¿Puede la guerra en Ucrania salvar el cargo de Boris Johnson?

¿Puede la guerra en Ucrania salvar el cargo de Boris Johnson?

Johnson debe empezar a prepararse ya para cuando los titulares vuelvan a centrarse en los asuntos nacionales

HUFFPOST UK
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Hace apenas unas semanas, los propios miembros del partido del primer ministro británico, Boris Johnson, pedían públicamente su cabeza por el escándalo del Partygate.

Incluso los que se mantuvieron en silencio observaban con rabia el declive del Partido Conservador en las encuestas.

El escándalo consiguió unir a las distintas corrientes del partido y se habló mucho de quién podía ser su sucesor.

Rishi Sunak y Liz Truss eran los claros favoritos, aunque también se barajaban los nombres de Nadhim Zahawi, Ben Wallace y Penny Mordant.

“No es cuestión de si Boris se va a marchar, sino de cuándo y cómo”, le comentó un diputado conservador a la edición británica del HuffPost el mes pasado. 

“Se habrá marchado antes de que acabe el año”, insistía otro diputado.

Por si fuera poco, el ex ministro conservador David Davis provocó una ola de murmullos en los Comunes cuando le dijo al primer ministro: “En el nombre de Dios, váyase”.

Dos grandes momentos de tensión unieron a los parlamentarios contra el primer ministro: cuando tuvo que disculparse ante la reina Isabel II por las fiestas de Downing Street la noche anterior al funeral del príncipe Felipe y cuando se reveló que era el primer primer ministro británico en ser interrogado bajo custodia policial.

Sin embargo, los ánimos en Westminster han sufrido un cambio radical tras la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin.

En palabras de un diputado conservador: “La democracia en Occidente corre peligro, así qué ¿por qué íbamos a desestabilizar más las cosas aquí deshaciéndonos de nuestro primer ministro?”.

“No tiene ningún sentido y es lo último que necesitamos ahora”.

Además, varios diputados conservadores no creen que la Policía vaya a acabar multando al primer ministro por el escándalo del Partygate.

Un diputado que apoya al primer ministro opinó que aunque Johnson recibiera una sanción por asistir a las fiestas de Downing Street, “simplemente saldría adelante como Trump”.

Si bien algunos diputados de su partido explican que si se confirma que el primer ministro mintió al Parlamento sobre el escándalo, esa sería su línea roja, otro diputado comenta: “A la población general le da igual esa clase de tecnicismos”.

Sus partidarios insisten en que recibieron muchos más correos electrónicos furiosos por el escándalo de Dominic Cummings en el Castillo Barnard que por el Partygate de Johnson.

Los diputados conservadores afirman que las campañas para deshacerse de Johnson han remitido desde la invasión de Ucrania.

Incluso el líder laborista, Sir Keir Starmer, le ha concedido una prórroga, diciendo que ahora es el momento de la “unidad” y no de un cambio de liderazgo en Downing Street.

Ciertamente, Johnson parece estar en su salsa mientras vuela por Europa, reuniéndose con líderes de Occidente y empleando una retórica propia de Churchill contra Putin.

El primer ministro incluso se presentó por sorpresa en una iglesia católica ucraniana de Londres, donde utilizó la parábola del buen samaritano para subrayar que el Reino Unido no pasaría de largo.

Su discurso terminó con una ovación en pie y con los parroquianos coreando “gracias, gracias, gracias”.

Boris Johnson en su visita sorpresa a una iglesia ucraniana del Reino Unido.
  Boris Johnson en su visita sorpresa a una iglesia ucraniana del Reino Unido.WPA POOL VIA GETTY IMAGES

Fue un discurso muy distinto al que pronunció el primer ministro hace unas semanas, cuando agachó la cabeza, literalmente, en una entrevista cuando le preguntaron por su humillante disculpa a la reina.

Ahora Johnson está tratando de mostrarse como un líder competente en su lucha contra Putin y presionando a la comunidad internacional para que vaya más allá en sus sanciones contra Rusia.

Pese a todo, los críticos sostienen que está siendo demasiado blando a la hora de sancionar a los oligarcas rusos, un asunto que los laboristas creen que le perjudicará a largo plazo.

El primer ministro ha pronunciado discursos desafiantes en televisión y en las redes sociales (e incluso ha hablado en ucraniano y ruso), y ha mantenido el contacto telefónico con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, casi a diario.

En las últimas semanas, sus compañeros de bancada han estado mucho más dispuestos a apoyarle en el Parlamento, un marcado contraste con respecto a las semanas del Partygate.

“Se le ve mucho más cómodo hablando de la guerra que siendo reprendido”, observa un diputado.

Los partidarios del primer ministro comentan a los periódicos que Johnson ha recuperado su “mojo” y que este es su “momento Malvinas”.

Incluso los que critican a Johnson no están dispuestos a cambiar de primer ministro con la amenaza de la guerra sobre Europa, si bien Margaret Thatcher fue sustituida como primera ministra por John Major durante la primera Guerra del Golfo.

“Si los amigos de Boris creen que Ucrania le salvará, obviamente no conocen su historia”, advierten algunos críticos.

Otros observadores expertos creen que los problemas domésticos que se van a producir más adelante tienen la capacidad de acabar definitivamente con el primer ministro.

Las subidas de impuestos afectarán a los bolsillos de los ciudadanos en abril y agravarán la crisis del coste de la vida.

Un exministro del gabinete sugiere que aún hay tiempo para que Johnson se recupere, y que el discurso de la reina es una oportunidad para reajustar su agenda y hacer grandes promesas antes de las elecciones de 2024.

Según prevén, la atención de la prensa a la guerra en Ucrania acabará calmándose a medida que la situación mejore, por lo que Johnson debe empezar a prepararse ya para cuando los titulares vuelvan a centrarse en los asuntos nacionales.

El primer ministro británico, Boris Johnson.
  El primer ministro británico, Boris Johnson.LEON NEAL VIA GETTY IMAGES

Y aunque el Partygate y otros problemas internos ya se ciernen sobre el primer ministro, son los propios intereses de sus diputados los que podrían acabar con él.

Un alto cargo tory sugirió que los diputados harán un cálculo a final de año para evaluar si la “marca Boris” podría costarles su escaño.

Sin duda, se sigue cuestionando a Johnson. Es posible que los diputados tories no quieran echarlo en estos momentos, pero aún está por ver si los votantes están lo bastante impresionados por los esfuerzos del primer ministro en Ucrania como para volver a votarle.

La primera gran prueba de fuego será en las elecciones locales de mayo.

Un sondeo reciente de The Sunday Times revela que el apoyo al Partido Conservador ha caído a niveles de 2005 y que Johnson, junto con la mitad de su gabinete, perdería sus escaños si las elecciones fueran hoy.

El sondeo, publicado a finales de febrero, es algo de lo que los altos cargos tories han estado debatiendo.

Aunque es poco probable que lo admitan en público, muchos de ellos son escépticos sobre sus posibilidades de mantener el grueso de los escaños ganados en las elecciones de diciembre de 2019.

Las encuestas respaldan ese pesimismo, dado que prevén que cederían 55 de las 65 circunscripciones del muro rojo que contribuyeron a la aplastante victoria de Johnson.

La espantosa situación que se está desarrollando en Ucrania ha dado a Johnson un poco de tregua en los asuntos internos. Según ha comentado irónicamente un antiguo ministro británico, el futuro de Johnson dependerá de si sale de la última crisis como “Lady Diana o como Sarah Ferguson”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.