Cinco señales de que estás malcriando a tus hijos

“Los niños consentidos corren el riesgo de ser adultos poco competentes”.

Es evidente que los padres no malcrian a sus hijos a propósito haciéndoles pensar que son los dueños del mundo, pero es algo que sucede.

Este problema no se da solamente entre niños que crecen rodeados de privilegios (financieros o de cualquier otro tipo), sino que le puede pasar a cualquiera. Los niños desarrollan esta clase de mentalidad consentida en gran parte por la educación que reciben de sus padres. Educar bien a tus hijos es importante no solo por la satisfacción de criar buenos seres humanos, sino también porque consentirles todo puede generarles problemas emocionales y de salud mental a largo plazo.

Por suerte, los expertos aseguran que es muy sencillo enderezar la educación de un niño que está descarrilando. Presta atención a las señales que debes detectar y los cambios que puedes poner en marcha si sucede.

Señal 1: No saben cuidar de sí mismos

Obviamente, los niños no son autosuficientes en todas las facetas de su vida, pero “darles responsabilidades es una de las misiones más importantes de los padres”, asegura Aliza Pressman, presentadora del podcast Raising Good Humans.

Una herramienta poderosa para que los niños aprendan a asumir responsabilidades es enseñarles a hacerse cargo de unas tareas básicas de autocuidado.

Los niños pequeños deberían aprender a vestirse (o a colocarse alguna de las prendas más sencillas) a medida que desarrollan las capacidades motrices necesarias, y los padres deberían darles tiempo y espacio para “aprender a usar botones y cremalleras”, aseguran los expertos. Los niños en edad de educación infantil deberían aprender a bañarse solos (pero siempre bajo la supervisión de un adulto). La mayoría de los niños de 8 años pueden lavarse los dientes solos. Y así progresivamente.

Hay que aclarar que las edades anteriores son estimadas y que cada niño aprende a su propio ritmo. El objetivo es empoderar progresivamente a tus hijos para que aprendan a hacer más cosas y sepan lo que se espera de ellos.

“Los niños consentidos corren el riesgo de ser adultos poco competentes”, señala Pressman.

Señal 2: No tienen tareas domésticas

Pero los niños no solo deberían aprender a cuidar de sí mismos, sino que también tendrían que ayudar en casa.

“Tener tareas domésticas adecuadas para su edad no es un castigo, sino una forma de demostrarles que son miembros útiles de la familia”, explica Pressman. “Que tus hijos no quieran colaborar no significa que no deban hacerlo”.

No importa demasiado qué tareas les des a tus hijos, simplemente tienen que ser adecuadas para su edad, señala Pressman. Pueden empezar desde muy pequeños. Los niños más pequeños pueden ayudar limpiando o recogiendo su plato después de comer.

Un consejo: plantéate darles a tus hijos pequeños al menos una tarea en beneficio de toda la familia. “Parte de la necesidad de poner tareas radica en la importancia de ayudar a los demás”, explica la psicóloga clínica Stephanie O’Leary. “Cuando una tarea solo beneficia a tus hijos, como hacerse la cama o limpiar su cuarto, es una oportunidad perdida para que aprendan una lección”.

Señal 3: No saben perder

Un error que cometen muchos padres sin querer es “hacer que sus hijos piensen que la vida siempre es justa”, comenta Pressman.

No siempre van a ganar. No siempre recibirán un trofeo cuando hagan las cosas bien. Es mejor que se vayan acostumbrando poco a poco desde pequeños.

Según explica el Child Mind Institute (CMI) “no aprender a tolerar el fracaso les vuelve vulnerables ante la ansiedad. En algún momento les llegará el fracaso, ya sea en el colegio, en la universidad o en la vida laboral, y si no han aprendido a tolerarlo, se vendrán abajo. Y lo que es más peligroso: puede hacer que se rindan o que prueben cosas que no deberían”.

No pienses tus hijos aprenderán de forma natural a asumir una derrota; es importante que se lo enseñes específicamente. Ten empatía, predica con el ejemplo y enséñales a desarrollar tolerancia a la frustración con el tiempo, recomienda el CMI. No les digas que se olviden, déjales espacio para reflexionar sobre la experiencia y luego hablad sobre las emociones que han surgido. Explícales lo difícil que resulta perder, pero no les hagas olvidarse de esas emociones sin más.

Señal 4: No soportan no salirse con la suya

Si notas que a tu hijo le cuesta mucho asimilar un no como respuesta, no lo ignores. Es tu trabajo como padre o madre reflexionar sobre tus límites y ceñirte a ellos.

Si tus hijos sobrepasan esos límites, como es inevitable que suceda en algún momento, no cedas.

“Puedes seguir siendo sensible, amable y cariñoso con tus hijos y, al mismo tiempo, enseñarles a ser flexibles y a no creer que son los dueños del mundo”, asegura Pressman. En resumen, se trata de enseñarles a vivir con sus emociones negativas.

Señal 5: A menudo te planteas ser más estricto

Esta señal tiene más que ver con los padres que con los hijos. Si sueles pensar que rompes tus normas más de lo que deberías o que tendrías que dejarles más claras estas normas a tus hijos, quizás sea hora de un cambio.

No se trata de volver a la educación estricta de la vieja escuela, que los estudios demuestran que no funciona. (Cuando los padres basan la educación de sus hijos en el autoritarismo y el miedo, los hijos pierden la oportunidad de desarrollar confianza en sí mismos y amabilidad hacia los demás).

La clave está en alcanzar ese equilibrio entre ser amables y ser firmes al mismo tiempo. A veces hay que dejarse llevar por el instinto: si sientes que le estás consintiendo demasiadas cosas a tus hijos, les estás haciendo un flaco favor. Confía en su capacidad de aprender.

“Podéis ser estrictos”, concluye Pressman, “pero sin dejar de lado la compasión”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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