijos tampoco lo hagan es casi imposible.

Después de un día esforzándome, me entristece comunicaros que las probabilidades de seguir sin tocarme la cara constantemente son extremadamente bajas.

Aunque me esfuerzo por no tocarme la cara, estoy viendo cómo mi hijo y todos los demás niños toquetean cualquier superficie que se encuentran sin ningún cuidado.

Un pequeño estudio de 2015 desveló la asombrosa frecuencia con la que las personas tienden a llevarse las manos a la cara. Los investigadores grabaron a 26 estudiantes de Medicina en una clase y contaron cuántas veces se tocaban la cara. De media, cada estudiante se tocó la cara 23 veces en una hora y el 44% de esos contactos se realizó en zonas con membranas mucosas, como la boca, la nariz o los ojos.

Tocarse la cara, especialmente alrededor de las membranas mucosas, allana el camino a los virus y a las bacterias para que penetren en tu organismo, te infecten y se hospeden en ti de modo que expandes aún más la enfermedad.

“También provoca acné, así que hazlo aunque sea por tu belleza. Además, las personas que se tocan la cara incesantemente parecen menos seguras, atentas y presentes que las personas que no lo hacen con tanta frecuencia”, advierte la doctora en psicología Sanam Hafeez.

Para ayudar a los lectores a dejar de tocarse tanto la cara y conseguir que los pequeños de la casa tampoco lo hagan, la edición estadounidense del HuffPost se ha puesto en contacto con Hafeez y otros expertos para conocer técnicas que puedan ayudar a lograr algo tan complicado.

Explícales el concepto de ‘gérmenes’ a tus hijos

“Si tus hijos tienen al menos tres años, puedes empezar a explicarles qué son los gérmenes y cómo se expanden al tocarse la cara, igual que les explicas la importancia de estornudar tapándose con el codo”, recomienda Hafeez.

De hecho, hay muchas formas adecuadas para su edad de hablarles de los gérmenes, como por ejemplo a través de juegos y actividades divertidas. Al explicarles por qué les pides que no se toquen la cara, consigues que se involucren más en el proceso y les haces interesarse en conseguir el objetivo.

Intenta contar las veces que te tocas la cara y házselo saber a tus hijos cuando les pilles

El primer paso para cambiar un mal hábito es darte cuenta de cuándo caes en él. Morderse las uñas o tocarse la cara puede ser algo impulsivo que se hace por aburrimiento, ansiedad o necesidad.

“La mayoría de la gente se toca la cara de forma inconsciente”, asegura Paul Hokemeyer, psicoterapeuta y autor de Fragile Power. “Se frotan los ojos o se palpan los labios cuando están confusos. La principal característica de estas acciones es que se produce en el plano de la inconsciencia como rasgo evolutivo de la parte más primitiva de nuestra biología: el sistema límbico”.

Intenta estar pendiente de tus manías e identifica los desencadenantes para ponerles freno.

“Es fundamental pasar un día anotando cuándo y dónde te has tocado la cara”, comenta el psicólogo Paul DePompo. “Puede ser leyendo, conduciendo, cenando, en situaciones estresantes, etcétera”.

Los padres también pueden ayudar a que sus hijos se percaten mediante el simple acto de decírselo cuando los vean haciéndolo. “Es muy difícil conseguir que los niños dejen de tocarse la cara, pero las mismas estrategias que funcionan en adultos funcionan también en los pequeños. Y la primera estrategia es estar pendiente”, asegura Hafeez. “Si les recuerdas a tus hijos que no se toquen la cara cada vez que los veas hacerlo, desarrollarán una respuesta condicionada por la que retirarán las manos en cuanto se lo digas”, añade.

Mantén las manos ocupadas con otra cosa

La mejor forma de acabar con una manía es sustituirla por otra manía incompatible, señala Denise Cummins, experta en pensamiento, cognición y toma de decisiones.

“Si sueles apoyar la cara sobre la mano, intenta coger la costumbre de sostener algo con esa mano o cruzarte de brazos”, recomienda Cummins.

DePompo recomienda colocar pequeños juguetes y objetos antiestrés a mano en los lugares en los que más sueles tocarte la cara. Asimismo, recomienda lavar y desinfectar de forma periódica esos objetos.

En cuanto a los niños, los expertos aconsejan “darles algo para sostener con lo que puedan jugar, ya que es algo incompatible con tocarse la cara. Siempre es mejor intentar reemplazar una manía problemática con otra en vez de decirles que NO hagan algo, ya que todavía no tienen desarrollado el córtex prefrontal que regula las inhibiciones”.

Haz que sea desagradable o incómodo

Otra solución para acabar con la manía es hacer que sea incómoda o desagradable.

“Ponte guantes de lana o guantes bastos sin dedos que tengan un tacto incómodo con la piel sensible de la cara” sugiere Cummins.

Aunque los guantes también se contaminan y hay que lavarlos, los investigadores piensan que los virus no viven tanto tiempo en materiales suaves.

Otra forma de crear barreras mentales contra esta manía es llevar gafas o maquillaje. Si tu problema es que no dejas de morderte las uñas, prueba a ponerte esmalte especial de sabor desagradable.

En el caso de los niños, puedes probar con las mismas estrategias, pero en ocasiones supone más trabajo del que merece la pena.

Ponte recordatorios

Es muy fácil despistarte y recaer a lo largo del día, pero te será más sencillo si estableces un sistema de recordatorios.

