Donald Trump incumple su juramento y vivirá en el club privado Mar-a-Lago

Donald Trump incumple su juramento y vivirá en el club privado Mar-a-Lago

El expresidente es propietario de otras tres viviendas de lujo en la urbanización, pero prefiere alojarse donde no debe

Donald Trump saluda a sus seguidores a su llegada a Palm Beach.
Donald Trump saluda a sus seguidores a su llegada a Palm Beach.MPI10/MEDIAPUNCH/MEDIAPUNCH/IPX

Mientras los senadores republicanos de la capital de Estados Unidos luchan por evitar que el expresidente Donald Trump asuma las consecuencias de su golpe de Estado fallido, su nueva urbanización está siendo objeto de controversia. Si todo marcha según lo previsto, el expresidente recibirá luz verde para incumplir el juramento que él mismo hizo hace tres décadas de no utilizar su club privado como residencia.

En 1993, Donald Trump juró ante el ayuntamiento de Palm Beach que obedecería las normas que atañen a todos los miembros del club privado Mar-a-Lago, es decir, que no podría vivir ahí más de 7 días seguidos o más de 21 a lo largo del año.

Sin embargo, el fiscal de Palm Beach, John Randolph, considera que Trump debe regirse por otro criterio como “empleado bona fide” del club y que, por tanto, sí que puede incumplir el juramento que hizo hace 28 años.

“Si es un empleado bona fide, en ausencia de una restricción específica que le impida residir en el club, parece que el código sí se lo permite”, escribió Randolph el 29 de enero en un informe al ayuntamiento.

Este informe se emitió un día después de que John Marion, un abogado de West Palm Beach que representa a Trump, le escribiera para argumentar que el juramento que hicieron en 1993 los miembros del club no se le puede aplicar a Trump. “El presidente [sic] Trump no utiliza la suite de invitados cuando se aloja en Mar-a-Lago, sino la suite del propietario. En ningún caso se pretendió que la conversión de Mar-a-Lago en un club privado pudiera alterar el derecho del propietario a usar la propia suite del propietario”, escribió Marion. “Y lo más importante: aunque el ayuntamiento podría haber dispuesto específicamente en el juramento que el dueño no puede residir en su propiedad, no lo hizo”.

Marion también señaló que las leyes locales permiten a los empleados de las empresas vivir legalmente en sus instalaciones, un argumento que Randolph reutilizó en su informe al día siguiente.

Ambos documentos salieron a la luz en The Washington Post.

Al ayuntamiento no le interesa entrar en polémicas con Trump, por mucho que haya incumplido su juramento

Randolph recomendó en su informe que el ayuntamiento oyera “las presentaciones de todos los afectados, incluidos los vecinos, los representantes de Trump, el club privado Mar-a-Lago y otras partes interesadas” antes de tomar una decisión.

Cuándo va a suceder eso, si es que llega a suceder, no está claro. El ayuntamiento solo tiene fijado en su orden del día la “presentación” de Randolph, pero no como objeto de votación. Mientras tanto, Trump lleva desde el día 20 de enero viviendo en Mar-a-Lago.

El informe legal de Randolph surgió en primer lugar por las quejas de algunos vecinos y del abogado Reginald Stambaugh, que citó el juramento de Trump en 1993. Stambaugh no ha querido hacer declaraciones para la edición estadounidense del HuffPost, pero el 15 de diciembre escribió una carta al ayuntamiento en la que recordaba a las autoridades que si Trump quería vivir en Palm Beach, podía elegir entre una gran variedad de viviendas a la venta.

Pero Trump ni siquiera tendría por qué comprar una vivienda en Palm Beach, porque ya tiene tres por la misma zona: una casa de 930 metros cuadrados en primera línea de playa que le compró a su hermana por 18,5 millones de dólares en 2018, otra casa de 560 metros cuadrados al otro lado de la calle, valorada en 10,4 millones de dólares, y otra casa más humilde, de solo 280 metros cuadrados y 3,3 millones de dólares.

Laurence Leamer, un residente de Palm Beach que escribió un libro sobre Mar-a-Lago y la presidencia de Trump, explica que el expresidente no sería feliz en esas viviendas porque tendría que caminar o montarse en un carrito de golf para llegar al club, donde cuenta con muchos admiradores que han pagado cientos de miles de dólares para ser miembros del club y que lo elogian cada vez que lo ven.

“Trump necesita que la gente esté siempre diciéndole lo genial que es”, sostiene Leamer, quien añade que duda mucho que al ayuntamiento le interese entrar en polémicas con Trump, por mucho que haya incumplido su juramento. “No van a pelearse con él”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.