Hablaremos de Pilar

Muchas mujeres coraje, de la estirpe de Bardem, seguirán siendo necesarias para que este país no olvide nunca a quienes más lo necesitan.
Pilar Bardem en la gala de los premios de la 'Unión de Actores' (2020).
Pilar Bardem en la gala de los premios de la 'Unión de Actores' (2020).

Sus amigos cercanos me iban contando que Pilar se encontraba cada vez más débil, que el encierro de la pandemia estaba siendo especialmente duro para mujeres activas como ella, que ya no salía a dar paseos, como han hecho todos los artistas que, venidos de fuera, han aprendido a amar Madrid reflejado en los estanques del Retiro.

Esas noticias me traían Fernando Marín, Jorge Bosso, Amparo Climent, Juan Diego Botto... Algunos de esos actores con los que, junto a Pilar, he compartido duros momentos de nuestra historia reciente, desde las grandes huelgas generales a la impresionante manifestación en solidaridad con los golpeados por la negra sombra del Prestige. Desde las manifestaciones contra los atentados de la T-4 al NO a la Guerra, la incansable lucha contra la violencia machista, o la solidaridad con el pueblo saharaui.

Me impresionaba, me imponían y admiraban su tono de voz, su energía, su voluntad de ser: ser mujer, ser actriz, ser compañera y amiga, de cuantos y cuantas la reclamábamos para dar a conocer problemas y reclamar soluciones. Gentes cercanas, gentes venidas de lejos.

Pilar Bardem siempre fue mucho más que la hermana de Juan Antonio, uno de los grandes del cine durante el franquismo, que junto a Berlanga, Saura, Martínez Lázaro, José Luis Cuerda o Martín Patiño nos enseñaron a posar la mirada sobre ese mundo triste, gris, esperpéntico y aparentemente inmutable del franquismo en el que nacimos. La mirada como primer paso para adquirir conciencia de nuestro ser, de nuestra nada y nuestra voluntad de cambiar el mundo.

Mucho más que la madre de actores como Carlos y Javier que no pueden negar la cruz de su parroquia, la casta de la que provienen. Pocas veces Pilar fue la protagonista principal de una película y, sin embargo, esos papeles que interpretaba quedaban marcados para siempre por su saber estar, su oficio ante la cámara.

Que se hable de nosotras aunque sea mal, que se hable de nosotras cuando hayamos muerto. La trayectoria de Pilar parece marcada por la voluntad de ser, de vivir, de existir, de dejar constancia de la vida de tantas mujeres a las que se les ha privado de rostro, de nombre, de recuerdo en nuestra historia.

Pilar, como Julia Conesa, una de las Trece Rosas, en sus últimos momentos, antes de ser ejecutada,

-Que mi nombre no se borre de la historia.

Pilar, comprometida con todas las causas justas, sin importarle que su nombre fuera borrado de las calles por el alcalde de Sevilla. Una mujer mucho más allá de los premios Goya, de los de sus compañeras y compañeros de la Unión de Actores, de la ACE en Nueva York, en Valladolid o Touluse. Mucho más que la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes.

Mucho más, porque Pilar siempre supo elegir los momentos, los lugares y las causas a las que acudir. Con ella coincidí en lugares como la exigencia de soluciones al desastre del Prestige que llenó de petróleo las costas gallegas. Quizá su batalla más impresionante fue la de encabezar el NO a la Guerra, cuando aquel presidente acomplejado que hablaba español con acento americano decidió que su nombre fuera siempre recordado por una de las mayores mentiras que nos embarcó en una gran guerra-negocio de la mayor potencia del mundo.

Pilar contra el terrorismo en la T-4 de Barajas, contra los atentados del 11-M, alzada contra la violencia de género y defendiendo los derechos de las personas cada vez que eran pisoteados en el Sahara, en su propio país, en cualquier lugar del mundo.

Pilar defendiendo a sus actores y actrices, desde la Unión de Actores y desde la Fundación AISGE, levantando proyectos de formación y protección social para las personas que han decidido dedicar su vida a las artes escénicas.

También nosotros, los trabajadores y trabajadoras madrileños, desde las Comisiones Obreras de Madrid y desde la Fundación Abogados de Atocha, decidimos reconocer hace 10 años a Pilar Bardem, junto a Manuela Carmena y a Begoña San José, cuando se cumplía el centenario de la conmemoración del 8 de Marzo.

Sus compañeros y compañeras, junto a todas aquellas mujeres y hombres que un día contamos con su ayuda y su presencia en nuestras luchas silenciadas recordaremos su nombre, ahora que dicen que ha muerto, porque sabemos que su figura, su voz, su fuerza y su orgullo consiguieron que cuando lo necesitábamos se hablase de nosotros.

Muchas mujeres coraje, de la estirpe de Pilar Bardem, seguirán siendo necesarias para que este país no olvide nunca a quienes más lo necesitan.