Cómo saber si eres el compañero tóxico de tu trabajo

Y cómo plantar cara al tóxico de tu empresa, si es que no eres tú.
Una mujer gesticula durante una reunión de trabajo por videoconferencia.
Una mujer gesticula durante una reunión de trabajo por videoconferencia.

Conflictos, tensiones o estrés forman parte del día a día laboral. El trabajo es una coctelera en la que se mezclan esos ingredientes con escalafones, relaciones de más o menos amistad y confianza entre compañeros y, en ocasiones, comportamientos tóxicos.

Reconocerlos en los demás puede ser más o menos sencillo pero ¿y en uno mismo? Identificarlos es el primer paso para atajarlos. Como señala Teresa Zafra, coach profesional y fundadora de Oblu Coaching, aunque algunas personas acuden a sus servicios preocupadas porque han detectado que algo no va bien en su vida profesional, “muchas otras no son conscientes” de su propia toxicidad y solo abren los ojos cuando se ponen en manos de un especialista.

“Creemos que lo hacemos todo bien pero igual los demás no perciben lo mismo. Con el coaching, la persona toma conciencia”, defiende.

Según explica, estos son los hábitos tóxicos más comunes en el entorno laboral, para activar el radar y detectarlos tanto en uno mismo como en compañeros o superiores.

1. Querer tener la razón siempre

Y enfocarse en encontrar la solución correcta... o más bien la que ellos consideran correcta, y discuten cuando los demás no están de acuerdo. “Su necesidad de acertar hace difícil la colaboración, crea obstáculos en el avance y hace que el trabajo sea un suplicio”, señalan.

2. Ser ladrones de energía

Son personas que se sienten infelices y sienten que no tienen poder para cambiar la situación. “Son prepotentes, controladores, nos hacen sentirnos mal, lo que hacen es intimidar. Hacen que sientas que no puedes ser tú mismo, te dejan en ridículo”, describe Zafra.

3. Hacer microgestión constante

“En ocasiones ocurre que los responsables de un equipo llegan desde otro puesto, pasan a gestionar equipos que nunca han controlado. Cuando tienen que gestionar a los demás, se vuelven muy controladores. En vez de gestionar al equipo, les gestionan las tareas e imponen mucha burocracia”, detalla.

“No muestran confianza en el buen hacer de su equipo. La gestión está bien, pero también hay que delegar”, agrega.

4. Criticar duramente

Son personas que suelen calificarse como que son muy directas, pero los demás sienten que intimidan y acosan. Su efecto es como el de una manzana podrida, “muy tóxico porque extiende ese mal rollo”, puntualiza Zafra. “Crea un ambiente desagradable que puede llegar a hacer que alguien quiera salir de la empresa”.

5. Ser chismoso

Ocurre en personas que buscan información a toda costa; son los llamados “chismes de pasillo”, que ahora son muy comunes en grupos de WhatsApp de trabajo, explican desde Oblu Coaching. “Los chismes constantes sobre los managers, compañeros o sobre nuestra empresa suelen desembocar en la creación de una cultura negativa”.

Estos hábitos tóxicos se encuentran en todos los niveles jerárquicos y, según la experiencia de Zafra, en muchas ocasiones comparten un porqué: la inseguridad.

“Cuando tú ves a una persona que habla o se comporta de forma dañina, suele ser por ello”, comenta. “Nos sentimos inseguros y criticamos a los demás. Yo critico para yo ponerme bien. Si confías en tu trabajo, no tienes necesidad de criticar a nadie”.

La coach añade una reflexión: “Muchas veces tenemos inseguridades, pero otras nos dejamos que los demás nos las creen. En los momentos de presión nos debilitamos y gestionamos peor esas emociones”.

Cómo plantar cara al tóxico del trabajo

En caso de ser nosotros los afectados por el comportamiento de alguien tóxico, la experta aconseja aprender a comunicarse de manera asertiva “Muchas veces nos callamos porque nos bloqueamos en el momento y otras veces por miedo a que si decimos algo tengamos represalias”.

El peligro de aguantar es que “luego se estalla de manera agresiva, como el champán”, avisa. Por eso, lo que intenta ofrecer son “herramientas para gestionar las emociones y comunicarse desde la tranquilidad y por ejemplo contestar ’Me estás hablando mal, me gustaría que la próxima vez no me hables así”.

Afrontar de manera educada a esa persona, con seguridad y expresando lo que sentimos es clave para ella, al igual que puntualizar y no generalizar. Es decir, en vez de acusar con un ‘es que siempre me hablas así‘, recalcar ‘en este momento esto que estás diciendo me hace sentir así’.

Para Zafra es importante manifestar las emociones que la otra persona te está produciendo, para así “conectar” con ella. Y si está fuera de sí, “hay que dejarle que se desahogue, quizá no es el momento de hablarlo”. Como subraya, “la persona estresada va a oír, pero no va a escuchar”.

10 mejores oficinas para trabajar