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Irene Montero, la lideresa "brillante y temperamental"

De un colegio de Moratalaz a rechazar una beca en Harvard: la trayectoria de la futura ministra de Igualdad de Unidas Podemos.

La que denuncia públicamente a los propietarios que van a desahuciar a sus inquilinos. La que va a ser ministra de Igualdad con el gobierno de Pedro Sánchez. La portavoz de Podemos en el Congreso. La joven que luchaba contra los desahucios con la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). La madre de Manuel, Leo y Aitana. La calculadora que tiene un plan para llegar al poder en la formación morada.

Irene Montero se crió entre Moratalaz y los barrios obreros de La Elipa y Ciudad Lineal en Madrid, aunque los veranos los pasó jugando en Tormellas, una pequeña localidad de solo 41 habitantes en la provincia de Ávila. De ahí son sus padres y ahí sigue manteniendo amigos “a pesar de que no tienen ideas políticas similares”, como ella misma cuenta.

Empezó a mostrar su carácter reivindicativo siendo muy joven. Aunque también ha marcado su trayectoria el ser hija única. Ella misma ha admitido que es “mandona” y tiene “baja tolerancia a la frustración”. “Tengo esos rasgos de hijo único”, confesó a la revista Fashion&Arts en 2017.

Estudió en el colegio concertado Siglo XXI de Moratalaz (Madrid), un centro con un modelo cooperativista compuesto por padres y que se define como “laico”, “inclusivo”, “humanista” y “cercano al medio ambiente”.

Curiosamente este modelo pedagógico —impulsado por el maestro y pedagogo francés Célestin Freinet— sigue una estructura asamblearia muy similar a la de Podemos. Un sistema, según indican en su web, “cooperativo, responsable, solidario y participativo”. De hecho, según contó la propia Montero a El Confidencial, “ha tenido una influencia muy importante” en su “modo de ver la vida”.

“Tengo una deuda con el colegio que me enseñó a tomar decisiones escuchando a los demás y de un modo consensuado y colectivo”, detalló entonces. Su gabinete defiende que sigue siendo así. “Hace mucho equipo, no toma decisiones sola sin contar con los demás”, aseguran desde su gabinete.

A pesar de esta influencia, no formó parte del documental sobre El Siglo —como se conoce popularmente al centro— en 2013. Pero sí lo visitó en 2016 para participar en un programa de radio que realizan los alumnos. Habló de su carrera y de sus recuerdos en las aulas. Dijo que las clases de Ética del centro le ayudaron a entender la política con el diálogo como base y a controlar las actitudes más beligerantes. Algo que llama la atención de los exempleados del partido que salieron de Podemos voluntariamente, desencantados con la formación. Ellos no lo ven así. “Es dura hasta el punto de hacer sufrir a sus trabajadores”, cuentan.

Fue precoz en la política y se afilió a las Juventudes Comunistas con solo 15 años. Tras su etapa escolar, estudió Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid. Es una de los pocas miembras de Unidas Podemos que no entra en el ‘club de la Complutense’. En su época universitaria estuvo cinco meses viviendo en Chile, donde aún conserva amigos y aprendió a cocinar recetas locales, e incluso participó en las luchas estudiantiles.

Montero entró al partido tras las elecciones europeas de 2014 gracias a su estrecha relación con el también militante de la PAH, Rafael Mayoral. A Pablo Iglesias le conoció unos meses antes, al ser invitada como portavoz de la PAH a su programa La Tuerka. El político la fichó para “coordinar el trabajo con la sociedad civil”, aunque poco después pasaría a ser jefa de gabinete del secretario general.

Antes de entrar en la formación morada, Irene Montero combinaba la lucha en el 15-M y la movilización en contra del Plan Bolonia con un máster en Psicología en Educación y un doctorado con una investigación centrada en un modelo de educación inclusiva entre niños con y sin discapacidad auditiva. Lo abandonó en noviembre de 2014 al convertirse en ‘la mano derecha’ de Iglesias. Incluso rechazó una beca de investigación en Harvard, que había recibido por sus buenas notas por encima del sobresaliente y con matrículas de honor. “Es muy lista, muy válida y muy inteligente, no se le pasa una”, señalan desde su círculo cercano.

Desde 2014 no realiza labores de investigación en la UAM, pero sí sigue apareciendo su ficha en la web de la Universidad. Su intención es retomar el doctorado en un futuro y también le gustaría hacerlo en una universidad que sepa tanto de “inclusión” como Harvard.

Web de la Facultad de Psicología de la UAM.
Web de la Facultad de Psicología de la UAM.