“Ponerte una nota en el ordenador que diga NO TE TOQUES LA CARA y pedir a tus compañeros de trabajo que te lo recuerden y te castiguen cada vez que caigas en la tentación son otras formas de ir acabando con esta manía”, comenta Hafeez. No te interesa que tu relación con esas personas se vea afectada, de modo que conviene que esos castigos y recordatorios tengan una pizca de humor y broma, recomienda Hokemeyer. También puedes ponerte alarmas periódicas en el móvil para recordarte que prestes atención.

Practica mindfulness

La manía de tocarse la cara a menudo la provoca la ansiedad.

Practicar mindfulness y otras técnicas, como la respiración intencional y la meditación, te pueden ayudar a reducir la ansiedad. Cummings propone también la “respiración vagal”, un ejercicio que estimula el nervio vago, que discurre desde el tronco cerebral hasta el abdomen.

Este ejercicio aplaca el estrés y favorece la regulación de las emociones, mitigando así los desencadenantes emocionales que provoca que muchas personas se toquen la cara con tanta frecuencia.

Utiliza recompensas y castigos (para ti)

Si necesitas una ayuda mayor, establecer castigos y recompensas te incentivará para que abandones tus malos hábitos.

“Una forma de acabar con esta manía es extender los dedos de la mano al máximo durante un mínimo de dos minutos y medio o tres cada vez que caigas en la tentación de tocarte la cara. Es incómodo, pero no es doloroso. Así aprenderás a prestar MUCHA atención a tus manos y en poco tiempo las mantendras a raya”, propone DePompo.

Hokemeyer, por otra parte, sugiere motivarte con recompensas inmediatas cada vez que logres una mejoría.

“Permítete darte un atracón de televisión o comerte una bolsa de palomitas o comprarte un nuevo esmalte de uñas. No hay nada como las nuevas recompensas para dejar atrás viejas manías”, sostiene.

Los niños tienen a responder mejor al refuerzo positivo que a las críticas y a las correcciones. “Los padres tienen que elogiar a sus hijos cuando no estén tocándose la cara, que es mejor que impedir que se la toquen. Un simple ‘Muy bien por mantener las manos lejas de la cara’ funciona mucho mejor que una riña para que no lo vuelvan a hacer”, asegura DePompo.

Puedes animar a tus hijos proponiendo recompensas como pegatinas, juguetes, caprichos o incluso un poco de tiempo extra para ver la tele si se esfuerzan por mantener las manos lejos de la cara.

Ponte objetivos realistas

No seas duro contigo mismo si sigues tocándote la cara durante el día sin darte cuenta.

“Has tenido esa manía durante años, así que intentar cortar tajantemente no solo es poco práctico, sino que también te acerca al fracaso”, advierte Hafeez. “Intenta terminar con esa manía poco a poco. Si te tocas la cara cinco veces por hora, conviértelo en dos o tres hasta que se conviertan en dos o tres al día”.

Hokemeyer subraya la importancia de hacer cambios progresivos en vez de rápidos y radicales.

“Tendrás que asumir que cambiar un mal hábito lleva tiempo y práctica. Te sorprenderá y hasta te divertirá descubrir lo persistentes que son estas reacciones y lo arraigadas que están en tu mente. También te darás cuenta de que cambiar es agotador y frustrante. Por eso mismo, mejor ve poco a poco. Estos hábitos no surgieron de la noche a la mañana y tampoco cambiarán de repente”, avisa.

Centra tus esfuerzos en medidas fáciles de controlar

Precisamente porque erradicar esa manía lleva tanto tiempo, conviene centrarte en medidas preventivas que sí sean fáciles de llevar a cabo.

“Probablemente sea más importante mantener las manos limpias que dejar de tocarte la cara”, considera el investigador Brad Stulberg. “Es mucho más fácil acordarte de lavarte las manos porque lo puedes asociar a determinadas actividades diarias, como cuando vas a comer o acabas de ir al baño, cosas que la mayoría de la gente hace varias veces al día. Si tienes las manos limpias, tocarte la cara ya no será tan grave”.

Ten en cuenta también que los niños son niños, así que no te estreses si no dejan las manos quietas desde el primer momento milagrosamente, indica Mark Reinecke, psicólogo clínico del Child Mind Institute. Es tan difícil impedir que un niño se toque la cara que es mejor centrarse en fomentar hábitos saludables más fáciles de controlar. “Lo que deberíamos hacer es animar a nuestros hijos a lavarse las manos regularmente”, señala Reinecke. “O comprar desinfectante de manos y darles de vez en cuando. O darles un pañuelo de papel cuando estornuden y tengan mocos”.

Enseñar a los hijos a lavarse las manos con frecuencia es un hábito que debería fomentarse siempre, no solo ahora con motivo del coronavirus. Asimismo, los padres también deberían estimular la salud de sus hijos proporcionándoles comidas nutritivas, animándoles a hacer ejercicio y a dormir suficiente. “Ahora mismo no hay necesidad de ser alarmistas ni de cambiar significativamente los hábitos de crianza normales”, insiste Reinecke.

Esos hábitos saludables, a los que se añadirían otros como vacunarse y no fumar, también son extensibles a los adultos por su bien y por el de su comunidad.

“Es un buen momento para que todos reflexionen sobre por qué le tienen tanto miedo al coronavirus y adopten hábitos sanos que los mantengan sanos en otras facetas de la vida”, propone Stulberg. “No digo que [el coronavirus] no tenga el potencial para ser peligroso, sino que más allá de la costumbre de lavarse las manos, no hay mucho más que uno pueda hacer. Por eso conviene canalizar esa energía nerviosa y adoptar hábitos que se sabe con certeza que te ayudarán a vivir sano durante más tiempo”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido y adaptado del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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