Magufismo, psicología y binarismo sexual

Es importante no permanecer ajenas ante los repetidos intentos de establecer vidas y cuerpos más válidos que otros.
Manifestación feminista en México.
Manifestación feminista en México.
NurPhoto via Getty Images

El feminismo necesariamente complejiza la realidad. Va deshaciendo siglos y siglos de dogmas y de identidades esenciales que pesaban (y pesan) como una losa sobre los cuerpos y las vidas de todas aquellas personas que disienten de los mandatos de género. Los debates feministas no solo son habituales sino que son necesarios, oxigenan la lucha feminista, ensanchan los marcos de conocimiento. Sin embargo, aquellas aseveraciones que señalan los cuerpos y vidas de las personas trans como problemáticas o incluso como enemigas del feminismo no forman parte de la construcción del conocimiento feminista, sino que refuerzan el paradigma epistemológico del androcentrismo y sus lógicas de poder.

Señala Melissa Fernández Chagoya (2021) que en los discursos feministas transexcluyentes pareciera que la categoría mujer, o como las feministas materialistas denominan, la clase social mujeres más adelante definida, es una identidad política y una condición histórica a la que hay que aferrarnos, defendiéndola a capa y espada porque es nuestra, porque es el único marco de existencia y por alguna extrañísima razón se desea mantener. Y es que precisamente cuestionar los “únicos marcos posibles” para ser y desarrollarse debería ser una obligación, en concreto, para las ciencias humanas.

La piscología es una de esas ciencias. El pasado 11 de marzo INFOCOP, la revista del Consejo General de la Psicología de España publicaba una entrevista a José Manuel Errasti y Marino Pérez a propósito del libro Nadie nace en un cuerpo equivocado, prologado por Amelia Valcárcel. Dicha entrevista llevaba por título La ideología no puede ir por delante de la psicología.

Algunas semanas antes de dicha entrevista, la misma revista publicaba una reseña sobre el libro en donde afirmaban que el “generismo queer es un fantasma que recorre los países más desarrollados” o que el movimiento transactivista “está destruyendo los logros alcanzados”. Resulta paradójico que estas aseveraciones no resulten para el Consejo General de la Psicología “afirmaciones ideológicas” sino que las presenten como la verdad, la razón y la sapiencia.

“Defender que el sexo es binario es una afirmación magufa cargada de ideología y alejada de la evidencia”

Resulta también sorprendente que no se haga ninguna crítica feminista de la ciencia y que se presente la misma como una suerte de verdad teológica. El bagaje científico, aunque afortunadamente plagado de luces, también ha tenido algunas sombras: desde el racismo científico —donde se justificaba “científicamente” la inferioridad de las personas negras— al peso de los cerebros de las mujeres para terminar afirmando que están menos capacitadas para el pensamiento abstracto y el raciocinio. Y ahora parece que el paradigma androcéntrico se está repitiendo —en algunos sectores de las ciencias humanas— con las personas trans. Mismo paradigma, diferentes sujetos.

Defender que el sexo es binario es una afirmación magufa cargada de ideología y alejada de la evidencia. La bióloga Anne Fausto-Sterling ya explica suficientemente esta evidencia en su libro Cuerpos sexuados (2006) y en otras publicaciones. Y la actual neurociencia va en la misma dirección: los genitales no son necesariamente relevantes en la conformación de la categoría sexo. A estas alturas, produce tristeza tener que seguir defendiendo que una persona no es su genitalidad, que una mujer no es una vagina ni un útero.

En estos días ha surgido una iniciativa en respuesta al Consejo General de la Psicología en forma de carta abierta por parte de numerosos psicólogos y psicólogas. En dicha carta se reivindica que “la psicología es diversa, con distintas posiciones teóricas y epistemológicas, pero esta diversidad no puede amparar posiciones contrarias al respeto a la diversidad sexual y de género” o que “la psicología tiene el deber y el compromiso de revisarse como disciplina, así lo marcan directrices internacionales, como las de la American Psychological Association, o la Declaración de cuestiones LGBTIQ+ de la IPsyNet a la que el propio Consejo se adscribe”. En definitiva, las personas que hemos firmado esta carta entendemos que señalar a las personas trans como el enemigo —barnizando estas afirmaciones bajo la pátina de “lo científico” y “lo verdadero”— aleja a la psicología de su función de comprender al ser humano y su diversidad y nos sumerge en un oscurantismo más propio de aquellos tiempos en los que la ciencia se utilizaba como una herramienta más para ejercer la opresión sobre los cuerpos y las vidas de las personas.

Es importante no permanecer ajenas ante los repetidos intentos de establecer vidas y cuerpos más válidos que otros. Utilizar la ciencia como excusa para la opresión no es una novedad; debemos seguir atentas ante las narrativas victimistas que —históricamente— repiten como un mantra los que quieren boicotear el avance del conocimiento.