Todo bajo su control

“Tenía planeado su ascenso desde hace tiempo. Es una líder déspota con una hoja de ruta perfectamente trazada”, indica una exempleada del partido, que defiende que Montero no ha llegado hasta ahí por ser la pareja de Iglesias. A esta excompañera está convencida de que el líder de Unidas Podemos dará un paso atrás dejándola al frente del partido. Para ella, esa ambición no es mala, pero lamenta “cómo lo ha conseguido”. “No ha tenido escrúpulos y ha pisado cabezas que no debería haber pisado”, detalla la exempleada, que destaca en ella su inteligencia y su empeño en el trabajo.

Algunos extrabajadores dicen que ha llevado al límite ese control dado su fuerte temperamento y recuerdan que cuando “todavía no era nadie y solo coordinaba la oficina del partido en Princesa ya andaba pegando gritos”.

En esa época Iglesias era totalmente accesible. Todo cambió cuando Irene adquirió poder y “blindó” totalmente al líder, según cuentan los que trabajaron mano a mano con ella. “Todo tenía que pasar por ella, hasta las fotocopias que se hacían y si no se cumplía se reprimían fuertemente”, detallan. Para ellos, su perfeccionismo no conoce límites.

En su gabinete admiten que tiene carácter, pero lo muestra en los debates del hemiciclo. Aseguran que tiene mucho sentido del humor y resulta mucho más agradable tras la coraza dura de los debates. “Es tímida al principio, pero cuando se suelta es totalmente distinta”, señalan fuentes de Unidas Podemos.

Los más cercanos a ella sienten que no ha cambiado desde que ha tomado roles importantes en la política institucional y los del partido indican que la lucha en la calle le ha servido para llevarla a los debates. Sin embargo, sabe perfectamente distinguir entre política institucional, que ve como “algo temporal”, y la “militancia de calle”, que es “permanente”.

Irene Montero e Íñigo Errejón en 2016.
Irene Montero e Íñigo Errejón en 2016.

Esos mismos compañeros lamentan que se haya puesto en duda su valía por ser una chica joven, “pero como ella misma dice eso no solo le pasa a ella, sino a cualquier mujer dentro de este mundo”.

Eso la ha acompañado en su carrera política desde el comentario machista del portavoz del PP, Rafael Hernando, que incluso la hizo llorar de rabia en la bancada parlamentaria, a la difusión de una foto suya con las axilas sin depilar en redes sociales como mofa. De ahí también que la causa feminista sea una de sus luchas principales y ha sido ella la que ha tratado de “feminizar” el partido.

Su lucha feminista se ha visto recompensada con el nombramiento de Montero como futura ministra de Igualdad del gobierno de Pedro Sánchez. La de Unidas Podemos será la segunda ministra en esta cartera, tras Bibiana Aído, que la ocupaba cuando Zapatero era presidente del Gobierno.

Montero dio un golpe de efecto con su discurso en la moción de censura a Mariano Rajoy en el que cargó duramente contra la corrupción del Partido Popular con un potente leit motiv “la democracia se abre paso”. “Ese fue su punto de inflexión”, señalan sus compañeros, quienes enfatizan que le queda “mucha lucha”.

Es una de las mujeres fuertes de la formación —incluso la llamaron la Soraya de Podemos por su posible vicepresidencia— y de la política: en 2017 entró en el ranking de Forbes de políticos menores de 30 años más influyentes.

Madre, ante todo

Hasta en plena campaña, Montero no olvida que es madre y solo pasa “la mitad del día fuera de casa”. La razón se debe a sus principios. Fiel defensora de los derechos de las mujeres, “si ha tenido hijos es para cuidarlos, disfrutarlos y pasar tiempo con ellos”.

Pero no solo ella. Pablo Iglesias se encuentra en la misma situación de permiso y cuadran las agendas para pasar el mayor tiempo posible con los mellizos, Leo y Manuel, de 16 meses y con Aitana, de tres. Cuando se va de la sede siempre tiene un recado para su equipo si llevan demasiado trabajando. “Idos a casa ya a descansar”, les anima. Admite que “tira de las abuelas” para poder cuidar a los hijos y que desde que nacieron los mellizos ha renunciado a muchas cosas que hacía antes “desde planes a momentos de autocuidado”.

Basta con ver su cuenta de Instagram para comprobar que la pequeña Aitana está haciendo los mismos kilómetros de campaña que su madre. De hecho, la presencia del bebé en el photocall del debate de portavoces del pasado viernes en TVE fue de lo más comentado de la noche.

Irene Montero con su hija en el debate de RTVE

Cuando descansa de la política —si es que puede al compartir vida con el líder del partido— y del trajín de los pequeños, se engancha en su polémica casa en Galapagar a la serie Peaky Blinders. No es tan de Juego de Tronos como su pareja, y le encanta rememorar la serie Compañeros, que tanto le marcó en la adolescencia.